Trump sacude el orden mundial: bombardeo a Venezuela revela su nueva doctrina de fuerza

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Trump, la mayor amenaza al orden global: hegemonía, codicia y el mito del pacificador

La reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que incluyó el bombardeo del país y la detención de su presidente Nicolás Maduro, marca un giro contundente en la política exterior de Washington y evidencia la consolidación de una nueva doctrina de seguridad. Esta estrategia, anunciada tan solo un mes antes por el presidente estadounidense, apuesta claramente por el uso de la fuerza para imponer una visión hegemónica sustentada en el poder económico global de Estados Unidos.

Intervención en Venezuela: objetivos más allá de la retórica

El ataque militar directo a Venezuela y el traslado forzoso de Maduro hacia territorio estadounidense, bajo acusaciones de narcotráfico y corrupción, responden a intereses que van mucho más allá del discurso oficial. La acción se percibe como parte de un plan estratégico cuidadosamente orquestado, cuyo trasfondo es el control de las vastas reservas petroleras venezolanas, la contención de la influencia de China en América Latina, la limitación de la presión rusa en el Caribe y la supresión de cualquier intento de desafío de gobiernos de corte progresista en la región.

Tras el operativo, el presidente estadounidense dejó claro que su país mantendrá su presencia en Venezuela hasta lograr lo que denominó una “transición segura y adecuada”, declarando abiertamente que Estados Unidos no se retirará hasta que sus objetivos se hayan cumplido.

La doctrina Trump: intervencionismo sin fronteras

Las acciones emprendidas por la administración Trump, que incluyen el derrocamiento de un líder electo y la violación de la legalidad internacional, no deberían sorprender. Refuerzan la doctrina de seguridad nacional recientemente presentada, que promueve un intervencionismo sustentado en la fuerza y en la supremacía económica de Washington, extendiendo su influencia a cualquier rincón del planeta.

Desde Nigeria hasta Irán, y desde Groenlandia hasta Venezuela, la política estadounidense bajo el liderazgo de Trump ha demostrado estar dispuesta a intervenir militarmente allá donde perciba amenazas o intereses estratégicos. Este patrón ya se había manifestado en 2025 con la imposición de aranceles y la escalada de tensiones comerciales a nivel mundial, bajo la promesa –no cumplida– de detener conflictos internacionales.

Fracaso en la construcción de la paz

A pesar de la imagen de pacificador que Trump intenta proyectar, la realidad evidencia lo contrario. En ninguna de las crisis globales recientes –desde el Cáucaso hasta Asia y África– la mediación estadounidense ha logrado establecer una paz duradera. Tampoco en conflictos de alto impacto, como la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán, donde las acciones militares no han resuelto los enfrentamientos.

El caso de Gaza es especialmente significativo: lejos de alcanzar una solución, la administración Trump solo ha logrado modificar el ritmo de los ataques israelíes, mientras alienta a Israel a intensificar el asedio y la anexión progresiva de la Franja palestina.

En Ucrania, el prometido desenlace rápido del conflicto ha dado paso a una guerra estancada, en la que Washington ha demostrado un interés decreciente en comparación con el atractivo estratégico y económico que representa Venezuela.

Rusia y China: los límites del hegemonismo estadounidense

Las dificultades de la administración Trump para influir sobre Rusia y China son notorias. Moscú ha resistido los embates diplomáticos y militares de Washington, apoyándose en su capacidad nuclear y en la experiencia ante la presión internacional. China, por su parte, se ha consolidado como el principal rival geopolítico de Estados Unidos, obligando a la Casa Blanca a recalibrar su estrategia.

En este contexto, la intervención en Venezuela representa una advertencia tanto a los gobiernos latinoamericanos críticos con Washington como al resto del mundo, reafirmando el principio de la Doctrina Monroe bajo una nueva versión: América para los estadounidenses, pero solo para los de Estados Unidos.

Reacciones internacionales y el papel de Europa

La respuesta europea a la operación militar en Venezuela ha sido tibia, en contraste con la condena unánime que suscitó la invasión rusa de Ucrania en 2022. En esta ocasión, la atención se ha centrado más en las posibles repercusiones económicas y oportunidades derivadas de la acción estadounidense, que en la violación del derecho internacional y la soberanía venezolana.

Mientras tanto, medios estadounidenses recalcaron el retorno del intervencionismo estadounidense bajo la administración Trump, destacando la espectacularidad de los ataques y la extradición forzosa de Maduro, en una maniobra reminiscentes de la operación que llevó a la detención de Manuel Antonio Noriega en Panamá en 1989.

El petróleo, eje de la intervención

En declaraciones posteriores al ataque, el presidente estadounidense no ocultó el interés de su administración en la industria petrolera venezolana, afirmando que las mayores compañías petroleras del mundo participarán activamente en el sector bajo la supervisión de Washington. Esta afirmación refuerza la percepción de que el control de los recursos energéticos fue el verdadero motor de la operación militar.

La reacción internacional no se hizo esperar. Tanto Rusia como China condenaron enérgicamente la intervención militar, advirtiendo sobre las amenazas que plantea para la estabilidad regional y el orden internacional. China, en particular, subrayó que la operación constituye una violación grave del derecho internacional y de la soberanía venezolana.

Implicaciones geopolíticas y económicas

Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, además de importantes yacimientos de gas y minerales críticos. China ya había manifestado su interés en participar en la explotación y comercialización de estos recursos, lo que añade una dimensión adicional a la disputa estratégica en la región.

El anuncio de la Casa Blanca de asumir temporalmente el control de la infraestructura petrolera venezolana representa una de las más descaradas manifestaciones de imperialismo estadounidense desde la invasión de Irak, según diversos analistas internacionales.

Conclusión: codicia y hegemonía bajo un nuevo paradigma

La intervención de Estados Unidos en Venezuela bajo el liderazgo de Trump consolida una nueva era de intervencionismo militar y económico, donde la codicia y la hegemonía desplazan cualquier pretensión de pacificación. Más allá de la retórica, los hechos demuestran que Trump se ha erigido en el principal factor de desestabilización del orden global, estableciendo un precedente peligroso para la legalidad internacional y la soberanía de los estados.

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