El documental ‘Naza’ desata polémica en Israel tras su éxito internacional
El documental Naza (2026), dirigido por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rashel Shashord, se ha convertido en un fenómeno internacional tras recibir el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia. Sin embargo, lejos de suscitar orgullo en su país de origen, la obra ha generado una fuerte controversia política y social en Israel, donde sus directores han sido objeto de severas críticas y hasta amenazas de desnaturalización.
Reconocimiento en Europa y rechazo en Israel
Desde su estreno, Naza ha despertado el interés de la crítica europea y se perfila como una de las favoritas para el Premio del Público Ciudad de Donostia en el Festival de Cine de San Sebastián. El documental se adentra en las estrategias militares utilizadas por las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) en la Franja de Gaza, presentando testimonios de quienes participaron directamente en las operaciones.
No obstante, en Israel la reacción ha sido opuesta. Tanto miembros del gobierno de Benjamín Netanyahu como líderes de la oposición han calificado la obra de “vil”, “traicionera” y han tildado a sus directores de “enemigos de Israel”. Para los sectores más conservadores, la película degrada la imagen de los soldados israelíes, retratándolos como perpetradores de crímenes de guerra y no como héroes nacionales.
Presión política y acusaciones de traición
La polémica escaló aún más cuando el ministro de Cultura y Deportes, Miki Zohar, solicitó al Ministerio del Interior que investigue a Abraham y Shashord, y evalúe revocarles la nacionalidad por presunta “traición” y “ayuda al enemigo en tiempos de guerra”. Este tipo de acusación, recogida en el artículo 99 del Código Penal israelí, puede acarrear penas de cadena perpetua y, en ciertas circunstancias, la pérdida de la ciudadanía.
El proceso de desnaturalización no exige una condena firme; basta con que el Ministerio del Interior presente indicios suficientes ante el Tribunal de Asuntos Administrativos de un supuesto “quebrantamiento de la lealtad” para iniciar el procedimiento.
Libertad creativa bajo amenaza
No es la primera vez que Miki Zohar se posiciona en contra de expresiones artísticas críticas. Su reforma de la financiación pública ha priorizado el apoyo a producciones comerciales alineadas con la visión oficialista, en detrimento del cine de autor que, según el ministro, solo tiene audiencia fuera de Israel. El Fondo Cinematográfico Shomron es uno de los principales beneficiarios de esta política, respaldando filmes centrados en historias de colonos en Cisjordania.
Testimonios anónimos y revelaciones impactantes
Naza recoge los relatos anónimos de 24 soldados y agentes de inteligencia israelíes, quienes describen operaciones militares en Gaza mediante el uso de drones y ataques dirigidos a edificios donde se encontraban tanto sospechosos de ser militantes de Hamás como civiles, incluidos niños y ancianos. Algunas declaraciones detallan cómo se incendiaban los restos de los edificios y cómo los francotiradores disparaban contra civiles que acudían a puntos de distribución de alimentos.
Uno de los testimonios más duros recogidos en el documental refleja el arrepentimiento de un militar: “Los nazis eran el diablo, pero… ¿qué soy yo?”. Estas confesiones, respaldadas por investigaciones de medios como +972 Magazine, Local Call y The Guardian, han sido sistemáticamente negadas por las autoridades israelíes y estadounidenses.
Implicaciones tecnológicas y éticas
El documental también analiza el papel de la tecnología en la guerra moderna. Se revela cómo la geolocalización a partir de teléfonos móviles permitió identificar y atacar a supuestos miembros de Hamás, aun a costa de la vida de numerosos inocentes. En un caso relatado, un solo ataque causó la muerte de 500 personas.
Algunas de las empresas tecnológicas que colaboran con la industria militar israelí han defendido sus productos asegurando que estos permiten reducir los daños colaterales. Sin embargo, los hechos documentados en Naza ponen en entredicho estas afirmaciones y subrayan que la verdadera responsabilidad recae en la voluntad política de quienes emplean estas tecnologías.
Contexto y antecedentes
El uso de la fuerza militar y los llamados “daños colaterales” no son nuevos en la historia de las operaciones israelíes en Gaza. Un antecedente destacado fue el bombardeo en 2009 de la vivienda de Nizar Rayan, líder de Hamás, donde murieron casi todos sus familiares. Este episodio generó indignación en algunos sectores de la sociedad israelí, pero la reacción ante los miles de civiles muertos durante el conflicto reciente ha sido mucho más tibia.
Desde el 7 de octubre, se estima que han fallecido cerca de 73.400 personas en la Franja de Gaza, la mayoría civiles. La aceptación de esta estrategia militar y la falta de cobertura mediática internacional han convertido el debate sobre la legitimidad de estas acciones en un tema prácticamente tabú.
Reacciones y apoyos minoritarios
Entre las pocas voces israelíes que han apoyado a los directores de Naza destaca la de Yousef Jabareen, líder del partido izquierdista Hadash, quien agradeció públicamente la valentía de mostrar al mundo la realidad en Gaza.
- Naza cuenta con la producción de The Guardian y JW Films.
- El proyecto cuenta con Jonathan Glazer como director ejecutivo, reconocido por su Óscar a “La zona de interés”.
Conclusión
El impacto internacional de Naza ha puesto en relieve las profundas divisiones dentro de la sociedad israelí respecto a la guerra en Gaza y la libertad de expresión. Mientras en Europa el documental es aclamado por su valentía, en Israel sus creadores enfrentan una campaña de desprestigio y amenazas legales. El debate sigue abierto sobre el papel del cine como herramienta de denuncia y la responsabilidad ética ante los crímenes de guerra en el siglo XXI.
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