Tres años del 7-O: el trauma colectivo que marca las próximas elecciones en Israel
Israel conmemora el tercer aniversario de los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023, un suceso que ha dejado una huella indeleble en la sociedad y que condiciona profundamente la actual campaña electoral para renovar el Knéset, el parlamento israelí.
- Tres años del 7-O: el trauma colectivo que marca las próximas elecciones en Israel
- Un ataque sin precedentes y sus consecuencias inmediatas
- Una respuesta militar de gran escala y sus costos
- Un trauma que estructura la vida política y social
- El 7-O, eje de la campaña electoral
- El papel de Netanyahu y la oposición
- La cuestión palestina, relegada y silenciada
- Perspectivas para el futuro inmediato
Un ataque sin precedentes y sus consecuencias inmediatas
Aquel fatídico día, alrededor de 5.000 militantes de Hamás, Yihad Islámica Palestina y otros grupos armados palestinos lanzaron una ofensiva coordinada contra unas 24 localidades y ocho instalaciones militares israelíes, además del festival de música Nova, cerca del kibutz Re’im. El saldo de víctimas fue devastador: aproximadamente 1.200 personas perdieron la vida, más de la mitad civiles, y 251 personas fueron secuestradas, de las cuales 25 eran militares.
Durante los tres años transcurridos, 166 rehenes han sido liberados, mientras que 85 fallecieron, algunos el mismo 7 de octubre y otros durante su cautiverio, ya sea a causa de ejecuciones, bombardeos o enfrentamientos armados.
Una respuesta militar de gran escala y sus costos
La respuesta de Israel fue inmediata y contundente, desencadenando una operación militar de gran escala en la Franja de Gaza. Según cifras de organismos internacionales y especialistas de la ONU, las consecuencias han sido catastróficas para la población gazatí: más de 74.000 muertos, 175.000 heridos y 1,9 millones de desplazados. Estas cifras han motivado que se califique la intervención como un posible genocidio, pendiente de confirmación por la Corte Internacional de Justicia.
El desequilibrio en el número de víctimas es notable: desde el 7-O, por cada israelí asesinado, han muerto 42 gazatíes, la mayoría civiles. Pese a intentos de alto el fuego y acuerdos de paz firmados con mediación internacional, la violencia y la inestabilidad persisten en la región.
Un trauma que estructura la vida política y social
La psicoanalista Anne Dufourmantelle ha conceptualizado el «acontecimiento» como un hecho que rompe el orden vigente y cuya magnitud puede paralizar la capacidad de una sociedad para procesarlo. El 7-O se ha convertido en ese tipo de trauma colectivo para Israel, marcando un antes y un después en su historia reciente.
Según el politólogo José Abu Tarbush, el impacto de estos ataques es innegable y sigue presente en todos los ámbitos de la sociedad israelí. La memoria del 7-O permea la esfera pública, la política y el discurso mediático, influyendo incluso en la agenda electoral.
El 7-O, eje de la campaña electoral
La campaña electoral actual está profundamente marcada por el recuerdo del 7-O. «El 7-O empaña todo», señala Gabriel Garduño, investigador del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC). El próximo 27 de octubre, los israelíes acudirán a las urnas, en buena medida, para decidir qué relato sobre los ataques y sus consecuencias consideran más legítimo.
Tanto el gobierno encabezado por Benjamín Netanyahu como la oposición han construido sus campañas en torno a este acontecimiento. El trauma generado por los ataques ha impulsado una mayor polarización hacia la derecha y ha servido de justificación para una política de seguridad más agresiva y una deriva antidemocrática en el sistema político, según el análisis de Garduño.
El papel de Netanyahu y la oposición
Antes de los ataques, Netanyahu ya enfrentaba críticas por su papel polarizador y por problemas judiciales. Sin embargo, la crisis del 7-O relegó estos asuntos y permitió al gobierno consolidar el relato de la autodefensa preventiva, ampliamente aceptado por la sociedad israelí en el contexto post-ataques.
Por su parte, la oposición, liderada por Gadi Eisenkot (partido Yashar!), centra su campaña en la necesidad de investigar los fallos de seguridad y propone reformas como la eliminación del privilegio de los ultraortodoxos de no realizar el servicio militar. Esta estrategia busca responder a la pregunta que muchos israelíes se hacen: «¿Cómo pudo ocurrir esto?».
- Investigación interna sobre los fallos del 7-O
- Reformas en el servicio militar
- Críticas a la gestión de Netanyahu por ignorar advertencias previas
No obstante, tanto gobierno como oposición mantienen posiciones similares respecto al conflicto palestino, dificultando la aparición de alternativas reales a la política actual. El marco mental y político de guerra y la percepción de inseguridad existencial perpetúan un ciclo de conflicto, sin propuestas claras para una resolución duradera.
La cuestión palestina, relegada y silenciada
Uno de los aspectos más críticos de la coyuntura actual es la invisibilización del sufrimiento palestino en el discurso político israelí. Según Garduño, la deshumanización de la población palestina ha alcanzado niveles extremos desde el 7-O, dificultando cualquier debate sobre derechos humanos o reparación.
El consenso entre los partidos judíos israelíes evita abordar la situación de los palestinos bajo ocupación, la autodeterminación o la creación de un Estado palestino. Este «consenso sionista», como lo define Abu Tarbush, implica la ausencia de diferencias sustanciales sobre la no resolución de la cuestión palestina.
Perspectivas para el futuro inmediato
En vísperas de las elecciones, el 7-O continúa siendo el eje central del debate político israelí. La sociedad sigue marcada por el trauma y la polarización, mientras las demandas de justicia, reparación y reconocimiento de los derechos palestinos permanecen al margen del debate público.
El futuro político de Israel, al menos a corto plazo, parece condenado a reproducir las mismas lógicas de confrontación y exclusión que han dominado desde los ataques de 2023, sin señales claras de un cambio en las políticas hacia una solución justa e inclusiva para ambos pueblos.
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