La metamorfosis ultra: de euroescépticos a actores clave en Bruselas
En los últimos años, la extrema derecha europea ha experimentado un giro estratégico sin precedentes. Lejos de mantener su tradicional postura euroescéptica y su oposición al euro, estos partidos han optado por integrarse en los centros de poder de Bruselas y ejercer influencia desde el interior de las instituciones comunitarias.
De la crítica al bloque a influir en su transformación
Atrás quedaron los tiempos en los que la extrema derecha señalaba el brexit como ejemplo a seguir y cuestionaba abiertamente el proyecto europeo. El euroescepticismo radical ha perdido fuerza y ha dado paso a una nueva estrategia: influir en la Unión Europea para modificar sus políticas y valores fundacionales desde dentro. Esta metamorfosis se ha hecho especialmente visible en los últimos años, marcando un cambio profundo en el panorama político europeo.
El caso Meloni: del aislamiento a la alfombra roja en Bruselas
La llegada de Giorgia Meloni al poder en Italia simboliza este cambio de enfoque. A pesar de las críticas iniciales de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, Meloni terminó siendo recibida con honores en Bruselas. Lejos de ser considerada una amenaza para la Unión, su enfoque en materia migratoria ha sido adoptado como modelo por numerosos Estados miembros.
De hecho, propuestas que antes se consideraban incompatibles con los derechos humanos, como la externalización de campos de migrantes, han recibido el respaldo de la mayoría de los gobiernos europeos, incluidos algunos de corte socialdemócrata como Dinamarca. España se ha mantenido como la única voz disidente ante estas medidas.
La influencia ultra se expande por Europa
Meloni no es la única figura de la ultraderecha que ha conseguido adaptarse al funcionamiento de la Unión Europea. Bart de Wever, líder nacionalista flamenco y crítico histórico del bloque, también ha pasado a desempeñar un papel relevante en las instituciones comunitarias. Pese a su oposición a la utilización de fondos rusos congelados en la UE, la Comisión Europea ha mostrado interés en ganarse su apoyo, reflejando la creciente importancia de estos nuevos actores.
En otros países, el fenómeno se repite. En Finlandia, los conservadores gobiernan en coalición con fuerzas ultras, mientras que en Polonia y la República Checa la influencia de la derecha radical ha sido clave en los últimos años. Estos países, especialmente Finlandia y Polonia, han ganado peso en Bruselas a raíz de su postura firme frente a Rusia y su apoyo a Ucrania, consolidándose como socios de confianza en el seno de la UE.
El “cordón sanitario” se debilita
Uno de los cambios más significativos ha sido el debilitamiento del tradicional cordón sanitario que separaba a la derecha democrática de la extrema derecha en las instituciones europeas. Ursula von der Leyen no solo abrió la puerta a Meloni en la Comisión, sino que también facilitó la integración de los ultras en las grandes coaliciones parlamentarias, con la condición de que apoyaran a Ucrania y se distanciaran del régimen de Vladímir Putin.
Este acercamiento ha beneficiado especialmente al grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), liderado por Meloni, que ha encontrado en estas condiciones una vía para participar activamente en la toma de decisiones de la UE.
Nuevas coaliciones y alianzas estratégicas
La influencia ultra no se limita al grupo ECR. El Partido Popular Europeo (PPE) ha comenzado a buscar acuerdos con otros grupos de extrema derecha, como los liderados por Marine Le Pen y Viktor Orbán. Esta alianza, apodada “coalición venezolana” tras su primera colaboración en una declaración sobre la situación en Venezuela, ha servido para presionar a los socialdemócratas y ampliar el margen de maniobra de los conservadores en las negociaciones parlamentarias.
Gracias a esta estrategia, el PPE y sus nuevos aliados han logrado aprobar legislaciones que reducen las exigencias ecológicas y de derechos humanos para las grandes empresas europeas, consolidando así la presencia de la extrema derecha en el núcleo de las decisiones clave del bloque comunitario.
Una nueva etapa para la extrema derecha europea
La extrema derecha ha dejado atrás la retórica de confrontación y ha optado por una vía pragmática: influir en la UE desde las instituciones, integrándose en coaliciones y asumiendo cuotas de poder real. Esta metamorfosis está alterando el equilibrio político en Bruselas y redefiniendo el papel que juegan los partidos ultras en el futuro de la Unión Europea.
- La ultraderecha ya no plantea abandonar la UE ni el euro.
- Ha conseguido imponerse en políticas migratorias y otras áreas clave.
- Se ha integrado en las grandes coaliciones parlamentarias europeas.
- Su influencia crece, debilitando el poder de los partidos de centroizquierda.
Este fenómeno plantea nuevos desafíos para el proyecto europeo, que deberá adaptarse a la presencia y el peso de estos partidos en sus instituciones centrales.
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