Nepal, una semana después: más de 1.200 muertos y miles de desaparecidos tras la riada devastadora

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Las claves sobre la catástrofe de Nepal siete días después de la devastadora riada

Siete días después de la riada que asoló Nepal, el país comienza a esclarecer los detalles de uno de los peores desastres naturales de su historia reciente. El balance provisional supera ya los 1.200 fallecidos, más de 5.000 personas siguen desaparecidas y los equipos de rescate trabajan sin descanso en una situación que mantiene en vilo a miles de familias.

Un desastre de magnitud inesperada

La mañana del 26 de agosto, un gigantesco desprendimiento de hielo y roca en la cuenca alta del río Bhote Koshi, cerca de la frontera con China, desencadenó una riada que arrasó viviendas, vehículos y puentes, afectando instalaciones hidroeléctricas y avanzando a gran velocidad río abajo hasta otras localidades.

Los sensores sísmicos registraron a las 08:37 una señal equiparable a un sismo de magnitud 4,4, aunque las características de la frecuencia indicaban que no se trataba de un terremoto. Solo trece minutos después, la crecida destruyó el medidor hidrológico de Syabrubesi, cuya última lectura era de tan solo 1,62 metros, muy por debajo de los umbrales de alerta.

El drama de la supervivencia y los desaparecidos

En los primeros días tras la tragedia, los testimonios de los supervivientes coincidían en la rapidez con que debieron huir: abandonar lo que hacían, alejarse del cauce y correr hacia zonas elevadas. En muchos casos, la alerta apenas dejó tres minutos para escapar. Un vecino relató cómo, tras recibir una llamada de advertencia, recorrió el mercado dando la voz de alarma, lo que permitió que muchos lograran salvarse.

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Otros habitantes recibieron avisos de la policía, de profesores o de sus propios vecinos, y la mayoría salió sin tiempo siquiera de recoger pertenencias. En los campamentos de personas damnificadas, algunos recuerdan haber escapado únicamente con la ropa puesta, mientras el agua avanzaba «como una tormenta».

La búsqueda de víctimas y la compleja identificación

El número de desaparecidos sigue siendo elevado y entre ellos se cuentan trabajadores de centrales hidroeléctricas, residentes de aldeas arrasadas y personas que podrían haber sido arrastradas kilómetros río abajo. Las autoridades continúan revisando y cruzando listas de nombres para afinar el balance.

Equipos internacionales especializados han colaborado en la búsqueda de víctimas, penetrando en túneles y viviendas sepultadas. En Devighat, varios días después de la riada aún se recuperaban restos atrapados en casas destruidas. Voluntarios se adentran en los escombros para extraer documentos, objetos de valor y cadáveres, aunque algunos cuerpos permanecen inalcanzables pese a haber sido localizados.

En las zonas donde el acceso por carretera quedó destruido, drones de carga han sido empleados para trasladar cuerpos en camillas aéreas hasta lugares accesibles. Otros cadáveres han aparecido a gran distancia del punto donde fueron sorprendidos por la crecida.

La gestión de la emergencia y la identificación de las víctimas

En una morgue de Katmandú, una pared está cubierta con fotografías de personas desaparecidas y la opuesta con imágenes de cuerpos aún sin identificar. Policías, médicos y especialistas trabajan intensamente para entregar los cuerpos a las familias lo antes posible. Al haber instalaciones con capacidad limitada —algunas solo para 70 cuerpos—, la magnitud de la tragedia ha obligado a realizar entierros siguiendo procedimientos legales para casos excepcionales.

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Mientras tanto, familiares recorren hospitales, comisarías y morgues portando fotografías en busca de sus seres queridos.

La alerta: minutos decisivos para escapar

  • A las 08:37 los instrumentos sísmicos detectaron el colapso, sin que el sistema lo identificara como un terremoto ni emitiera una alerta pública.
  • A las 08:50 la riada arrasó el medidor de Syabrubesi.
  • A las 09:00 las autoridades de Rasuwa informaron oficialmente de la inundación.
  • A las 09:15 se comenzaron a enviar mensajes de emergencia a las regiones de Rasuwa, Nuwakot, Dhading y Chitwan.

Transcurrieron 38 minutos entre la primera señal y el inicio de las alertas generalizadas. En Rasuwa, las comunicaciones ya estaban afectadas por la caída de torres de telecomunicaciones, por lo que autoridades y ciudadanos se vieron obligados a avisar puerta por puerta.

Una tragedia aún sin cierre

Actualmente, más de 5.000 personas siguen desaparecidas, mientras los equipos de rescate continúan con las labores de búsqueda y recuperación de cuerpos. Los hospitales y morgues trabajan intensamente en la identificación de víctimas y cientos de damnificados viven en refugios tras perder sus viviendas.

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Una semana después, Nepal ha logrado esclarecer buena parte de lo sucedido durante la devastadora riada, pero persiste la incertidumbre sobre el paradero de miles de desaparecidos, en una tragedia que sigue lejos de cerrarse.

Nota:

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