Elon Musk y otros ‘tecnobros’ arremeten contra Sánchez y la UE por la regulación digital

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El trasfondo económico de la guerra de los ‘tecnobros’ contra Sánchez y Europa

En los últimos días, figuras clave de la tecnología global han dirigido una oleada de críticas y ataques contra líderes europeos, con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y la Unión Europea en el centro de la diana. Elon Musk, propietario de X (antes Twitter), y Pável Dúrov, fundador de Telegram, han intensificado su retórica, denunciando supuestas amenazas a la libertad de expresión y tachando de “censura” las medidas regulatorias anunciadas por gobiernos europeos.

Una escalada de ataques mediáticos

La controversia comenzó cuando el Gobierno español anunció la regularización de medio millón de personas migrantes, decisión que desencadenó una reacción irónica de Musk en redes sociales. La situación se agravó con la respuesta de Sánchez, quien defendió la iniciativa y no dudó en confrontar al magnate sudafricano.

El conflicto escaló aún más cuando Musk acusó públicamente a Sánchez de ser un “tirano” y un “traidor”, mientras compartía imágenes generadas con inteligencia artificial para ridiculizar a otros líderes, como el primer ministro británico Keir Starmer. Paralelamente, Pável Dúrov, desde Dubái, advirtió a los usuarios españoles de Telegram sobre un supuesto plan de “control total” por parte del Estado, adornando su mensaje con emoticonos y exclamaciones para aumentar el impacto.

Desde el Gobierno español se respondió acusando a Dúrov de difundir bulos y erosionar la confianza en las instituciones, recordando además las investigaciones en curso por la permisividad de Telegram ante actividades ilícitas en la plataforma.

¿Por qué tanta hostilidad de los gigantes tecnológicos?

La ofensiva de los denominados ‘tecnobros’ —término que engloba a líderes de grandes empresas tecnológicas— no es nueva y ha tenido en el continente europeo uno de sus principales escenarios. Los ataques se han dirigido, especialmente, contra intentos de regulación del sector digital y el refuerzo de la protección de datos personales por parte de la Unión Europea y algunos Estados miembros.

Expertos consultados, como Antonio Cabrales, catedrático de economía en la Universidad Carlos III de Madrid, señalan que el origen principal del conflicto es económico. Las grandes tecnológicas han construido su modelo de negocio sobre la recolección y comercialización de datos de usuarios, un activo extremadamente valioso para la industria publicitaria. Las iniciativas europeas de limitar ese control ponen en riesgo parte de sus beneficios.

  • Control de datos personales: Las tecnológicas dependen de la gestión masiva de datos para alimentar sus modelos de negocio.
  • Regulación europea: Normativas como la Ley de Servicios Digitales buscan poner límites a prácticas consideradas abusivas.
  • Respuesta política: Las empresas responden con campañas mediáticas y presión pública para influir en la opinión ciudadana y los procesos legislativos.

La alianza con el poder político estadounidense

El respaldo institucional a los líderes tecnológicos no solo se limita al ámbito privado. Durante el inicio del segundo mandato de Donald Trump, la presencia destacada de Musk, Zuckerberg y Bezos en la toma de posesión evidenció la estrecha relación entre la Casa Blanca y las grandes tecnológicas. Según Mariluz Congosto, profesora honoraria en la Universidad de Málaga, la administración estadounidense ha protegido los intereses de estas compañías, defendiendo discursos sobre libertad de expresión y amenazando con aranceles a países que intentan regular el sector.

Esta sintonía ha facilitado que las ‘big tech’ amplíen su influencia y mantengan posiciones dominantes en los mercados globales, mientras que en Europa se percibe una creciente necesidad de actuar colectivamente para proteger el espacio digital propio.

El papel de las redes sociales y la viralización del conflicto

Los expertos coinciden en que la provocación y el enfrentamiento público forman parte de la estrategia comunicativa de los ‘tecnobros’. Según Guillermo López García, catedrático de periodismo en la Universidad de València, estos líderes tienen una autopercepción “mesiánica” y utilizan su poder de influencia social para reforzar su relato, aunque dudan de que sus insultos tengan un impacto real en la popularidad de los políticos europeos.

Desde el colectivo Proyecto UNA, especializado en cultura digital, se subraya que la confrontación beneficia a las plataformas, ya que los picos de actividad y polémica en redes sociales se traducen en mayores ingresos publicitarios. El conflicto, por tanto, no solo responde al temor de perder beneficios, sino también a la oportunidad de incrementarlos a través de la viralización.

  • Conflictos viralizados: La confrontación genera mayor actividad y visibilidad en redes sociales.
  • Monetización del debate: Los picos de polémica son rentables para las plataformas digitales.

Europa ante el reto de la soberanía digital

La solución, según diversos analistas, pasa por una respuesta colectiva desde Bruselas. La contundencia y la acción coordinada pueden fortalecer la posición europea frente a los intentos de injerencia de las grandes tecnológicas y movilizar al electorado progresista. Países como Brasil, Canadá o Dinamarca han demostrado en recientes procesos electorales que la defensa de la soberanía digital puede convertirse en un factor clave para la participación ciudadana.

En definitiva, la batalla entre los ‘tecnobros’ y Europa es una disputa por el control del espacio digital, donde los intereses económicos predominan sobre los argumentos de libertad de expresión o derechos de los usuarios. La capacidad de los Estados para proteger la privacidad y la autonomía digital de sus ciudadanos está en juego, en un contexto donde las grandes tecnológicas buscan mantener —y ampliar— su dominio global.

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