Trump recibe apoyo de Putin y reduce prioridad a Ucrania en la agenda global

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Trump obtiene el respaldo de Putin y relega Ucrania a un segundo plano en la agenda internacional

La política exterior del presidente estadounidense Donald Trump ha experimentado un giro significativo en su segundo mandato, marcado por la obtención de la aquiescencia del Kremlin y una menor implicación de Estados Unidos en el conflicto de Ucrania. Mientras Europa queda marginada y las negociaciones de paz se estancan, Rusia parece sacar ventaja de la nueva coyuntura geopolítica.

El cambio de enfoque estadounidense en la guerra de Ucrania

Al iniciar su segundo mandato, Donald Trump expresó su determinación de poner fin pronto a la guerra en Ucrania. Sin embargo, un año después, esta meta se ha visto frustrada por la falta de acuerdos entre Moscú y Kiev, así como por la ausencia de incentivos económicos inmediatos para la administración estadounidense. Como resultado, Ucrania ha perdido protagonismo en la agenda internacional de la Casa Blanca.

Pese a la aparente inacción, Trump ha logrado que el Kremlin ignore sus movimientos más controvertidos en política exterior. En poco tiempo, Washington ha tensado sus relaciones con sus aliados europeos, ha elevado el riesgo de conflicto en Oriente Medio, ha mostrado apoyo tácito a la ofensiva israelí en Gaza y ha manifestado intenciones de revivir la influencia estadounidense en Latinoamérica.

La connivencia ruso-estadounidense ante la pasividad europea

Mientras el Kremlin observa con tranquilidad estas maniobras, Trump percibe una libertad de acción allí donde los intereses de Estados Unidos no se enfrentan directamente a los de Rusia. Sin embargo, en el tablero ucraniano, Moscú continúa moviendo ficha para alcanzar sus objetivos estratégicos, contando con que Washington no se opondrá frontalmente.

La reciente reunión trilateral en Abu Dabi entre representantes de Ucrania, Rusia y Estados Unidos, aunque clave en lo formal, ha evidenciado el cambio de rol de Washington, que ha pasado de ser parte activa en el conflicto a ejercer de mediador. Esta nueva postura busca limitar la implicación directa de Estados Unidos en una guerra cuya resolución parece cada vez más favorable a los intereses rusos.

Groenlandia y la UE: un tablero de tensiones

Uno de los episodios más ilustrativos de la actual política exterior de Trump fue la crisis de Groenlandia. El Kremlin, lejos de oponerse, ha mostrado una actitud comprensiva hacia la Casa Blanca, incluso cuestionando la legitimidad de la administración danesa sobre la isla y calificándola de conflicto colonial sin resolver. Esta posición beneficia a Rusia, ya que debilita la influencia de la Unión Europea y la OTAN, ambos blanco de las amenazas estadounidenses durante la crisis.

Finalmente, el anuncio de un preacuerdo entre la OTAN y Dinamarca, carente de sustancia, ha dejado la situación prácticamente igual que antes de las amenazas de anexión lanzadas por Trump, quien también amagó con imponer nuevos aranceles a los países europeos más críticos con su administración.

El caso de Gaza: la “Junta de Paz” y el apoyo ruso

Trump ha contado con el respaldo de Putin en iniciativas tan polémicas como el manejo de la crisis en Gaza, donde propuso la creación de una “Junta de Paz” presidida vitaliciamente por él mismo e integrada por aliados internacionales, incluido el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. La Autoridad Nacional Palestina fue excluida de inmediato, y la entrada en la Junta requería de un aporte económico difícilmente asumible por los palestinos. Putin, por su parte, sugirió utilizar los activos rusos congelados en Estados Unidos para contribuir a la financiación.

Esta propuesta, que contempla la transformación de Gaza en un polo inmobiliario al estilo de las ciudades futuristas del Golfo, ha recibido críticas por ignorar la catástrofe humanitaria en la región y priorizar intereses económicos y geopolíticos.

Negociadores sin experiencia y un optimismo infundado

La delegación estadounidense encargada de las conversaciones sobre Ucrania está encabezada por empresarios afines y familiares de Trump, como Jared Kushner y Steve Witkoff, ambos con escasa experiencia en política exterior y un enfoque más orientado a los negocios que a la resolución humanitaria o geopolítica del conflicto.

Desde el inicio de las negociaciones, la Casa Blanca ha mantenido un discurso optimista sobre la inminencia de un acuerdo, pese a que los hechos desmienten cualquier avance real: la guerra continúa, Rusia ha ampliado sus conquistas territoriales y la infraestructura ucraniana sufre un deterioro creciente debido a los ataques rusos.

Puntos irreconciliables y el futuro de las negociaciones

Las diferencias entre las partes siguen siendo profundas, especialmente en lo relativo a la soberanía de los territorios ocupados por Rusia desde la invasión de 2022 y la anexión de Crimea en 2014. Kiev rechaza ceder cualquier parte de su territorio, mientras que Moscú exige el reconocimiento de la anexión, incluyendo las zonas aún bajo control ucraniano como parte del Donbás.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mantiene una postura optimista en público, consciente de que su margen de acción depende en gran medida del respaldo estadounidense, ante una Europa cada vez más relegada en el proceso. No obstante, las ayudas europeas son irregulares y la asistencia militar estadounidense, abastecida en parte por Europa, sigue siendo fundamental para Ucrania.

La postura de Rusia y la exclusión de Europa

Rusia ha dejado claro que solo habrá avances si se resuelve la cuestión territorial. La inclusión en las conversaciones de un alto mando militar ruso, el almirante Igor Kostiukov —figura sancionada por la Unión Europea—, evidencia la determinación de Moscú y su desdén hacia el papel europeo en el proceso.

Por su parte, el Kremlin ha criticado abiertamente a la Unión Europea, calificando a sus representantes de incompetentes e incapaces de entender la nueva realidad geopolítica. Para Moscú, la participación estadounidense resulta útil, ya que le permite ganar tiempo en el frente de batalla y fortalecer su posición negociadora.

Conclusión: una política exterior de amenazas y fuegos artificiales

El primer año del segundo mandato de Trump ha estado marcado por una política exterior caracterizada por amenazas, gestos grandilocuentes y escasos resultados tangibles. El respaldo tácito de Putin ha permitido a Trump avanzar en sus intereses sin una confrontación directa con Rusia, mientras Ucrania queda relegada y Europa pierde peso en la resolución del conflicto.

En este contexto, las perspectivas de una paz duradera en Ucrania se ven ensombrecidas por la falta de compromisos firmes, la prioridad de los intereses económicos sobre los humanitarios y la creciente desconexión entre las potencias occidentales y el tablero de juego ruso.

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