Trump y el renovado imperialismo estadounidense: ¿cómo puede Europa responder?
El ascenso de un nuevo orden mundial, marcado por la fuerza y el unilateralismo defendidos por Donald Trump, está obligando a la Unión Europea y a sus Estados miembros a reconsiderar su papel en la esfera internacional. La pérdida de influencia global de Estados Unidos ha puesto fin a la llamada ‘pax americana’ y ha abierto un escenario de incertidumbre en la relación transatlántica.
- Trump y el renovado imperialismo estadounidense: ¿cómo puede Europa responder?
- El deterioro de la alianza transatlántica
- El trasfondo del giro estadounidense
- El papel de Europa ante el expansionismo estadounidense
- Escenarios de respuesta europea
- ¿Más militarismo o alternativa pacifista?
- La necesidad de autonomía estratégica
- Alianzas y relaciones internacionales: más allá de EEUU
- Fortaleza comercial y cohesión interna
- El reto europeo: decidir su papel en el mundo
El deterioro de la alianza transatlántica
Según diversos expertos en relaciones internacionales consultados, la confianza mutua entre la Unión Europea y Estados Unidos se ha erosionado significativamente. Mercedes Guinea, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, afirma que “Estados Unidos ya no es un socio de la Unión Europea”, subrayando que una alianza se fundamenta en la confianza, un elemento que se ha visto socavado por la estrategia expansiva y las amenazas de Trump.
Javier Carbonell, director de Future Policy Lab y profesor en Sciences Po París, coincide en que la relación entre ambos bloques se está descomponiendo rápidamente. El interrogante ahora es qué tipo de relación debe forjar Europa con Estados Unidos y, sobre todo, cómo puede el viejo continente responder al nuevo paradigma de poder impuesto desde Washington.
El trasfondo del giro estadounidense
Para entender la actitud de la actual administración estadounidense, Marga Ferré, presidenta de Transform! Europe, destaca la importancia de analizar las causas detrás del giro hacia la expansión unilateral y la política basada en la fuerza. “El imperialismo de EEUU es una reacción a un mundo que ya no dominan”, asegura. Ruth Ferrero-Turrión, experta en Ciencia Política y Estudios Europeos, coincide en que Estados Unidos es una potencia en declive y ve en China un competidor a superar.
Ferré añade que los países BRICS, con China a la cabeza, han crecido en la última década mucho más rápido que el G7, lo que alimenta la estrategia estadounidense de recuperar el control sobre mercados clave, especialmente en tecnología. De ahí deriva la presión para que Europa dependa de la tecnología norteamericana y la guerra arancelaria con China.
El papel de Europa ante el expansionismo estadounidense
La visión de Trump, centrada en la competencia directa con China y en la subordinación europea, forma parte del programa “Make America Great Again”. El objetivo es proyectar una imagen de fuerza y recuperar el estatus de superpotencia global, incluso a costa de tensar las relaciones con sus antiguos aliados.
Sin embargo, los expertos coinciden en que Trump no actúa en solitario, sino que su enfoque responde a una corriente dominante dentro del Partido Republicano. Para Carbonell, Estados Unidos ha pasado de una estrategia de persuasión a otra de intimidación, retomando viejas doctrinas como la Monroe, orientadas a explotar los recursos propios sin atender a las consecuencias internacionales.
Escenarios de respuesta europea
Europa debe posicionarse en dos planos fundamentales:
- Corto plazo: Responder a movimientos inmediatos, como las aspiraciones estadounidenses sobre Groenlandia. Algunos países europeos han desplegado fuerzas militares en la isla, enviando un mensaje de firmeza a Washington, aunque la dependencia militar y comercial de la UE respecto a EEUU limita la capacidad de reacción europea.
- Largo plazo: Redefinir el papel europeo en el nuevo orden global y decidir si apuesta por reforzar su poder militar o por una estrategia basada en el derecho internacional y la cooperación.
¿Más militarismo o alternativa pacifista?
Existe un debate abierto sobre si Europa debe incrementar su capacidad militar. Mercedes Guinea sostiene que para proteger los valores europeos y ser respetados internacionalmente, es imprescindible fortalecer la defensa. A su juicio, “quien te protege, exige vasallaje”.
Por el contrario, voces como Marga Ferré y Federico Tomasone, de la Fundación Rosa Luxemburgo, defienden una estrategia opuesta. Abogan por abandonar el militarismo, invertir en cooperación, fortalecer el derecho internacional y buscar relaciones menos jerárquicas, especialmente con el Sur global. Consideran que competir en el terreno de la fuerza solo perpetuaría la lógica impuesta por Trump.
La necesidad de autonomía estratégica
Para avanzar hacia una mayor autonomía, Ferré propone incluso la salida de la OTAN y el desarrollo de una política de seguridad europea propia, por ejemplo, a través de la OSCE. Sin embargo, advierte del riesgo de caer en la lógica de que el poder se mide únicamente en términos militares, una idea que considera superada.
Tomasone subraya que cualquier cambio real exige también una transformación interna de la UE, abandonando políticas de austeridad y desigualdad, para construir una base más sólida desde la que negociar en el ámbito internacional.
Alianzas y relaciones internacionales: más allá de EEUU
Si bien algunos expertos consideran poco probable que la UE sustituya a Estados Unidos como principal interlocutor global, existe consenso en la necesidad de diversificar alianzas, acercándose a potencias como China y los países BRICS. La percepción de EEUU como amenaza, más que como socio, ha hecho que la actitud de China resulte más atractiva para muchos países europeos, sobre todo por intereses compartidos en materia de cambio climático y electrificación.
Pese a ello, Tomasone advierte que replantear alianzas no debe ser solo una cuestión táctica, sino que debe ir acompañada de una revisión profunda del modelo económico y político europeo actual.
Fortaleza comercial y cohesión interna
En el ámbito comercial, los expertos abogan por que Europa deje de depender exclusivamente de Estados Unidos y fortalezca su presencia en otros mercados. Los acuerdos comerciales con Mercosur, Indonesia y México, así como las negociaciones con India, se interpretan como una respuesta a los aranceles estadounidenses, aunque su eficacia está aún por demostrar.
La unidad es otro punto clave. Ante la dificultad de que los 27 miembros de la UE actúen al unísono, algunos expertos consideran posible avanzar mediante “grupos de países” dispuestos a coordinarse más estrechamente, consolidando así una “Europa de varias velocidades”.
El reto europeo: decidir su papel en el mundo
En definitiva, Europa enfrenta el desafío de decidir qué papel quiere jugar en un mundo multipolar y cómo quiere hacerlo. La disyuntiva está entre aumentar su poder militar para competir de tú a tú con otras potencias o apostar por una estrategia alternativa basada en la cooperación internacional y el fortalecimiento de sus propios valores democráticos y sociales.
Lo que parece claro es que, en el nuevo escenario global, Europa debe reforzar su autonomía, diversificar sus alianzas y fortalecer su cohesión interna si quiere evitar quedar relegada a un papel secundario frente a la renovada ambición imperial de Estados Unidos.
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