La Estrategia de Seguridad de Trump: Retorno al Colonialismo y Legitimación del Uso de la Fuerza
La reciente Estrategia de Seguridad Nacional presentada por la administración de Donald Trump marca un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos, situando nuevamente a América Latina en el centro de sus intereses estratégicos y reivindicando la vigencia de la Doctrina Monroe. Este enfoque refuerza la hegemonía estadounidense en la región y legitima el uso de la fuerza para proteger lo que Washington considera sus intereses fundamentales.
Resurgimiento de la Doctrina Monroe
La Doctrina Monroe, proclamada en 1823 por el entonces presidente James Monroe, establecía que los continentes americanos no debían ser objeto de colonización europea. Aunque formulada como una defensa de la independencia regional, históricamente sirvió para justificar la intervención de Estados Unidos en América Latina, particularmente frente a gobiernos de corte progresista o contrarios a los intereses de Washington.
En la actual Estrategia de Seguridad Nacional, el gobierno estadounidense declara abiertamente su intención de hacer cumplir la Doctrina Monroe para restablecer la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y asegurar el acceso a zonas estratégicas de la región. El documento, presentado a finales de 2025, adquiere especial relevancia tras la reciente intervención militar en Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, hechos que han sido justificados bajo este renovado marco doctrinal.
Relaciones selectivas y rechazo a la influencia externa
La nueva estrategia descarta la formación de alianzas tradicionales, priorizando relaciones bilaterales basadas en intereses concretos y gestionadas directamente por Washington. La administración Trump rechaza cualquier influencia de «competidores no hemisféricos» y busca consolidar un entorno donde Estados Unidos pueda actuar unilateralmente para proteger sus intereses.
Este enfoque se traduce en una política intervencionista y en la legitimación del uso de la fuerza como principal herramienta disuasoria. El documento oficial sostiene que «la fuerza es el mejor elemento disuasorio» y advierte que ningún otro país podrá alcanzar una posición que amenace los intereses estadounidenses.
América Latina: Prioridad estratégica
América Latina vuelve a ocupar un lugar central en la agenda de seguridad de la Casa Blanca, superando en importancia a regiones como Asia-Pacífico o Europa. Trump clasifica a los países latinoamericanos como parte del «hemisferio occidental» y se compromete a «hacer cumplir» la Doctrina Monroe para garantizar la estabilidad y el buen gobierno en la región.
Entre los objetivos declarados se encuentra la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y la protección de recursos naturales, especialmente en países como Venezuela, que por sus reservas y vínculos con potencias como China y Rusia, acapara la atención de Washington. El plan de seguridad nacional también contempla la colaboración con «campeones regionales», aunque sin detallar qué países desempeñarán ese rol, mientras que otros como Colombia, México y Cuba son objeto de advertencias explícitas.
Europa y Asia: Cambios en las prioridades
En el ámbito europeo, la estrategia de Trump expresa un marcado desinterés por fortalecer la cooperación multilateral. Estados Unidos insta a Europa a asumir su propia defensa, incluso si eso implica una fragmentación en lugar de una integración continental, y deja abierta la posibilidad de excluir de la OTAN a países que no cumplan con ciertos criterios demográficos.
Respecto a Asia y el Indo-Pacífico, la atención se desplaza hacia cuestiones de competitividad económica. Washington busca fortalecer alianzas con India y exige a Japón y Corea del Sur mayores inversiones en defensa y políticas comerciales conjuntas para contrarrestar la influencia de China. No obstante, el documento minimiza los riesgos de inestabilidad en la región, limitando la preocupación a las maniobras militares chinas en torno a Taiwán.
- Presión a China para abandonar prácticas económicas consideradas desleales.
- Rechazo a cualquier intento de cambio unilateral en el estatus de Taiwán.
- Refuerzo de la cooperación con India y exigencias económicas a aliados asiáticos.
Oriente Medio y África: Menor relevancia
En cuanto a Oriente Medio, la administración Trump opta por una postura menos intervencionista, presentándose como facilitador de una supuesta «paz más permanente» y evitando imponer reformas externas, en contraste con su enfoque hacia Venezuela. Por su parte, África queda relegada, con una estrategia centrada en promover el comercio y la inversión en lugar de la ayuda al desarrollo, y con la condición de que los mercados africanos se abran a los productos estadounidenses.
Conclusión: El retorno a la lógica de la fuerza
La Estrategia de Seguridad Nacional de Trump representa una vuelta a la lógica del poder y el intervencionismo, con América Latina en el epicentro de la acción estadounidense. Bajo la justificación de la seguridad, la lucha contra el narcotráfico y la protección de los recursos, la Casa Blanca legitima el uso de la fuerza y el predominio unilateral de sus intereses, anticipando un periodo de tensión y redefinición de las relaciones internacionales en el siglo XXI.
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