Centro ortopédico saharaui al borde del colapso tras salida de la Cruz Roja

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El desafío de la supervivencia: El centro ortopédico saharaui tras la retirada de la Cruz Roja

La retirada del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) hace cuatro años marcó un antes y un después en la vida del Centro de Ortopedia y Fisioterapia del Hospital Nacional de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Ubicado en Rabuni, en los campamentos de refugiados saharauis de Argelia, el centro enfrenta actualmente un grave desabastecimiento de materiales y recursos, poniendo a prueba la resiliencia de sus trabajadores y pacientes.

Un centro en pie pese a la escasez

El centro ortopédico, dirigido desde principios de año por Salik Abidi Bashir, mantiene sus puertas abiertas a pesar de la falta de insumos esenciales. En el pasado, entre 2008 y 2023, la financiación de la Cruz Roja permitió un funcionamiento óptimo, equipando el centro con materiales y maquinaria. Sin embargo, la salida de la organización, motivada por una reducción global de su presupuesto, dejó tras de sí solo algunos equipos y el flujo de materiales completamente interrumpido.

Según acordaron el CICR y la RASD en el memorándum bilateral, la transferencia de gestión al Ministerio de Sanidad se realizó sin garantías de financiación continuada. “No se puede transferir la gestión de este centro y dejarlo así, porque no tenemos presupuesto ni para comprar sillas de ruedas”, reconoce Alien Abdullah, director de Cooperación del Ministerio de Sanidad.

De la atención diaria a la lista de espera

Hasta 2023, el centro atendía a una media de 30 personas cada día. Hoy, esa cifra corresponde al total de pacientes mensuales. El desabastecimiento ha provocado la renuncia de técnicos especializados y, de los 13 trabajadores originales, solo permanecen ocho, dependientes del Ministerio de Sanidad. La carencia de materiales ha obligado a priorizar casos y a improvisar soluciones recicladas.

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Las necesidades, sin embargo, no han disminuido. Muchos saharauis desplazados en Argelia sufren amputaciones, principalmente a causa de las minas terrestres colocadas durante décadas de conflicto. Según la ONU, cerca de 10 millones de minas siguen enterradas a lo largo del muro marroquí en el Sáhara Occidental, afectando tanto a militares como a civiles.

La lista de espera crece cada día. Pacientes con amputaciones, enfermedades crónicas como la diabetes, malformaciones o lesiones derivadas del conflicto esperan material ortopédico que el centro no puede proveer. Casos como el de un niño que necesitaba un zapato especial pero no pudo recibirlo por falta de pegamento ilustran la gravedad de la situación.

Dependencia crónica de la ayuda humanitaria

Tras medio siglo de ocupación y desplazamiento, la población saharaui refugiada depende casi en exclusiva de la ayuda internacional. La posibilidad de obtener autonomía económica para cubrir necesidades sanitarias básicas es prácticamente nula. “Aquí somos refugiados, no tenemos independencia presupuestaria. Solo podemos hacer llamamientos a entidades externas”, señala Abdullah.

El Ministerio de Sanidad libera escasos fondos para comprar materiales como tornillos, pegamento o cremas. Sillas de ruedas y andadores, incluso para familiares del personal sanitario, deben solicitarse a ONG o a través de donaciones de España. Mientras tanto, los nombres de los pacientes se acumulan en listas de espera, y aquellos que no pueden esperar deben costearse el material por sus propios medios, algo inalcanzable para la mayoría, dada la alta tasa de desnutrición y pobreza que afecta a los campamentos.

La precariedad laboral en el sector sanitario

En este contexto, los trabajadores sanitarios del centro —como en casi todo el sistema público de la RASD— se ven obligados a compaginar varios empleos. Los pagos de salarios se realizan trimestralmente, lo que genera largos periodos sin ingresos. La mayoría de los profesionales de la salud ejercen actividades adicionales, desde la traducción hasta el transporte, para poder subsistir.

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El acceso a servicios médicos especializados es limitado y depende de la disponibilidad de camas y recursos en otros centros, tanto dentro de los campamentos saharauis como en hospitales de Tinduf o Argel. La reactivación del conflicto con Marruecos desde 2020 ha incrementado el número de pacientes con lesiones graves, multiplicando la demanda de atención ortopédica y fisioterapéutica.

Impacto de los recortes internacionales

La crisis de financiación de la ayuda humanitaria, agravada tras la pandemia de COVID-19 y el auge de movimientos políticos que priorizan intereses nacionales sobre la cooperación internacional, ha tenido consecuencias directas para el centro ortopédico de Rabuni. La reciente eliminación de la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) bajo la administración republicana ha desencadenado un efecto dominó que ha reducido los recursos de organismos como la Cruz Roja y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), afectando especialmente a poblaciones vulnerables.

Según expertos, la ayuda humanitaria global ha quedado supeditada a los intereses geopolíticos de los antiguos grandes donantes, lo que ha erosionado el sistema y ha generado recortes que ponen en peligro la supervivencia de proyectos esenciales como el centro saharaui.

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Un futuro incierto para la población saharaui

La ayuda internacional, aunque vital, solo garantiza una supervivencia mínima y no resuelve las causas estructurales del conflicto, como el incumplimiento del derecho internacional en el Sáhara Occidental. Mientras tanto, los refugiados saharauis, abandonados por quienes debían impulsar una solución política y por las organizaciones que les ofrecían asistencia, enfrentan cada día la incertidumbre y la escasez con ingenio y dignidad.

El cartel de la Cruz Roja que aún permanece en la puerta del centro ortopédico es testigo mudo de una época en la que la solidaridad internacional les acompañaba. Hoy, más que nunca, el futuro del centro y de sus pacientes depende de la voluntad de la comunidad internacional y de la capacidad de adaptación de quienes se niegan a rendirse ante la adversidad.

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