El ejército venezolano bajo la lupa tras el secuestro de Maduro: críticas y protagonismo en la crisis
La reciente operación militar llevada a cabo por Estados Unidos el pasado 3 de enero en Venezuela ha sacudido los cimientos del poder en Caracas, dejando en evidencia profundas fallas en los sistemas de seguridad y defensa nacionales. El secuestro de Nicolás Maduro, líder del régimen chavista, ha desencadenado una ola de incertidumbre y ha puesto en el centro del debate el papel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), ahora bajo una presión sin precedentes para garantizar la estabilidad institucional.
Una seguridad desbordada por la sofisticación tecnológica
La acción militar estadounidense, caracterizada por el uso de tecnología avanzada y una operación de inteligencia de alto nivel, logró sortear sin resistencia efectiva los sistemas antiaéreos de origen ruso, la red de radares chinos y la vigilancia de la guardia presidencial cubana. En cuestión de minutos, estos dispositivos, que durante años el gobierno venezolano presentó como un escudo infranqueable frente a amenazas externas, fueron neutralizados, dejando en evidencia las limitaciones operativas reales de la defensa nacional.
Cuatro días después de la intervención y con el país aún en estado de conmoción, persiste entre la élite del poder venezolano una sensación de inseguridad y desconfianza ante el nivel de infiltración que permitió el golpe. No obstante, la cúpula militar se mantiene cohesionada en torno a Delcy Rodríguez, quien ha asumido la presidencia interina, y al general Vladimir Padrino López, que continúa al frente del Ministerio de Defensa y la jefatura de la FANB.
Reacciones internas y cambios en la estructura militar
En respuesta al ataque, el gobierno decretó el “estado de conmoción” y desplegó efectivos militares por las principales ciudades, buscando proyectar control y estabilidad en uno de los momentos más críticos para el chavismo en más de veinte años. La única modificación notable en la estructura castrense ha sido el nombramiento del general Gustavo Enrique González López como comandante de la Guardia de Honor Presidencial, una unidad clave encargada de la seguridad del jefe de Estado y de instalaciones estratégicas, especialmente señalada tras confirmarse la muerte de al menos 32 militares cubanos durante la operación estadounidense.
- Proyección de fuerza mediante patrullaje militar en las calles.
- Relevo en la Guardia de Honor Presidencial para reforzar la seguridad institucional.
- Permanencia de Vladimir Padrino López como figura de continuidad y lealtad militar.
La FANB, columna vertebral del chavismo
Desde sus orígenes, el chavismo ha encontrado en la Fuerza Armada un aliado indispensable para su consolidación. El propio Hugo Chávez, de formación militar, articuló su proyecto político desde las filas castrenses, logrando tras su llegada al poder una transformación doctrinal y organizativa que afianzó la lealtad militar al movimiento bolivariano. A lo largo de los años, la FANB ha ocupado un rol protagónico, llegando a controlar hasta un tercio de los ministerios y empresas estratégicas como la estatal petrolera PDVSA, consolidando así una fusión única entre poder político, económico y militar.
Durante el fallido golpe de Estado de abril de 2002, la lealtad de oficiales como Vladimir Padrino López fue crucial para la supervivencia del chavismo. Posteriormente, Padrino López ascendió hasta convertirse en el principal garante de la cohesión y disciplina interna de la Fuerza Armada, especialmente tras la crisis económica derivada del colapso petrolero y el aumento de las presiones internas y externas.
Desafíos actuales: cohesión, lealtad y supervivencia política
El ejército venezolano se caracteriza hoy por una fuerte ideologización, reflejada en lemas como “¡Independencia y patria socialista. Viviremos y venceremos!”, y por una estructura interna que prioriza la lealtad ideológica a la élite chavista. A pesar de intentos de la oposición por fomentar deserciones, la cohesión institucional ha prevalecido, manteniendo a la FANB como pilar central del poder.
Sin embargo, la crisis actual representa la mayor prueba para la institución militar en décadas. El respaldo a Delcy Rodríguez, la garantía de control en las calles y la prevención de fracturas internas serán determinantes para la continuidad del gobierno frente a las nuevas amenazas externas y a la presión social e internacional.
- Consolidar el poder en un contexto de debilitamiento institucional.
- Dificultar fracturas y deserciones internas ante el impacto del ataque.
- Reafirmar su papel como garante de la estabilidad y el orden en Venezuela.
Perspectivas para el futuro inmediato
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana se enfrenta ahora a la tarea de demostrar su capacidad para sostener la continuidad del régimen chavista en uno de sus momentos más frágiles. Su desempeño en los próximos meses será crucial para definir no solo la estabilidad política interna, sino también la posición de Venezuela en el escenario internacional tras la intervención estadounidense.
En definitiva, el futuro del país parece depender en gran medida de la fortaleza, disciplina y cohesión de un ejército sometido a múltiples desafíos, cuya legitimidad y eficacia están hoy más cuestionadas que nunca.
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