Marruecos refuerza la ocupación del Sahara Occidental con inversiones, turismo y cultura

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La autopista Trump, los vuelos de Ryanair y el rodaje de ‘La Odisea’: cómo se normaliza la ocupación marroquí del Sahara Occidental

Desde 1975, Marruecos ha consolidado progresivamente su control sobre el Sahara Occidental, territorio considerado por la ONU como pendiente de descolonización. En el último año, el país magrebí ha intensificado su estrategia de normalización de la ocupación mediante diversos mecanismos económicos, turísticos y culturales, contando con la colaboración, directa o indirecta, de agentes internacionales y empresas occidentales.

La normalización internacional de la ocupación

El estreno mundial de la película La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, el 17 de julio, reavivó la polémica sobre la legitimación de la presencia marroquí en el Sahara Occidental. Pese a que la doctrina de la ONU sigue considerando la región como territorio no autónomo, Marruecos y sus aliados occidentales han convertido las recomendaciones del organismo en meras sugerencias, alejándose de su cumplimiento efectivo.

Según el profesor Isaías Barreñada, especialista en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, «a Rabat le interesa más que la comunidad internacional considere irreversible la anexión del Sahara Occidental que lograr la aprobación explícita de la ONU». En este contexto, cualquier evento o actividad económica —desde proyectos turísticos hasta la celebración de competiciones deportivas— se convierte en una herramienta de legitimación.

Todo este proceso se desarrolla en paralelo a una fuerte represión de la población saharaui: líderes políticos encarcelados, desaparecidos o exiliados en los campamentos de refugiados de Argelia. Sin embargo, la atención mediática y política se centra en los avances económicos y culturales auspiciados por Marruecos, relegando a un segundo plano las violaciones a los derechos humanos y el conflicto de fondo.

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La autopista Trump: símbolo de aval internacional

Pocos días tras el estreno de La Odisea, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que el rey Mohamed VI le había comunicado la decisión de bautizar con su nombre la nueva autopista que Marruecos construye en el Sahara Occidental, conectando Tiznit con Dakhla. Este gesto, más allá de lo anecdótico, simboliza la complicidad de Occidente en la consolidación de la ocupación.

La alianza entre Marruecos y Estados Unidos se remonta al siglo XVIII, y se ha fortalecido con acuerdos como la designación de Marruecos como Aliado Principal Extra-OTAN y la firma de tratados comerciales. Sin embargo, fue durante la presidencia de Trump cuando Washington reconoció abiertamente la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, a cambio de la normalización de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham.

El nombramiento de la autopista como «Donald Jr. Trump» se interpreta como un gesto de agradecimiento simbólico en un contexto de inversiones internacionales, como las aprobadas por el Banco Europeo de Inversiones (BEI). No obstante, las restricciones legales establecidas por la Corte Internacional de Justicia y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea impiden que fondos europeos financien proyectos que profundicen la ocupación ilegal en el Sahara Occidental.

  • El Sahara Occidental aporta aproximadamente un 5% al PIB total de Marruecos.
  • La región absorbe el 50% de las transferencias estatales marroquíes.

Estos datos reflejan la enorme inversión marroquí en la zona, a pesar de las dificultades para obtener fondos internacionales. Aunque Trump no ha financiado directamente la autopista, su apoyo político actúa como un mecanismo de legitimación frente a la comunidad internacional.

Turismo y vuelos internacionales: el caso de Ryanair

La ciudad de Dakhla, ubicada en el Sahara Occidental, es promovida activamente como destino turístico internacional. Portales como TripAdvisor ofrecen cerca de 200 alojamientos y numerosas actividades, desde excursiones en catamarán hasta cursos de surf y kitesurf, omitiendo en muchos casos la condición de territorio ocupado.

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Históricamente conocida como Villa Cisneros durante la etapa colonial española, Dakhla dispone de un aeropuerto construido durante el franquismo, hoy en uso. En noviembre de 2024, la aerolínea Ryanair anunció la apertura de rutas directas entre Dakhla, Madrid y Lanzarote, con el objetivo de impulsar el turismo y el crecimiento económico en la «región marroquí», según la propia compañía.

Para ello, Ryanair firmó un memorando de entendimiento con la Oficina Nacional Marroquí de Turismo, facilitando la promoción de Dakhla entre los aficionados europeos al surf. Escuelas de Francia y España ofrecen cursos en la zona, reforzando la imagen de normalidad y desarrollo.

  • En 2018, una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE estableció que los acuerdos entre Marruecos y la UE no se aplican automáticamente al Sahara Occidental.
  • Pese a ello, Ryanair no encontró obstáculos legales ni administrativos para operar en Dakhla, contando incluso con la cooperación de España, que gestiona parte del espacio aéreo de la región desde Canarias.

Sin embargo, la respuesta del mercado fue determinante: la ruta Lanzarote-Dakhla fue cancelada en noviembre de 2025 tras registrar una ocupación media inferior al 15%. Los vuelos directos con Madrid continúan operando, aunque también presentan cifras bajas comparadas con otras rutas de la aerolínea.

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El cine como herramienta de blanqueamiento

En julio de 2025, la productora de Christopher Nolan y Emma Thomas eligió la Gran Duna Blanca de Dakhla como escenario para varias escenas de La Odisea. Este enclave, arrebatado a la población saharaui desde los años setenta, no reportó beneficios económicos a los habitantes originarios, sino a la administración marroquí.

El Festival Internacional de Cine FiSahara solicitó a los responsables del filme que reconocieran públicamente el error de rodar en territorio ocupado sin el consentimiento de la población saharaui, e incluso pidieron retirar esas escenas del montaje final. Figuras del cine español como Javier Bardem, Aitana Sánchez-Gijón, Pedro Almodóvar y otros se sumaron a la petición. Ante la falta de respuesta, organizaciones saharauis han promovido el boicot a la película.

Según Barreñada, Hollywood ha recurrido tradicionalmente a países que ofrecen menores costes y mayor discreción para sus rodajes, tal como ocurrió en la España franquista. Marruecos, con sus paisajes y facilidades, se ha convertido en uno de los destinos favoritos de la industria fílmica internacional, en contraste con otras regiones, como Israel, donde la atención mediática es mucho mayor.

Esta estrategia de invisibilización distingue el caso saharaui del palestino, según el académico: «La ocupación de Palestina está hiper mediatizada, mientras que la del Sahara permanece en la sombra». Esta situación no se limita a producciones estadounidenses; el cine español también ha rodado en el Sahara Occidental, como ocurrió con la multipremiada película Sirat de Óliver Laxe, para la cual fue necesario coordinarse con las autoridades marroquíes.

Conclusión: una ocupación cada vez más normalizada

La normalización de la ocupación marroquí del Sahara Occidental se alimenta de una combinación de intereses económicos, apoyo diplomático y estrategias culturales que diluyen la atención sobre las demandas legítimas del pueblo saharaui. Desde infraestructuras bautizadas con nombres de líderes occidentales, hasta la promoción turística y el uso de escenarios naturales para grandes producciones cinematográficas, Marruecos consolida su dominio mientras la comunidad internacional mira hacia otro lado.

Nota:

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