Fouzi Lekjaa, de estrella futbolística a figura clave en la política marroquí tras polémicas elecciones

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Fouzi Lekjaa: del fútbol al centro de la política marroquí tras unas elecciones bajo sospecha

El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), liderado por la figura emergente de Fouzi Lekjaa, ha logrado imponerse en las recientes elecciones legislativas de Marruecos, en un contexto marcado por la abstención récord y las promesas centradas en el Mundial de 2030. Con apenas 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes, el PAM se consolida como pieza clave para la conformación del próximo gobierno, aunque la baja participación y las dudas sobre el proceso electoral ensombrecen la victoria.

El ascenso de Lekjaa: de tecnócrata a referente político

Fouzi Lekjaa (Berkán, 1970), hasta hace poco un nombre poco conocido fuera del ámbito futbolístico, ha capitalizado su éxito al frente de la Real Federación Marroquí de Fútbol desde 2014. Su gestión es recordada por el histórico cuarto puesto de Marruecos en el Mundial de Catar 2022 y por la designación del país como coorganizador del Mundial 2030, junto a España y Portugal. Ingeniero agrónomo e inspector de Finanzas, Lekjaa ha escalado en la administración marroquí, llegando en 2011 a la Dirección de Presupuestos y, desde 2021, ejerciendo además como ministro delegado de Presupuesto.

La política y el deporte se han entrelazado en su carrera, convirtiéndolo en un símbolo de la modernización estatal y en la apuesta de la élite marroquí por el escaparate internacional que representa el fútbol. En julio de 2026, formalizó su afiliación al PAM y, aunque no figuró en las papeletas electorales, su imagen dominó la campaña, prometiendo que Marruecos acogería la final del Mundial.

Participación histórica a la baja y desafección juvenil

Las legislativas del 24 de septiembre de 2026 registraron la cifra más baja de participación en dos décadas: solo el 38,08% de los inscritos acudió a votar. De los cerca de 28 millones de marroquíes en edad de votar, apenas 15,8 millones se censaron y unos seis millones participaron efectivamente, lo que significa que apenas uno de cada cinco marroquíes con derecho a voto decidió la composición del Parlamento.

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La abstención, lejos de ser un fenómeno puntual, refleja una tendencia de desapego, especialmente entre los jóvenes. Se estima que el segmento de 18 a 24 años apenas representa el 4% del censo, resultado de la falta de expectativas materiales. El desempleo juvenil alcanzó el 27,2% en el segundo trimestre de 2026, y si se consideran el subempleo y el abandono de la búsqueda de trabajo, la infrautilización laboral ronda el 45,3%.

Marruecos, un país de contrastes

El país vive lo que el propio rey Mohamed VI definió como un Marruecos “a dos velocidades”. Por un lado, la modernización visible en infraestructuras como el tren de alta velocidad Al Boraq, y por otro, la realidad de la periferia urbana y el interior rural, donde la pobreza y la carencia de servicios públicos esenciales persisten. Este contraste ha alimentado movimientos de protesta juvenil, como el GenZ 212, que en 2025 exigieron más inversión en sanidad y educación frente a las grandes obras.

La campaña y la instrumentalización del fervor nacionalista

Durante la campaña, varios ministros recurrieron al discurso soberanista respecto a Ceuta y Melilla, solicitando su “restitución” al Estado marroquí. Sin embargo, estos mensajes no lograron movilizar a un electorado mayoritariamente desencantado. En contraste, Lekjaa supo canalizar el optimismo en torno al Mundial, prometiendo que la final se jugaría en Marruecos y que las obras asociadas traerían beneficios a nivel local, especialmente en la provincia de Benslimane, donde se construye el Gran Estadio Hassan II.

El Mundial 2030: vitrina internacional y negocio para la élite

El Estado marroquí ha destinado 25.000 millones de dirhams (unos 2.300 millones de euros) a la construcción y remodelación de estadios e infraestructuras de cara al Mundial, una cifra que equivale al 5% del presupuesto anual y supera la inversión en sanidad pública. Más allá del impacto deportivo, el evento representa un gran negocio para los poderes económicos vinculados a la corona, como el holding Al Mada, con intereses en sectores estratégicos como el cemento y el acero, beneficiados por la obra pública.

Lekjaa, como ministro delegado de Presupuesto, continuará gestionando los fondos públicos clave para el Mundial durante la transición política, lo que le otorga un control decisivo en el desarrollo del megaevento.

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El peso de la monarquía y la arquitectura del poder

A pesar del resultado electoral, la Constitución marroquí mantiene el control político en manos del rey Mohamed VI. El artículo 47 establece que el jefe de Gobierno debe provenir del partido más votado, pero deja margen al monarca para elegir el nombre. Además, las competencias clave (Interior, Exteriores, Asuntos Islámicos y Defensa) dependen directamente del rey, quien también preside el Consejo de Ministros.

El marco legal limita la pluralidad política, prohibiendo partidos con bases religiosas, étnicas o regionales, lo que excluye a formaciones rifeñas, saharauis o de izquierda marxista, restringiendo la capacidad de las elecciones para alterar las líneas maestras del sistema.

Panorama político fragmentado y desafíos para la gobernabilidad

Tras los comicios, la Cámara de Representantes queda altamente fragmentada. Ningún partido se acerca a la mayoría absoluta de 198 escaños. El Movimiento Popular logró 29 asientos, la socialista USFP 26, el Partido del Progreso y el Socialismo 19, y la Unión Constitucional 17. Otras formaciones menores completan el panorama. La reedición del tripartito (PAM, RNI e Istiqlal) suma 228 diputados y parece el escenario más probable, aunque las tensiones internas, especialmente entre PAM y RNI tras el fichaje estelar de Lekjaa, podrían complicar las negociaciones. El islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) encabezaría una oposición reforzada.

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Conclusión

La victoria del PAM bajo el liderazgo de Fouzi Lekjaa evidencia el papel central del fútbol como motor de modernización y herramienta política en Marruecos, pero también expone las limitaciones democráticas del sistema. El Mundial 2030 se perfila como la gran apuesta del régimen, mientras persisten profundas desigualdades sociales y territoriales, y la desafección ciudadana se convierte en el principal reto para el futuro del país.

Nota:

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