Plastic Energy, la «líder» del reciclaje plástico que acumula pérdidas y polémicas

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Plastic Energy: el caso de la empresa española que se proclama líder mundial en reciclaje plástico y acumula pérdidas millonarias

Plastic Energy, una empresa española que se presenta como referente global en el reciclaje químico de plásticos, se encuentra en el centro de la polémica tras una investigación internacional que pone en duda la eficiencia de su tecnología y su modelo de negocio. A pesar de su ambicioso discurso y las alianzas con grandes compañías petroquímicas, la compañía ha acumulado pérdidas superiores a los 171 millones de euros en 2024 y mantiene operativas tan solo tres plantas en Europa, lejos de las diez prometidas para 2025.

Promesas incumplidas y proyectos paralizados

En 2022, Plastic Energy anunciaba, junto a la petrolera francesa TotalEnergies, la construcción de una innovadora planta de reciclaje en Sevilla. La instalación, que debía transformar 33.000 toneladas de residuos plásticos en un aceite denominado Tacoil, aún no ha visto la luz: ni siquiera figura en los registros de la Junta de Andalucía como expediente abierto.

La situación se repite en otros proyectos. En Zumárraga (Gipuzkoa), la empresa llegó a constituir una filial y recibió ayudas públicas por valor de cinco millones de euros para una planta que nunca se materializó. En noviembre de 2023, Plastic Energy devolvió las subvenciones y abandonó el proyecto sin ofrecer explicaciones a las autoridades locales.

En Tenerife, tras años de trámites y la declaración del proyecto como estratégico por parte del Gobierno canario, la planta sigue sin ejecutarse. La empresa afirma estar “preparando documentación” y ha recibido facilidades como la ampliación de la parcela destinada y una subvención de casi 25 millones de euros, pero la inversión comprometida de 75 millones de euros y la creación de 34 empleos continúan siendo promesas.

En Francia, la planta de Grandpuits —proyecto conjunto con TotalEnergies— ha supuesto un sobrecoste significativo (82 millones frente a los 57 presupuestados) y su apertura ha sufrido retrasos reiterados.

  • Actualmente, solo están en funcionamiento tres plantas de Plastic Energy: en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), El Ejido (Almería) y Geelen (Países Bajos).

Una tecnología cuestionada por expertos y operadores del sector

Plastic Energy basa su actividad en la pirólisis, un proceso que transforma residuos plásticos en aceite pirolítico a altas temperaturas y en ausencia de oxígeno. Este aceite se utiliza posteriormente para producir nuevos plásticos. La empresa asegura que su método permite reciclar aquellos residuos que no pueden ser reutilizados mecánicamente, evitando así su incineración o vertido.

Sin embargo, documentos internos y testimonios de expertos revelan limitaciones importantes:

  • La calidad del aceite producido es baja y contiene contaminantes, algunos cancerígenos, que dañan los equipos industriales. Por ello, en plantas como la de TotalEnergies en Amberes (Bélgica), solo se puede mezclar un 5% de Tacoil con un 95% de nafta virgen.
  • Esto implica que por cada tonelada de plástico reciclado, es necesario producir 19 toneladas de plástico virgen, lo que contradice los principios de economía circular que promueve la empresa.
  • El rendimiento real del proceso es bajo: solo el 28% de los residuos plásticos tratados se convierte en nuevos plásticos reutilizables.
  • Los envases finales fabricados a partir de este proceso contienen un máximo del 5% de material reciclado, y apenas un 2% si se consideran todas las pérdidas.

Pese a ello, Plastic Energy mantiene que sus resultados son sólidos, aunque los análisis independientes y las aplicaciones industriales actuales no respaldan estas cifras.

Subvenciones millonarias y un accionariado polémico

A lo largo de su trayectoria, Plastic Energy ha recibido más de 30 millones de euros en subvenciones de la administración central, autonómica y municipal en España, además de fondos europeos. Entre sus accionistas destaca el fondo LetterOne, propiedad del oligarca ruso Mijail Fridman, sancionado por la Unión Europea tras la invasión de Ucrania, así como inversores relacionados con antecedentes judiciales en Latinoamérica.

La estructura societaria de la empresa se ha reconfigurado recientemente, trasladando el control de sus filiales a una sociedad británica y diversificando la presencia en países como Estados Unidos, Australia, Malasia, Países Bajos y Alemania.

Resultados económicos negativos y dependencia de la financiación

Las cuentas de Plastic Energy reflejan un panorama preocupante. En 2024, la matriz española declaró pérdidas por 171 millones de euros, mientras que la filial operativa en España acumuló un resultado negativo de 53,5 millones y un patrimonio neto negativo de 76,5 millones. La facturación anual, de 6,4 millones, ni siquiera cubre los gastos de personal.

La empresa depende de constantes inyecciones de capital y ampliaciones de deuda para sostener su actividad. Solo desde 2020 ha realizado 13 ampliaciones de capital y ha cerrado acuerdos de financiación por valor de más de 280 millones de euros. Además, enfrenta la devolución de un préstamo de 100 millones en agosto de 2026, y ya prepara una nueva ronda de financiación.

El mercado del reciclaje químico en España y Europa

El sector del reciclaje químico de plásticos en Europa sigue siendo marginal. De las 18 plantas en funcionamiento en todo el continente, solo tres pertenecen a Plastic Energy. Su capacidad conjunta apenas alcanza el 0,87% de los residuos plásticos generados anualmente en Europa, muy lejos de los objetivos y promesas de la industria.

  • En España, fuera de Plastic Energy, solo existen iniciativas piloto y proyectos en fase de autorización o construcción, como los de Repsol, Greene Enterprise y Piroplast Energy.

Críticas al modelo de negocio y a la financiación pública

Diversos expertos y voces del sector ambiental señalan que el modelo de negocio de Plastic Energy y compañías similares se sostiene sobre subvenciones públicas y nuevas exigencias regulatorias europeas que impulsan la demanda de contenido reciclado en los envases. Sin embargo, la tecnología actual no garantiza ni circularidad real ni una reducción significativa de emisiones de CO2.

Helmut Maurer, del Departamento de Medio Ambiente de la Comisión Europea, denuncia que los consumidores están subvencionando infraestructuras que permiten a la industria de los combustibles fósiles promocionar como sostenible el plástico reciclado, sin que se exijan evaluaciones rigurosas de impacto ambiental en los proyectos financiados con fondos europeos.

Perspectivas y futuro de Plastic Energy

Plastic Energy defiende su estrategia de inversión en I+D y desarrollo de plantas como parte de una fase de crecimiento, y confía en que la normativa europea sobre reciclaje y economía circular le permitirá alcanzar la rentabilidad en el futuro. Sin embargo, la realidad actual muestra una empresa dependiente de la financiación externa, con resultados económicos negativos y una tecnología cuya eficiencia es fuertemente cuestionada.

El caso de Plastic Energy ilustra los retos y contradicciones del reciclaje químico de plásticos en Europa: una industria que, a pesar de las grandes inversiones y la presión regulatoria, aún está lejos de ofrecer soluciones sostenibles y escalables para el problema global de los residuos plásticos.

Nota:

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