Desmontando prejuicios sobre las mujeres en Irán: derechos, limitaciones y reivindicaciones
La imagen de las mujeres en Irán y en Oriente Medio suele estar marcada por estereotipos y prejuicios, especialmente en contextos de conflicto o tensión internacional. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja y dinámica. Las mujeres iraníes, lejos de ser víctimas pasivas, se organizan y alzan la voz para reclamar sus derechos y participar activamente en la sociedad. Así lo señalan especialistas en la región, que insisten en la necesidad de escuchar sus demandas en lugar de imponer soluciones desde el exterior.
El contexto de los derechos de las mujeres en Irán
Desde la Revolución Islámica de 1979, Irán cuenta con un sistema jurídico dual: uno civil y otro basado en la ley islámica, la sharia, que predomina cuando hay contradicciones. Este marco ha condicionado los derechos y libertades de las mujeres, quienes afrontan restricciones legales y sociales en diversos ámbitos de la vida cotidiana.
Uno de los episodios más significativos de los últimos años fue la muerte de Mahsa Amini, una joven kurda detenida y agredida por la policía de la moral en septiembre de 2022, acusada de no llevar correctamente el velo (hiyab). Su fallecimiento desencadenó una ola de protestas bajo el lema “Mujer, vida y libertad”, en las que miles de mujeres desafiaron abiertamente el uso obligatorio del velo, generando una respuesta represiva por parte de las autoridades, que según organizaciones de derechos humanos dejó alrededor de 500 manifestantes fallecidas entre 2022 y 2023.
El velo y sus implicaciones sociales
La obligatoriedad del hiyab en espacios públicos está vigente en Irán desde 1983, aunque la forma de aplicar esta norma ha variado en función del contexto político y social. Durante gobiernos más moderados, como el de Mohammad Jatamí, se permitió cierta flexibilidad; mientras que bajo dirigentes ultraconservadores, como Mahmud Ahmadineyad o Ebrahim Raisi, se endurecieron los controles y la represión. No obstante, la resistencia cotidiana de las mujeres ha erosionado la aplicación estricta de esta norma, especialmente en zonas urbanas, pese a que el régimen ha adaptado los mecanismos de vigilancia y sanción.
El debate sobre el uso del velo también ha estado presente en los medios internacionales, donde persisten ideas erróneas. Ejemplo de ello fue la afirmación de que las mujeres no podían asistir a la universidad sin velo, una declaración que fue posteriormente desmentida con imágenes de estudiantes sin cubrirse la cabeza en centros educativos iraníes.
Diversidad de realidades en Oriente Medio
Generalizar sobre la situación de las mujeres en Oriente Medio resulta inexacto. Las condiciones y derechos varían considerablemente de un país a otro, y las propias mujeres de la región insisten en la diversidad de sus luchas y reivindicaciones. La idea de que todas necesitan ser “liberadas” desde el exterior puede invisibilizar la complejidad de sus demandas y logros.
Derechos económicos y legales de las mujeres iraníes
A nivel legal, las mujeres pueden abrir cuentas bancarias, poseer bienes y administrar su dinero. Sin embargo, su autonomía está condicionada por el control de figuras masculinas: hasta la mayoría de edad, dependen del cabeza de familia (generalmente un hombre) y, una vez casadas, el marido puede prohibirles trabajar. Esto limita su independencia económica y social.
- Brecha salarial: Las mujeres ganan apenas el 18% del salario de los hombres, según datos de 2021 del Foro Económico Mundial.
- Herencia: Reciben la mitad de la herencia que corresponde a sus hermanos varones.
- Indemnizaciones: En caso de accidente, perciben compensaciones menores que los hombres.
En cuanto al derecho al divorcio, la sharia permite a las mujeres solicitarlo en casos de dificultad extrema, abandono o incapacidad del esposo. Sin embargo, deben probar estas circunstancias ante un juez, lo que supone un obstáculo adicional. Otra opción es renunciar a la dote o compensar económicamente al esposo, lo que hace que la separación resulte especialmente difícil para las mujeres con menos recursos.
Educación superior: un espacio de avance
Pese a las restricciones en otros ámbitos, la educación superior ha sido un terreno de progresos notables para las mujeres iraníes. Desde la admisión de las primeras alumnas en la Universidad de Teherán en 1936, el acceso femenino a la universidad ha crecido de forma sostenida. En 1999, las mujeres representaban el 17% de las matriculaciones universitarias; en 2024, alcanzaron el 59%, según datos del Banco Mundial.
No obstante, ha habido intentos de limitar este avance. En 2012, el gobierno vetó a las mujeres en 77 carreras universitarias, principalmente en áreas científicas e ingenierías, así como en arqueología y literatura inglesa. Aunque la aplicación de estas restricciones ha sido desigual y actualmente es prácticamente nula, la normativa no ha sido oficialmente revocada.
Acceso al mercado laboral y discriminación
El acceso de las mujeres iraníes al mercado laboral sigue siendo limitado, especialmente en sectores como la judicatura y la industria pesada. Tras la Revolución Islámica, muchas profesiones fueron vetadas para las mujeres, como le ocurrió a la destacada jueza Shirin Ebadi, que solo pudo ejercer como abogada. En los años noventa, se permitió que las mujeres trabajaran como asesoras en tribunales de familia, pero las restricciones persistieron, especialmente durante gobiernos ultraconservadores, que intensificaron la discriminación laboral.
- El jefe de familia tiene la potestad de autorizar o impedir que una mujer trabaje.
- Solo el 14% de los trabajadores legales en Irán son mujeres en 2024.
- Las mujeres están excluidas de puestos considerados “duros” o “peligrosos”, como la minería o la industria pesada.
Todo ello responde a una estructura social patriarcal que busca relegar a la mujer al ámbito doméstico. Sin embargo, las iraníes continúan desafiando estas limitaciones en la vida diaria, tanto en las calles como en los espacios educativos y familiares.
Conclusión
Las mujeres en Irán han logrado importantes avances en el acceso a la educación y mantienen una lucha constante por sus derechos civiles y sociales, a pesar de las restricciones legales y culturales que persisten. Su protagonismo en la vida pública y su capacidad de organización demuestran que no son un colectivo homogéneo ni pasivo, sino actores fundamentales en la transformación de la sociedad iraní. Comprender la realidad de las mujeres en Irán exige superar estereotipos y escuchar sus propias voces y demandas.
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