El Gobierno reconocerá como víctimas del franquismo a mujeres encerradas por el Patronato de Protección

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El Gobierno reconocerá a las supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer como víctimas del franquismo

El próximo 20 de marzo, el Gobierno de España celebrará un acto oficial para reconocer como víctimas de la dictadura franquista a numerosas mujeres que, por desafiar las normas morales impuestas, fueron encerradas y maltratadas en instituciones gestionadas por congregaciones religiosas. Estos centros, bajo la tutela del Patronato de Protección a la Mujer, dependiente del Ministerio de Justicia, marcaron el destino de miles de niñas y jóvenes españolas entre 1941 y 1985.

Testimonio de Mercedes Gago: una vida marcada por el encierro y el abuso

Mercedes Gago D’ocon, nacida en 1951 en Mallorga (Valladolid), ha decidido romper el silencio y relatar su experiencia como interna en uno de estos centros. Actualmente, desde su domicilio en Orgaz (Toledo) y en pleno tratamiento de quimioterapia, Mercedes comparte por primera vez su historia de supervivencia y denuncia.

Un camino forzado hacia el Patronato

La infancia de Mercedes estuvo marcada por la dureza y la falta de afecto. A los 15 años, tras un episodio de violencia familiar, decidió acudir por su cuenta a la policía para denunciar una paliza propinada por su hermano. Lejos de recibir protección, fue derivada al Patronato de Protección a la Mujer, donde una funcionaria le prometió una vida mejor lejos del entorno familiar. Sin embargo, la realidad fue muy distinta.

Observación y traslado a un correccional

Su primer destino fue un centro en Canillejas, Madrid, donde permaneció tres meses bajo observación para descartar problemas mentales. «Me observaban todo el rato, apuntando si era vaga o rebelde», recuerda Mercedes. Finalmente, se determinó que no estaba loca, sino que simplemente no se sometía a la disciplina impuesta, y fue trasladada a un correccional gestionado por las Hermanas Trinitarias en la calle Marqués de Urquijo.

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Condiciones del internado: trabajo forzado y malos tratos

Mercedes describe el reformatorio como un lugar «horrible», donde convivían unas 150 chicas bajo estricta vigilancia y disciplina. Las internas eran obligadas a realizar trabajos de costura y limpieza durante largas jornadas, confeccionando juegos de cama y mantelerías que luego eran vendidos a familias adineradas, sin recibir nunca compensación alguna.

  • Trabajo obligatorio sin salario: las labores manuales beneficiaban económicamente a la congregación.
  • Maltrato físico y psicológico: castigos severos, golpes y humillaciones eran habituales.
  • Falta de educación formal: la instrucción académica brillaba por su ausencia; solo se trabajaba.

Además, las monjas utilizaban a las niñas como reclamo para pedir donativos en casas de familias acomodadas, apropiándose de todo el dinero recaudado. «Decían que no ganábamos ni para el pan que comíamos, pero era mentira; ellas se enriquecieron con nuestro trabajo», denuncia Mercedes.

Violencia y resistencia

La violencia física fue una constante. Mercedes recuerda especialmente el episodio en que una monja la empujó por las escaleras, provocándole lesiones visibles. Gracias a la intervención de su madre, la responsable fue finalmente expulsada del centro, un hecho poco común en la época. «Las monjas no tuvieron ni una pizca de humanidad», lamenta.

La salida y las secuelas

Con 19 años, Mercedes decidió abandonar el reformatorio y regresar con su madre. Sin embargo, la influencia del Patronato continuó en su vida, ya que una funcionaria seguía en contacto para controlar su situación y orientarla hacia la independencia laboral, consiguiéndole un empleo en una fábrica de telefonía.

A pesar del paso del tiempo, Mercedes no ha vuelto a contactar con sus compañeras de internado, pero expresa su deseo de reencontrarse con ellas algún día.

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Un reconocimiento tardío pero necesario

Mercedes considera justo el reconocimiento que el Estado pretende otorgar, aunque lamenta que llegue tan tarde. Debido a su estado de salud, le resultará difícil asistir al acto del 20 de marzo, pero destaca la importancia de que se visibilice el sufrimiento y la injusticia vividos por las mujeres que pasaron por el Patronato de Protección a la Mujer.

El testimonio de Mercedes es uno más entre los de tantas mujeres que, por desafiar las normas morales impuestas durante el franquismo, sufrieron privaciones, violencia y explotación laboral en instituciones religiosas, bajo la connivencia de las autoridades de la época. El homenaje del Gobierno representa un paso adelante en el reconocimiento y la reparación de la memoria histórica de las víctimas.

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