Netanyahu impulsa a Trump hacia una guerra incierta contra Irán tras la muerte de Jameneí

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Netanyahu marca el rumbo a Trump en una guerra contra Irán sin garantías de caída del régimen

La reciente muerte del ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán desde 1989, ha generado una oleada de incertidumbre en Oriente Medio. Aunque Estados Unidos e Israel han proclamado su intención de poner fin al régimen islámico instaurado en Teherán en 1979, la eliminación de su máxima figura no garantiza el colapso del sistema político iraní. Este hecho, sin embargo, ha fortalecido la posición de Israel en la región y su capacidad de influencia sobre la política exterior de Washington.

El papel de Netanyahu y el arrastre de Trump a una nueva guerra

Desde finales de 2025, Israel y Estados Unidos intensificaron sus esfuerzos para desestabilizar el liderazgo iraní. La ofensiva culminó con el asesinato de Jameneí; ahora, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se posiciona como el gran beneficiado, liderando una campaña militar que ha implicado directamente al presidente estadounidense, Donald Trump. El conflicto amenaza con enquistarse, complicando la agenda internacional de la Casa Blanca y aumentando el riesgo de prolongar la inestabilidad en la región durante años.

Para Trump, la prioridad ha sido consolidar la supremacía económica estadounidense, como ya intentó con la caída de Nicolás Maduro y el control del petróleo venezolano. Sin embargo, el caso iraní presenta mayores desafíos. El seísmo político generado por la muerte de Jameneí no garantiza la salida de Irán del escenario energético global ni el control estadounidense sobre el flujo de crudo del Golfo Pérsico, salvo que la actual campaña aérea escale a una invasión terrestre, algo que ni Washington ni Tel Aviv parecen dispuestos a arriesgar debido al alto coste humano y militar.

Estrategia bélica y respuesta iraní

Las operaciones conjuntas de Estados Unidos e Israel se centran en ataques aéreos selectivos contra infraestructuras militares y figuras clave del régimen iraní, aunque los bombardeos han causado también víctimas civiles, como el reciente ataque en el sur de Irán donde murieron decenas de niñas. El domingo, cazas israelíes atacaron objetivos en Teherán y en las principales ciudades del país, intensificando la presión sobre el régimen.

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El ejército israelí ha anunciado la destrucción de la mitad de las lanzaderas de misiles balísticos iraníes y de varias fábricas de componentes, aunque la capacidad de respuesta iraní persiste. Las baterías restantes continuaron lanzando proyectiles contra territorio israelí, superando en ocasiones los sistemas antiaéreos y provocando víctimas mortales en las cercanías de Jerusalén. Asimismo, las bases estadounidenses en Oriente Medio han sido blanco de ataques, lo que ha provocado tensiones con los países árabes que las albergan.

Reacciones regionales y alianzas estratégicas

Estos acontecimientos han acentuado el aislamiento regional de Irán, mientras Israel y Arabia Saudí, rivales históricos de Teherán, se ven fortalecidos. El pacto de no agresión alcanzado entre Arabia Saudí e Irán en 2023, gracias a la mediación china, se ha desmoronado tras la escalada bélica. Riad condenó enérgicamente los ataques iraníes a bases estadounidenses, pero evitó criticar a Washington o a Tel Aviv, dejando clara su posición en el actual conflicto.

La política de Trump en Oriente Medio ha dado un giro radical respecto a sus promesas iniciales de evitar intervenciones y favorecer la estabilidad regional. El mandatario estadounidense ha respaldado abiertamente las acciones israelíes en Gaza, Líbano y Siria, así como el fortalecimiento de los vínculos militares con Arabia Saudí, sellados en 2025 con un acuerdo de defensa valorado en 142.000 millones de dólares.

Pretextos y objetivos de la ofensiva

La justificación oficial para la campaña militar ha sido la supuesta amenaza del programa nuclear iraní, a pesar de que no existen pruebas concluyentes de que Teherán esté cerca de desarrollar armamento atómico. Tras el fracaso de las negociaciones en Ginebra, Netanyahu convenció a Trump de que los misiles balísticos iraníes representaban un peligro inminente, lo que derivó en la ofensiva a gran escala.

Expertos como Negar Mortazavi, del Centro de Política Internacional de Washington, han señalado que esta guerra responde a la presión israelí sobre Estados Unidos, una tendencia que lleva dos décadas en curso y que finalmente se ha materializado con la implicación directa de Washington.

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El papel de la inteligencia y la estructura del régimen iraní

La operación que terminó con la vida de Jameneí y otros altos funcionarios iraníes fue posible gracias a la colaboración de la CIA, el Pentágono y los servicios de inteligencia israelíes. La infiltración en las estructuras de seguridad iraníes permitió identificar y eliminar a figuras clave, debilitando temporalmente al régimen, pero sin asegurar su caída definitiva.

La experiencia demuestra que el régimen iraní ha sobrevivido a crisis anteriores, en parte gracias a la cohesión interna y a la capacidad de reprimir la disidencia. Las recientes manifestaciones, duramente reprimidas, no han logrado articular una oposición eficaz ni recibir apoyo internacional suficiente. Tras la muerte de Jameneí, se ha constituido un Consejo de Dirección liderado por el presidente Masud Pezeshkian, el jefe del poder judicial Golam Hosein Mohseni Ejei y el ayatolá Alireza Arafi, mientras la Asamblea de Expertos se prepara para elegir al nuevo líder supremo, entre los que destaca Mojtaba Jameneí, hijo del dirigente fallecido.

Perspectivas para Irán y la región

La Guardia Revolucionaria, con su relevante peso militar, político y económico, representa un obstáculo importante para la aparición de movimientos de resistencia civil capaces de generar un cambio real. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha asegurado que el régimen estaba preparado para afrontar la muerte de Jameneí y que el relevo se producirá sin vacíos de poder significativos. Por ahora, la posibilidad de una transformación profunda en Irán parece remota, salvo que ocurra una crisis de mayor magnitud.

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  • La muerte de Jameneí ha desestabilizado, pero no ha derribado al régimen iraní.
  • Israel y Estados Unidos intensifican su presión militar y política, con la esperanza de debilitar al adversario regional.
  • La respuesta iraní demuestra que el conflicto puede prolongarse y complicar la estabilidad de Oriente Medio.
  • El futuro inmediato de Irán dependerá de la capacidad del régimen para reorganizarse y gestionar la crisis interna.

La situación en Oriente Medio sigue siendo incierta y volátil. El desenlace de esta nueva guerra, impulsada por la alianza entre Netanyahu y Trump, determinará no solo el futuro de Irán, sino también el equilibrio de poder en una de las regiones más sensibles del planeta.

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