España ya no está sola frente a Trump: Italia y Reino Unido también rechazan el objetivo del 5% en gasto militar
La presión ejercida por Estados Unidos para que los países europeos aumenten de forma significativa su inversión en defensa ha generado un notable debate dentro de la OTAN. Mientras que la administración de Donald Trump insiste en que los aliados alcancen al menos el 5% de su PIB dedicado al gasto militar, varios países miembros comienzan a manifestar abiertamente sus reticencias a cumplir con este ambicioso objetivo.
El origen de la exigencia y la postura española
Tras el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, una de sus primeras demandas a los socios europeos fue duplicar el gasto en defensa, situándolo en el 5% del producto interior bruto (PIB). En un contexto marcado por la guerra en Ucrania y la dependencia europea respecto al Pentágono, la mayoría de los aliados aceptaron este compromiso. Sin embargo, España fue la excepción, negándose a firmar dicho objetivo.
El Gobierno de Pedro Sánchez argumentó que podría alcanzar las capacidades militares requeridas por la OTAN invirtiendo sustancialmente menos que otros miembros. Esta postura fue recibida con escepticismo por parte de sus socios. De hecho, el primer ministro de Bélgica llegó a bromear con que Sánchez debía ser un «mago» para lograr tal hazaña.
La presión constante y el escenario previo a la cumbre de la OTAN
La decisión de aumentar el gasto militar se acordó en la cumbre de la OTAN en La Haya en 2025. Sin embargo, tanto Donald Trump como el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, han mantenido la presión sobre los países miembros, en especial España. Rutte, alineado con las posturas de la Casa Blanca, ha reiterado su confianza en que España logrará las capacidades militares necesarias, incluso sin alcanzar el 5% del PIB, sino manteniéndose en torno al 2% comprometido oficialmente.
En las semanas previas a la cumbre de la OTAN del 7 y 8 de julio en Ankara, la discusión sobre el gasto militar ha cobrado fuerza. Ya no es solo España quien cuestiona la viabilidad del objetivo del 5%, sino que otras naciones importantes han hecho públicas sus dudas y reservas.
Reino Unido e Italia reconocen las dificultades
Entre los países que han manifestado su escepticismo destaca Reino Unido, uno de los principales socios de la OTAN y potencia nuclear europea. Aunque Londres se comprometió inicialmente al 5%, actualmente su gasto militar se sitúa en el 2,6% del PIB, solo ligeramente por encima del nivel español. El actual Gobierno laborista ha limitado su compromiso al 3% durante esta legislatura, sin un plan concreto para alcanzar el 5% en 2035.
La falta de una hoja de ruta clara fue reconocida por el exministro de Defensa británico, John Healey, al dimitir y señalar que el gobierno no cuenta con los recursos necesarios para cumplir con las exigencias de la OTAN. Healey también criticó los límites presupuestarios impuestos por el Ministerio de Hacienda británico.
Italia, por su parte, ha mostrado su respaldo a las posiciones británicas. El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, aseguró compartir plenamente las preocupaciones de Healey y reconoció que su país también enfrenta dificultades para incrementar el gasto en defensa. Esta postura representa un giro relevante, especialmente porque el actual ejecutivo italiano, liderado por Giorgia Meloni, había sido uno de los principales aliados de Trump en Europa.
Otros países se suman a la resistencia
No solo las grandes potencias muestran reservas. Países más pequeños como Eslovenia también enfrentan dificultades para cumplir con el objetivo. La OTAN ha advertido a Eslovenia por incluir en su cálculo de gasto militar proyectos que no se ajustan a la definición acordada de «gasto básico en defensa». Excluyendo estos proyectos, el gasto real se sitúa en torno al 1,6% del PIB, muy lejos del 5% exigido.
Este hecho ha reavivado el debate sobre cómo contabilizar el gasto militar y qué partidas deben considerarse como defensa. Fuentes diplomáticas dentro de la OTAN proponen una definición más amplia que permita inflar las cifras oficiales sin aumentar necesariamente la inversión real, pero ni Estados Unidos ni la Alianza parecen dispuestos a modificar los actuales criterios.
Resistencia en países con posturas prorrusas
Algunos miembros de la OTAN con tendencias más prorrusas, como Hungría y República Checa, se resisten abiertamente a incrementar su gasto militar. Ambos países mantienen niveles cercanos al 2% del PIB y consideran innecesario aumentar la inversión en defensa ante la política de expansión de Rusia. Incluso tras el relevo político en Hungría, no hay señales de que se vaya a modificar esta postura.
Perspectivas para la próxima cumbre de la OTAN
De cara a la cumbre de Ankara, el debate sobre el gasto militar marcará la agenda de la Alianza Atlántica. España, que en su momento quedó aislada por su negativa a comprometerse con el 5%, ve ahora cómo grandes aliados como Italia y Reino Unido se suman a las voces que cuestionan la viabilidad y sostenibilidad de este objetivo. El futuro de la cooperación en defensa europea sigue siendo incierto, con un creciente número de países demandando flexibilidad y realismo en las exigencias presupuestarias.
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