Israel intensifica su ofensiva en el sur del Líbano y revive el debate sobre el Gran Israel
La tensión en Oriente Medio se ha incrementado tras el anuncio de una inminente invasión israelí en el sur del Líbano. El gobierno de Tel Aviv ha puesto en marcha una estrategia similar a la empleada en la Franja de Gaza: bombardeos sobre civiles, destrucción de infraestructuras esenciales y daños ambientales, con el objetivo de controlar hasta un 10% del territorio libanés, comprendido entre la frontera sur y el río Litani.
Desplazamientos masivos y crisis humanitaria
La localidad de Kafr Kila, situada cerca de la frontera con Israel, ha sido testigo de una constante escalada de violencia que ha generado un éxodo poblacional sostenido. El reciente anuncio de la ofensiva militar ha acelerado la huida de los pocos habitantes que aún permanecían en la zona. Según datos de ACNUR, alrededor de un millón de personas se han visto obligadas a desplazarse, incluyendo a 340.000 menores. Esta cifra es especialmente significativa en un país de poco más de 10.400 kilómetros cuadrados y una población de 5,3 millones de habitantes.
La situación en los refugios y albergues temporales es crítica. Nour Shawaf, representante de Intermón Oxfam en Líbano, advierte que muchas personas se ven forzadas a dormir en sus automóviles o en la vía pública, en un contexto agravado por la prolongada crisis económica que vive el país.
Estrategia militar y objetivos territoriales
Israel ha intensificado los bombardeos, no solo en zonas de mayoría chií donde opera Hezbolá, sino también en municipios cristianos como Aitou, en el norte libanés. El Ministerio de Salud Pública de Líbano cifra en 1.100 las víctimas mortales por estos ataques, mientras que el número de civiles israelíes fallecidos en represalias de Hezbolá es muy inferior.
La ofensiva se ha centrado en la destrucción de infraestructuras clave. Desde el 22 de marzo, las fuerzas israelíes han demolido quince puentes y pasos sobre el río Litani, una frontera natural que divide el sur del resto del país. El ejército israelí ha instado a la población a abandonar sus hogares al sur del río, justificando la operación en la necesidad de acabar con las actividades de Hezbolá.
- Destrucción de infraestructuras hídricas, hospitales y escuelas
- Contaminación de tierras agrícolas
- Arrasamiento de una decena de municipios del sur libanés
Contexto histórico y repercusiones políticas
Desde la creación del Estado de Israel en 1948, las incursiones militares en territorio libanés han sido recurrentes. Las más significativas ocurrieron en 1979, 1982 y 2006, con una presencia prolongada entre 1985 y 2000. A lo largo de estas intervenciones, Israel ha tejido alianzas con distintas milicias locales, algunas de las cuales estuvieron involucradas en episodios como la masacre de Sabra y Shatila.
Expertos en la región, como Haizam Amirah Fernández, director del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), advierten que el actual gobierno israelí busca trasladar la frontera hacia el interior de Líbano, evocando así el controversial concepto del «Gran Israel», un proyecto de expansión territorial basado en antiguas promesas bíblicas. Aunque esta aspiración es vista como excéntrica por algunos analistas, las declaraciones de líderes israelíes refuerzan la hipótesis de una estrategia expansionista.
Gabriel Garroum Plà, profesor de relaciones internacionales, apunta que el objetivo de la actual ofensiva podría ser debilitar a Hezbolá y provocar una desestabilización interna en Líbano, un país aún marcado por el trauma de la guerra civil (1975-1990).
El papel de Hezbolá y la reacción internacional
La muerte del líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, y de otros altos mandos en septiembre de 2024 debilitó al grupo chií. Tras dos meses de enfrentamientos, Israel y Hezbolá firmaron un alto el fuego en noviembre de ese mismo año, aunque la tregua fue frágil. La Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) reportó más de 11.400 violaciones al alto el fuego en el primer año, la mayoría atribuidas a Israel.
La reciente ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, aliado de Hezbolá, a finales de febrero, rompió definitivamente el cese de hostilidades. En respuesta, Hezbolá atacó el norte de Israel, lo que desencadenó nuevos bombardeos israelíes sobre territorio libanés.
Acusaciones de limpieza étnica y vulneración del derecho internacional
Las acciones israelíes en el sur de Líbano han sido calificadas por expertos como una forma de limpieza étnica, al forzar el desplazamiento masivo de la población civil. Haizam Amirah Fernández sostiene que esta estrategia ya fue aplicada en Gaza bajo el pretexto de combatir a Hamás. El proyecto sionista, según el analista, busca consolidar la hegemonía regional israelí mediante la expansión territorial y la reducción de la presencia de población árabe autóctona.
Desde 1948, Israel ha desafiado las resoluciones de la ONU y el derecho humanitario internacional, ampliando su control sobre territorios palestinos y, actualmente, sobre buena parte de la Franja de Gaza y Cisjordania. Los expertos coinciden en que la escasa respuesta internacional ante la crisis humanitaria en Gaza ha alentado al gobierno israelí a avanzar en su campaña militar en Líbano.
Perspectivas y consecuencias regionales
La actual crisis amenaza con agravar la inestabilidad en Oriente Medio y provocar una catástrofe humanitaria de gran magnitud. La ofensiva israelí no solo pone en jaque la soberanía libanesa, sino que también incrementa el riesgo de una expansión del conflicto hacia otros países de la región.
Mientras tanto, la población civil libanesa soporta las consecuencias de los bombardeos, el desplazamiento forzado y la destrucción de su tejido social y económico, en medio de la incertidumbre sobre el futuro inmediato de su país.
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