Puigdemont, diez años después: del referéndum al exilio y la fractura del independentismo catalán

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Diez años de la investidura de Puigdemont: referéndum, exilio y crisis en el espacio postconvergente

El 10 de enero de 2016, Carles Puigdemont fue investido president de la Generalitat de Catalunya, marcando el inicio de una década convulsa para la política catalana. Diez años después, su posible regreso a Catalunya coincide con un escenario de incertidumbre para Junts per Catalunya, cuya posición central en el independentismo se encuentra cada vez más cuestionada por la fragmentación del espacio político y el auge de nuevas formaciones.

Una investidura marcada por el contexto del procés

La llegada de Puigdemont al frente del Govern se produjo tras intensas negociaciones y tensiones internas entre los principales actores del independentismo. El apoyo de Junts pel Sí y la CUP, con 70 votos a favor frente a 63 en contra, fue decisivo en un momento en el que la repetición electoral parecía inminente. La presión de organizaciones como la Asamblea Nacional Catalana (ANC) permitió finalmente un acuerdo in extremis, vetando a Artur Mas y abriendo paso a Puigdemont.

Puigdemont, que en 2011 había hecho historia al convertirse en el primer alcalde de Girona ajeno al PSC desde la restauración democrática, asumió el liderazgo del Govern en pleno auge del procés y presidiendo la Associació de Municipis per la Independència (AMI). Su mandato arrancó con una hoja de ruta clara: alcanzar la independencia en un plazo de 18 meses.

Del referéndum al exilio

El perfil de Puigdemont evolucionó rápidamente a medida que el proceso independentista se aceleraba. En junio de 2017, anunció la convocatoria oficial del referéndum del 1 de octubre. Las históricas movilizaciones y la respuesta policial desembocaron en la simbólica declaración de independencia aprobada el 27 de octubre, aunque esta no tuvo validez legal ni se publicó en el Diario Oficial de la Generalitat.

La reacción del Estado fue contundente: aplicación del artículo 155 de la Constitución, intervención de las instituciones catalanas y encarcelamiento de los miembros del Govern que permanecieron en Catalunya, como el vicepresidente Oriol Junqueras. Puigdemont, junto a otros consellers, optó por el exilio y se instaló en Bélgica, donde reside desde hace más de ocho años, aún pendiente de la aplicación de la ley de amnistía que podría permitir su regreso.

Crisis y transformación en el espacio postconvergente

El procés no solo significó un punto de inflexión para Catalunya, sino también para el espacio político heredero de la antigua Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). Tras la ruptura de la histórica alianza con Unió Democràtica y en un intento de dejar atrás los escándalos de corrupción, CDC se transformó en 2016 en el Partit Demòcrata Europeu Català (PDeCAT).

Sin embargo, la irrupción de Junts per Catalunya como plataforma electoral bajo el liderazgo de Puigdemont relegó rápidamente al PDeCAT. Junts se consolidó como partido propio tras las elecciones de 2017, donde, aunque fue superado por Ciudadanos, logró mantener la hegemonía independentista frente a Esquerra Republicana (ERC). La ruptura definitiva entre Junts y PDeCAT se evidenció en las elecciones de 2021, donde la antigua formación convergente desapareció del Parlament tras obtener cero escaños.

Un liderazgo en constante adaptación

A lo largo de la última década, el liderazgo de Puigdemont ha experimentado diversas etapas. Tras ceder la presidencia orgánica de Junts a Laura Borràs entre 2022 y 2024, el expresident recuperó el control del partido en octubre de 2024, tras la condena por corrupción de Borràs y la escasa relevancia política del Consell per la República.

En paralelo, la situación judicial de Puigdemont ha sido un factor determinante en su trayectoria política. Detenido en Alemania en 2018 y sometido a procesos judiciales en varios países europeos, las reiteradas negativas a su extradición han reforzado su relato de persecución y mantenido el conflicto catalán en la agenda internacional. No obstante, su prolongada ausencia física ha supuesto un desgaste progresivo dentro de la política catalana.

Perspectivas electorales y nuevos desafíos

A pesar de las dificultades, Junts ha logrado resistir electoralmente hasta el momento. En las elecciones al Parlament de 2021 fue la tercera fuerza, con 32 escaños, situándose a solo un diputado del PSC y ERC. En 2024, Junts subió a 35 escaños, aunque a mayor distancia del PSC, que alcanzó los 42. Sin embargo, las últimas encuestas prevén una caída significativa, situando al partido incluso por debajo de los 20 diputados.

El espacio posconvergente ha experimentado una influencia menguante, especialmente desde la salida de Junts del Govern de Pere Aragonès en 2022 y la pérdida de relevancia en el Congreso de los Diputados. No obstante, los comicios generales de 2023 devolvieron a Junts un papel decisivo, al ser necesarios sus siete escaños para la investidura de Pedro Sánchez.

Un independentismo fragmentado y el reto de la extrema derecha

El posible regreso de Puigdemont se produce en un contexto de gran fragmentación del independentismo catalán. La aparición de Aliança Catalana, con un discurso radical y xenófobo, ha arrebatado apoyos a Junts, especialmente entre los sectores más desencantados con el rumbo del procés.

El futuro de Puigdemont y de su partido está más en entredicho que nunca. El expresident se enfrenta al reto de redefinir su liderazgo, bien para reconstruir un espacio político en transformación, bien para plantar cara a una extrema derecha en ascenso. Hasta ahora, Junts ha logrado mantener una representación significativa, pero un desplome en las próximas elecciones podría precipitar una crisis sin precedentes en el ámbito postconvergente.

Conclusión

A diez años de su investidura, la figura de Carles Puigdemont simboliza tanto el auge como la crisis del independentismo catalán. Su regreso a Catalunya podría ser un punto de inflexión, pero el contexto político actual presenta enormes desafíos para un espacio político que, tras una década de cambios y escisiones, busca redefinir su papel en un escenario cada vez más atomizado y competitivo.

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