El dolor del franquismo persiste: un estudio revela cómo el trauma se hereda entre generaciones

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El trauma heredado de las víctimas del franquismo: cómo el dolor se transmite entre generaciones

Un reciente proyecto de investigación liderado por la psicóloga Nereida Bueno, de la Universidad Pontificia Comillas, analiza el impacto psicológico que la represión franquista sigue teniendo en los descendientes de las víctimas. La iniciativa, denominada Proyecto Benita en honor a Benita Navacerrada—referente en la lucha por la memoria histórica—, busca comprender cómo el trauma de la guerra civil y la dictadura se perpetúa a lo largo de varias generaciones y los efectos que producen las exhumaciones en el bienestar de los familiares.

El peso invisible de la memoria familiar

El estudio se centra en el fenómeno de la transmisión generacional del trauma, un proceso complejo en el que los nietos e incluso bisnietos pueden vivir el dolor y la angustia de la pérdida de sus antepasados, aunque no los hayan conocido personalmente. Según Bueno, el modo en que las familias han hablado —o silenciado— la historia de la víctima es clave para entender las emociones de los descendientes. No existe un «gen del dolor», pero sí un sufrimiento que se transmite y permanece latente en la memoria familiar.

El Proyecto Benita analiza especialmente aquello que la investigadora denomina “duelo congelado, desautorizado y ambiguo”. Este tipo de duelo es característico entre las familias republicanas, a quienes históricamente se les negó el derecho a llorar a sus seres queridos, y se agrava cuando la desaparición impide la realización de rituales de despedida. La ausencia física del cuerpo, combinada con una constante incertidumbre, mantiene abierto el dolor durante décadas.

Exhumaciones: reparación y alivio emocional

Uno de los ejes principales del estudio es el efecto psicológico de las exhumaciones. Según Nereida Bueno, la localización, recuperación e identificación de los restos de las víctimas genera reacciones intensas en los familiares, que oscilan entre la alegría y el alivio, pero también la tristeza y la rumiación constante del dolor. La hipótesis de la investigación es que este proceso de búsqueda y reconocimiento puede resultar profundamente reparador, contribuyendo de forma significativa al bienestar psicológico de los descendientes.

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  • Entrevistas con familiares de segunda, tercera y cuarta generación para reconstruir historias y heridas emocionales.
  • Comparación entre familias que abordan abiertamente el tema y aquellas que optan por el silencio.
  • Propuesta de terapias individuales y grupales adaptadas a cada generación.

Una cuestión de salud pública

El alcance del problema es considerable. Se estima que en España existen alrededor de 6.000 fosas y 100.000 personas desaparecidas. Si a cada víctima se asocian al menos dos familiares directos afectados, la cifra de personas impactadas por el trauma asciende a cientos de miles, lo que convierte la cuestión en un asunto de salud pública. El hecho de que casi cualquier español viva cerca de una fosa común subraya la dimensión nacional del problema.

El papel del silencio en la transmisión del trauma

El silencio familiar y social ha sido un factor determinante en la perpetuación del dolor. Para algunos, el silencio es una forma de protección, mientras que para otros genera una necesidad de búsqueda y respuestas que aumenta la incertidumbre y el malestar. La investigadora sostiene que el silencio no ayuda a sanar; al contrario, profundiza y enquista el trauma, dificultando el cierre emocional para las familias.

La necesidad de acompañamiento psicológico

La recuperación de los restos no es el final del proceso emocional. Bueno remarca la importancia de contar con equipos de apoyo psicológico durante y después de las exhumaciones debido a la intensidad del dolor que emerge en estos momentos. Además, destaca que la verdad, la justicia y la reparación son pilares fundamentales para que las familias puedan iniciar un verdadero proceso de duelo y recuperación.

Mirando hacia el futuro: la cuarta generación

El estudio también pone el foco en los bisnietos de las víctimas. Para la investigadora, las nuevas generaciones deberían poder acceder a la recuperación de la memoria familiar y, cuando sea posible, impulsar la exhumación de sus antepasados como un acto de verdad y reparación. La experiencia demuestra que, aunque las heridas sean profundas, el dolor puede disminuir cuando la sociedad ofrece espacios de reconocimiento y justicia.

Conclusión

El Proyecto Benita busca arrojar luz sobre una herida colectiva que sigue abierta en la sociedad española. La investigación pretende tanto documentar como aliviar el peso del trauma heredado, subrayando la importancia de las exhumaciones, el acompañamiento psicológico y la recuperación de la verdad histórica como vías para la reparación y el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

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