Caraqueños priorizan sobrevivir al día a día y desestiman amenazas de Trump

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En Caracas predomina la apatía frente a las amenazas de Trump: la prioridad es llegar a fin de mes

En Caracas, la amenaza constante de una posible invasión militar estadounidense, liderada por declaraciones altisonantes de Donald Trump, parece haber perdido fuerza como factor de preocupación para la población. A pesar de la retórica y los movimientos militares en la región, la vida cotidiana en la capital venezolana transcurre marcada por la resiliencia y el deseo de sobrellevar las dificultades económicas, más que por el miedo a un conflicto bélico inminente.

La cotidianidad se impone sobre la tensión internacional

En los barrios populares de Caracas, el ambiente navideño predomina. En una tasca de San Agustín, una joven resume el sentir general con humor al comparar la inacción de su interlocutor con la de Trump. Las calles lucen decoradas, la música y las risas llenan el aire, y la amenaza de una «armada jamás reunida en la historia de Sudamérica», mencionada recientemente por el expresidente estadounidense, parece lejana y sin efecto en el ánimo colectivo.

Para Lisbeth, madre soltera de 27 años, el principal reto sigue siendo económico. «Si tiene que pasar algo que pase, pero hasta entonces yo lo que quiero es llegar a fin de mes», afirma mientras compara precios en el Mercado de Quinta Crespo para preparar su tradicional menú navideño. La preocupación por los movimientos militares es secundaria frente a la urgencia de cubrir las necesidades básicas.

Una población inmunizada ante el miedo

La recurrente amenaza de intervención militar y la presión internacional no son novedad para los venezolanos. Tras años de sanciones y tensiones diplomáticas, la población parece haber desarrollado una suerte de inmunidad psicológica. Aunque el riesgo de escalada armada vuelve a estar presente, como ocurrió durante el primer mandato de Trump, el miedo no paraliza a la gente.

Sharon, vendedora de artesanías en el bulevar Sabana Grande, lo sintetiza: «Hasta que algo pase tenemos que seguir, ¿no?». Relata cómo, tras el aumento de la presencia militar estadounidense en el Caribe, dudó si viajar a Caracas, pero finalmente decidió continuar su rutina. «Creo que va a pasar algo, pero hasta que eso ocurra, hay que vivir», comenta mientras organiza su mercancía.

El bulevar Sabana Grande, una de las arterias comerciales más importantes de la ciudad, se ha convertido en un vibrante mercado al aire libre desde que el gobierno de Nicolás Maduro decretó el adelanto de la Navidad el 1 de octubre. La medida busca no solo animar el consumo, sino también transmitir tranquilidad frente a la tensión internacional.

  • Decoración navideña en calles y comercios
  • Actividades culturales y música tradicional
  • Entrega de bonos navideños a distintos sectores de la población

El oficialismo ha reforzado la idea de que Venezuela enfrenta una «guerra cognitiva», en la que Estados Unidos busca generar miedo y desestabilización. Frente a esto, el gobierno apuesta por el consumo interno y la normalidad festiva como respuesta.

Impacto económico de la presión internacional

A pesar de los esfuerzos del gobierno y el espíritu resiliente de la sociedad, la presión internacional se siente con fuerza en la economía diaria. El intento de bloqueo naval y aéreo ha complicado la exportación de petróleo, que representa aproximadamente un 25% del PIB venezolano, y ha contribuido al aumento de los precios. Diversas organizaciones estiman una inflación del 600% para 2026, aunque el Banco Central de Venezuela aún no ha confirmado estas cifras.

En los comercios, la preferencia por el dólar frente al bolívar se acentúa, con precios diferenciados según la moneda de pago. «Mucha gente pasea, pero poca compra», señala un vendedor de ropa en Sabana Grande. El dólar, cada vez más fuerte frente a la moneda local, se consolida como referencia en transacciones cotidianas.

Resiliencia y resignación ante la crisis

Lourdes, cocinera en un restaurante de Chacao, reconoce que la situación económica es mejor que en los peores años de la crisis, aunque los precios siguen en aumento. Como muchos venezolanos, depende de las remesas enviadas por familiares en el extranjero. «¿Quién va a querer guerra? Nadie cuerdo puede querer eso, yo solo quiero que la cosa se arregle y vuelva mi hijo», comenta con emoción.

La apatía política se ha extendido en un país marcado por años de promesas incumplidas y cambios frustrados. «Venga quien venga que arreglen esta vaina, más nada le pedimos», declara José Gil, conductor de 65 años y opositor al gobierno, resumiendo el sentir de muchos que priorizan la estabilidad económica sobre la polarización política.

Conclusión

Frente a las amenazas externas y la incertidumbre política, la sociedad caraqueña demuestra una capacidad de adaptación notable. La apatía, más que el miedo, se ha instalado como reacción ante una crisis prolongada. Para la mayoría, la prioridad sigue siendo sobrevivir el día a día, celebrar la vida y, sobre todo, llegar a fin de mes.

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