Stolpersteine Madrid: El compromiso de un matrimonio jubilado por la memoria de los deportados españoles
Desde 2019, las calles de Madrid han sido testigos de la silenciosa labor de Isabel Martínez y Jesús Rodríguez, un matrimonio de jubilados que se ha convertido en motor principal de la iniciativa ‘Stolpersteine Madrid’. Gracias a su trabajo, más de un centenar de víctimas españolas del nazismo cuentan hoy con una placa conmemorativa incrustada en las aceras de la capital, recordando sus nombres e historias en los lugares donde vivieron por última vez.
- Stolpersteine Madrid: El compromiso de un matrimonio jubilado por la memoria de los deportados españoles
- Un homenaje en las aceras de Madrid
- Un movimiento europeo nacido en los años 90
- La investigación tras cada placa
- El exilio y la deportación: una tragedia compartida
- Un proyecto ciudadano frente a la burocracia
- Diversidad en la gestión por comunidades autónomas
- El valor de la memoria y el futuro del proyecto
- Un movimiento de memoria colectiva
Un homenaje en las aceras de Madrid
Las stolpersteine, término alemán que significa “piedras con las que se tropieza”, son pequeños monumentos de bronce de 10×10 centímetros que se colocan frente al último domicilio conocido de quienes sufrieron la deportación y el asesinato en campos de concentración nazis. Cada placa lleva inscrito el nombre, fecha de nacimiento y, en muchos casos, el destino final de la víctima. En Madrid ya se han colocado 111 de estas piedras, principalmente en barrios como Lavapiés, Chamberí y Tetuán.
La labor de Isabel y Jesús no es solo la de colocar las placas. Desde su vivienda en Aluche, investigan exhaustivamente los archivos históricos, localizan domicilios y buscan descendientes o familiares de los deportados, con la esperanza de que participen en el homenaje. “Para muchos, estas piedras representan la lápida que nunca han tenido en un cementerio”, explica Isabel.
Un movimiento europeo nacido en los años 90
La idea de las stolpersteine nació en los años noventa de la mano del artista alemán Gunter Demnig. Desde entonces, el proyecto se ha extendido por toda Europa, con más de 115.000 placas instaladas en aceras de diferentes ciudades. Berlín, por ejemplo, cuenta con más de 9.000. En España, la primera stolperstein fue colocada en 2015 en el municipio de Navàs (Barcelona). Madrid se sumó cuatro años después, gracias a la iniciativa de Isabel y Jesús, quienes descubrieron el proyecto durante un viaje a Friburgo y decidieron impulsarlo en la capital española.
La investigación tras cada placa
El proceso de identificación de las víctimas es laborioso. El matrimonio ha visitado decenas de veces el Archivo de la Villa de Madrid y trabajado con documentos como el Libro memorial: españoles deportados a los campos nazis (1940-1945), así como con el Archivo Arolsen, que recopila información de millones de víctimas de la persecución nazi. Gracias a estas fuentes, han podido identificar a unas 450 personas nacidas en Madrid y ampliar la búsqueda a aquellos que, aunque no nacieron en la capital, vivieron allí antes de su exilio y deportación.
Calculan que existen más de 700 víctimas con último domicilio en Madrid. Sin embargo, la Guerra Civil y el posterior exilio complican la investigación, ya que casi todos los españoles deportados al nazismo fueron primero refugiados tras la derrota republicana en 1939.
El exilio y la deportación: una tragedia compartida
Después de la Guerra Civil, cientos de miles de españoles huyeron a Francia, donde fueron confinados en campos de concentración y centros de trabajo forzado. La invasión nazi de Francia en 1940 agravó su situación, quedando muchos de ellos a merced de las autoridades alemanas. El régimen franquista mostró total indiferencia ante el destino de estos exiliados, y más de 9.300 españoles fueron deportados a campos como Mauthausen, donde eran identificados con un triángulo azul y la letra “S” de “Spanier”.
- Según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, la mayoría de los españoles deportados compartieron este destino.
- Las stolpersteine en Madrid recuerdan a estas víctimas, muchas de las cuales nunca pudieron regresar a casa ni recibir sepultura.
Un proyecto ciudadano frente a la burocracia
El camino no ha estado exento de obstáculos. Desde la primera petición formal en 2016 hasta la colocación de las primeras ocho placas en 2019, pasaron tres años. El cambio de administraciones municipales y los trámites burocráticos han ralentizado el proceso, aunque Isabel y Jesús destacan que siempre han recibido apoyo institucional para la instalación de las piedras, si bien el coste y la gestión recaen en ellos y en las donaciones ciudadanas.
Actualmente, cada nueva stolperstein requiere la aprobación de la junta municipal del distrito correspondiente. El precio de cada placa ronda los 132 euros, financiados en su mayor parte mediante donaciones particulares. El Ayuntamiento de Madrid solo asume los trabajos de obra necesarios para su colocación.
Diversidad en la gestión por comunidades autónomas
La gestión del proyecto en España varía según la región. En Cataluña, el Memorial Democràtic es el responsable; en Andalucía, la Asociación Triángulo Azul Stolpersteine; y en Madrid, el impulso proviene del propio matrimonio. No obstante, cualquier persona, comunidad o institución puede solicitar la colocación de una stolperstein a la Fundación Spuren, aportando los datos necesarios y asumiendo el coste.
El valor de la memoria y el futuro del proyecto
Isabel y Jesús reconocen que no podrán cubrir todas las historias de los deportados, pero continúan su labor con entusiasmo. En su casa conservan más de una veintena de placas listas para ser colocadas en barrios como Vallecas, Tetuán y Carabanchel, y prevén solicitar al menos treinta más el próximo año.
En ocasiones, los familiares prefieren custodiar personalmente la piedra, que se convierte así en un pequeño altar y lugar de recuerdo. Para muchas familias, la stolperstein simboliza el entierro que nunca tuvieron sus seres queridos, cuyas cenizas desaparecieron en los hornos de los campos de concentración nazis.
Un movimiento de memoria colectiva
El proyecto Stolpersteine Madrid es hoy un ejemplo de memoria histórica viva y de activismo ciudadano desinteresado. “Queremos que esto sea un movimiento ciudadano, sin partidos ni instituciones”, resume Isabel. Gracias a su dedicación, la historia de cientos de españoles que sufrieron la barbarie nazi no se pierde en el olvido y perdura en cada esquina de Madrid donde una piedra dorada recuerda su nombre.
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