Rojava entre tensiones: presiones turcas y giro de EE.UU. amenazan su autonomía

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Rojava en la encrucijada: dos modelos de Estado, ambiciones turcas y el cambio de rumbo estadounidense

En el noreste de Siria, la región de Rojava se enfrenta a una de las coyunturas más complejas de su historia reciente. Desde su declaración de autonomía en 2012, en el contexto de la guerra civil siria, los kurdos han defendido un modelo descentralizado y participativo que ahora choca con la visión centralizadora del nuevo gobierno sirio, las ambiciones territoriales de Turquía y la redefinición de la política estadounidense en la región.

Un contexto histórico marcado por promesas incumplidas

Rojava forma parte del sur del Kurdistán, territorio históricamente habitado por kurdos, la tercera etnia más numerosa de Oriente Medio. Durante siglos, los kurdos vivieron bajo dominio del Imperio Otomano, alternando períodos de autogobierno. Sin embargo, la caída de este imperio tras la Primera Guerra Mundial y la intervención de potencias europeas truncaron las aspiraciones de un Kurdistán independiente.

El Tratado de Sèvres de 1920 prometía autonomía para los kurdos, pero nunca se materializó. A mediados del siglo XX, la región quedó dividida entre Turquía, Siria, Irak e Irán. Mientras en Irak los kurdos alcanzaron cierta autonomía y en Irán mantuvieron parte de su cultura, en Turquía la represión fue intensa y en Siria, aunque la dictadura de los Asad protegía la cultura kurda, siempre descartó la autonomía.

Rojava, autonomía y resistencia

La guerra civil siria iniciada en 2011 brindó una oportunidad inédita para los kurdos sirios. En 2012, proclamaron la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria (AADNES), conocida como Rojava, y sus milicias, principalmente las Fuerzas de Defensa Sirias (SDF), desempeñaron un papel clave en la derrota del autodenominado Estado Islámico (ISIS).

Sin embargo, el derrocamiento del régimen de los Asad a finales de 2024, liderado por grupos islámicos bajo el mando de Ahmed Al Sharaa, ha abierto una nueva etapa de confrontación. El nuevo gobierno sirio busca integrar Rojava bajo un modelo nacionalista y centralizado, lo que choca con las demandas kurdas de autonomía y autogobierno.

El desencuentro entre Damasco y las SDF

El gobierno de Al Sharaa ha propuesto en dos ocasiones la integración de las SDF en un nuevo ejército nacional y la incorporación de las instituciones autónomas de Rojava al Estado sirio. Sin embargo, ambas iniciativas han fracasado por desacuerdos fundamentales:

  • Las SDF exigen una integración en bloque para mantener su autonomía y estructura de mando, mientras que Damasco propone una integración individual, lo que debilitaría el poder kurdo.
  • El modelo de Estado: Al Sharaa aboga por un Estado centralizado, mientras que los kurdos defienden la descentralización y la preservación de sus conquistas sociales y políticas.

Según analistas, la diferencia de fondo reside en dos visiones antagónicas sobre la naturaleza del Estado y el papel de los kurdos en la nueva Siria. Además, la proliferación de milicias islamistas autónomas, muchas con apoyo turco, complica cualquier posible acuerdo.

La influencia y ambiciones de Turquía

Turquía ha jugado un papel clave en la evolución de Rojava. Desde la fundación del Estado turco, Ankara ha rechazado cualquier forma de autonomía kurda y ha intervenido directamente en el norte de Siria para impedir su consolidación. Ejemplo de ello fue la toma de Afrín en 2018, operación que provocó el desplazamiento de la población kurda y fue calificada por organizaciones internacionales como una «limpieza étnica».

Actualmente, Turquía controla de facto varias zonas fronterizas, donde ha impuesto su sistema educativo, administrativo y de seguridad, desplazando a la población local y reforzando su influencia en la región.

Relaciones turco-sirias y el factor energético

A pesar de las tensiones históricas, Turquía y el nuevo gobierno sirio han estrechado la cooperación, especialmente en el ámbito energético. En 2025, ambos países firmaron acuerdos para el suministro de electricidad y la rehabilitación de infraestructuras como el gasoducto Kilis-Alepo. Turquía también ha manifestado interés en la exploración de yacimientos petroleros en el norte de Siria, una zona rica en recursos minerales y bajo control kurdo.

Estados Unidos y el cambio de estrategia en Siria

Estados Unidos fue un aliado fundamental de las SDF en la lucha contra el ISIS entre 2015 y 2019, apoyándolas militarmente y en inteligencia. Sin embargo, con la llegada de Donald Trump a la presidencia en 2019, la política estadounidense viró hacia el desentendimiento progresivo de los conflictos en Oriente Medio.

La llamada «doctrina Donroe», implementada tras el retorno de Trump en 2025, prioriza acuerdos favorables a los intereses estadounidenses y busca estabilizar la región apoyando gobiernos centralizados, incluso a costa de las aspiraciones kurdas. El nombramiento de Tom Barrack como embajador en Turquía y enviado especial a Siria ha reforzado esta línea.

Este cambio ha dejado a las SDF aisladas y sin apoyos internacionales relevantes, agravando su vulnerabilidad frente a Damasco, Ankara y los grupos armados islamistas.

Perspectivas y retos para Rojava

El futuro de Rojava se presenta incierto. Rodeados de enemigos y con pocos aliados internacionales, los kurdos de Siria ven amenazados los logros alcanzados en la última década, tanto en materia de autogobierno como de convivencia interétnica. El pulso entre un modelo de Estado centralizado y otro descentralizado, las ambiciones regionales de Turquía y el pragmatismo de la política estadounidense configuran un escenario volátil que podría redefinir el mapa político de la región en los próximos años.

  • La convivencia de diversas etnias y religiones, pilar del proyecto de Rojava, se encuentra en peligro ante la presión centralizadora y la influencia de milicias externas.
  • La situación humanitaria sigue siendo motivo de preocupación, especialmente en las áreas bajo control turco donde se han documentado violaciones de derechos humanos.
  • La competencia por los recursos energéticos añade una dimensión geopolítica crítica al conflicto.

En definitiva, la situación en Rojava ilustra la complejidad de los equilibrios de poder en Oriente Medio y la dificultad de alcanzar soluciones duraderas que respeten la diversidad y los derechos de los pueblos que habitan la región.

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