A un año del alto el fuego en Gaza: 1.467 muertos y la crisis humanitaria se agrava

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Un año del fallido alto el fuego en Gaza: 1.467 víctimas y una crisis humanitaria sin precedentes

Se cumple un año desde que entrara en vigor el alto el fuego entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza, un acuerdo que fue recibido con esperanza internacional pero que, en la práctica, ha dejado al descubierto profundas deficiencias estructurales y una alarmante falta de avances en la búsqueda de una paz sostenible. Durante estos 365 días, la violencia ha continuado y las condiciones de vida en Gaza se han deteriorado hasta niveles críticos.

Persistencia de la violencia y desequilibrio en las concesiones

El acuerdo, que se firmó tras más de dos años de asedio y al menos 74.000 muertes –en su mayoría civiles–, prometía un cese de hostilidades y una hoja de ruta para la reconstrucción y la convivencia pacífica en la región. Sin embargo, las cifras más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirman que desde la entrada en vigor del alto el fuego, al menos 1.467 personas han perdido la vida en Gaza como consecuencia de ataques israelíes con drones, cuadricópteros y francotiradores. Además, 5.317 gazatíes han resultado heridos, incrementando la ya elevada tasa de personas amputadas, especialmente entre la población infantil.

Mientras tanto, Hamás ha dado los pasos más significativos hacia la paz, aceptando el desarme y disolviendo su gobierno en la Franja. Por el contrario, Israel ha realizado avances mínimos y ha incumplido varios puntos clave del acuerdo, lo que ha impedido consolidar una paz efectiva.

Crisis humanitaria: insuficiencia de ayuda y colapso sanitario

La situación humanitaria en Gaza es crítica. Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA), la cantidad de camiones de ayuda humanitaria que accede diariamente a la Franja es muy inferior a lo pactado y no cubre las necesidades básicas de la población. Aunque el compromiso era permitir la entrada de 600 camiones al día, la cifra real oscila entre 70 y 85, según la directora de UNRWA en España, Raquel Martí. La información proporcionada por las autoridades israelíes difiere, ya que incluyen en sus estadísticas camiones con mercancías no alimentarias o productos de empresas privadas inaccesibles para la mayoría de la población debido a la pobreza generalizada.

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El bloqueo y las restricciones a la entrada de materiales han agravado el colapso sanitario: la infraestructura hospitalaria está severamente dañada, faltan equipamientos y medicamentos, y los hospitales activos no pueden atender adecuadamente a la población. Además, la contaminación del acuífero, la acumulación de residuos y la proliferación de enfermedades infecciosas componen un escenario de emergencia sanitaria sin precedentes.

  • 1,4 millones de gazatíes viven en situación de crisis alimentaria (fase 3 según la FAO).
  • 212.000 personas se encuentran en situación de emergencia (fase 4).
  • El bloqueo total de la ayuda durante dos meses provocó la muerte por hambre de al menos 460 personas, incluidos 157 menores.

Incumplimientos del acuerdo de paz y bloqueo político

El acuerdo de paz contemplaba dos fases: la primera incluía el cese total de hostilidades, el intercambio de rehenes por presos, la entrada de ayuda y la retirada parcial de las tropas israelíes a una zona delimitada. La segunda fase estipulaba el desarme de Hamás y otras facciones, la presencia de una Fuerza Internacional de Estabilización, la retirada total de Israel y la transferencia de la administración de Gaza a un organismo civil (NCAG).

Hasta el momento, solo se ha completado el intercambio de rehenes y presos. El resto de los compromisos han sufrido retrasos o incumplimientos. Israel continúa restringiendo la entrada de ayuda, mantiene ataques esporádicos y desplaza progresivamente la llamada “línea amarilla” hacia el interior de Gaza, confinando a la población en el 35% del territorio.

Desarme de Hamás y ausencia de reciprocidad

Durante el año transcurrido, Hamás ha anunciado la entrega de armas policiales y la disposición a transferir su armamento militar al NCAG, tal como estipulaba el plan. Sin embargo, la puesta en práctica de este acuerdo depende de la autorización israelí para que este organismo cruce desde Egipto a Gaza, un permiso que aún no se ha concedido. Israel condiciona cualquier avance a la verificación previa e independiente del desarme total de Hamás, lo que rompe el principio de reciprocidad y bloquea el proceso.

Expertos como Leyla Hamad Zahonero, del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), consideran que el acuerdo favorece unilateralmente a Israel, ya que exige a Hamás cumplir sus obligaciones sin exigir contrapartidas reales a Tel Aviv. La falta de mecanismos internacionales para sancionar los incumplimientos perpetúa la asimetría en las relaciones de poder y dificulta la consolidación de la paz.

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Un sistema de gestión sin representación palestina

El diseño institucional del proceso de paz ha sido otro de los puntos criticados por analistas internacionales. El Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), encargado de gestionar la Franja, tiene competencias técnicas limitadas y carece de autonomía política. Las decisiones clave se toman en órganos superiores, como la Junta de Paz, presidida por el expresidente estadounidense Donald Trump, que incluye mandatarios afines a Israel y deja fuera a los representantes palestinos. Este esquema refuerza la percepción de que el proceso está más orientado a tutelar la vida en Gaza que a garantizar la autodeterminación de su población.

  • La Junta de Paz, máximo órgano de decisión, está presidida por Donald Trump y conformada mayoritariamente por aliados de Israel.
  • El Comité Ejecutivo Fundacional y la Junta Ejecutiva de Gaza, ambos dominados por figuras cercanas a Trump, supervisan la gestión diplomática y financiera.
  • El NCAG, único órgano gazatí, tiene funciones técnicas, sin influencia en las decisiones estratégicas.

Conclusiones: un año sin avances tangibles

Balanceando los hechos, la comunidad internacional y los organismos humanitarios coinciden en señalar que, a un año de la firma del alto el fuego, los avances en la construcción de una paz estable y justa en Gaza son prácticamente inexistentes. El acuerdo ha fracasado en su objetivo principal: garantizar la seguridad y el bienestar de la población palestina y sentar las bases para una solución duradera al conflicto.

La falta de mecanismos de verificación y sanción, la asimetría de poder entre los actores implicados y la ausencia de representación palestina en los órganos decisorios han convertido el proceso de paz en un sistema disfuncional. A día de hoy, la Franja de Gaza sigue siendo escenario de violencia, crisis humanitaria y profunda incertidumbre sobre el futuro.

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