Arturo Lezcano compara la emigración gallega con las migraciones actuales en su nuevo libro

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Arturo Lezcano: la diáspora gallega como espejo de las migraciones actuales

El periodista y escritor Arturo Lezcano acaba de publicar El país invisible, una obra que explora la historia y la memoria de la emigración gallega a América. En una reciente conversación en Viveiro (Lugo), Lezcano reflexionó sobre los paralelismos entre la experiencia de los gallegos y la de los migrantes contemporáneos, así como sobre las lecciones que ofrece el pasado para afrontar los retos del presente.

El hilo invisible de la emigración gallega

Lezcano rememora cómo, tras licenciarse en Periodismo en Santiago, comenzó a investigar y a vivir de cerca la experiencia migratoria gallega en América Latina. Su trayectoria profesional le llevó a residir en Buenos Aires y Río de Janeiro, donde recopiló historias de compatriotas cuyas vidas tejieron una nación ausente pero unida por la memoria y la solidaridad.

El autor destaca que la diáspora gallega es mucho más que una suma de relatos individuales. Se trata de una biografía colectiva que refleja los pesares y las adversidades sufridas por generaciones de emigrantes, pero también la capacidad de autoorganización, ayuda mutua y resiliencia de toda una comunidad.

Redes de apoyo y autoorganización

Uno de los aspectos que más sorprendió a Lezcano durante su investigación fue la capacidad de los gallegos para tejer redes de apoyo en los países de destino. Sociedades de instrucción, asociaciones mutualistas y centros gallegos desempeñaron un papel crucial en la integración social y laboral, proporcionando desde asistencia médica hasta espacios de ocio y educación.

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Esta estructura, lejos de responder únicamente a la solidaridad, se fundamentaba en la necesidad de sobrevivir y prosperar en contextos adversos. La pertenencia a sociedades de origen, como la de Hijos de Viveiro en Cuba, ayudaba a mantener los lazos comunitarios y facilitaba el retorno digno a Galicia, incluso tras la muerte.

De la venta ambulante a la creación de empresas

Lezcano subraya que muchos gallegos iniciaron su andadura en América desempeñando labores similares a las que hoy ejercen migrantes africanos y magrebíes: la venta ambulante. Estas actividades, lejos de limitarse a la subsistencia, fueron el germen de pequeños negocios familiares y, con el tiempo, de empresas dedicadas a sectores como el mobiliario, la construcción y las finanzas.

  • Venta ambulante de objetos cotidianos y religiosos.
  • Creación de negocios en barrios emergentes de grandes ciudades.
  • Innovación en el sistema de venta a plazos y crédito a población no bancarizada.
  • Transformación de mueblerías en entidades financieras.

El patrón de emprendimiento gallego se distinguió por su flexibilidad y capacidad de adaptación. A través de métodos como la venta a plazos, lograron ampliar el acceso a bienes de consumo y, posteriormente, consolidar auténticas redes empresariales.

Influencia política y social en América

La presencia gallega no se limitó al ámbito económico. En países como Panamá, la influencia de la comunidad gallega alcanzó incluso las élites políticas, con varios presidentes de ascendencia gallega en las últimas décadas. Sin constituir un lobby formal como otras comunidades migrantes, los gallegos ejercieron un “poder blando”, influyendo en la legislación y en la vida pública de los países de acogida.

Vanguardias culturales y empresariales

La diáspora también impulsó iniciativas culturales y artísticas de gran relevancia. Ejemplo de ello es la creación del Laboratorio de Formas y la fábrica de Sargadelos, comparada por Lezcano con la Bauhaus alemana. Desde América, figuras como Isaac Díaz Pardo y Luis Seoane promovieron una vanguardia gallega que influyó tanto en la Galicia peninsular como en las comunidades de ultramar.

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En el ámbito artístico, la huella gallega se percibe en ciudades como Buenos Aires, donde los murales de Seoane y las obras de Maruja Mallo forman parte del patrimonio urbano. Esta capacidad de integrar elementos culturales propios en la sociedad de acogida es, para Lezcano, un modelo a imitar por las diásporas actuales.

Paralelismos entre la emigración histórica y la migración actual

Uno de los mensajes centrales de El país invisible es la necesidad de reconocer los paralelismos entre la experiencia de los gallegos en América y la de los migrantes que hoy llegan a España. Lezcano advierte que muchos de los reproches que se hacen actualmente a los nuevos migrantes ya los sufrieron los gallegos en el pasado: acusaciones de falta de integración, estigmatización y discriminación.

  • Estigmatización y discriminación por origen étnico o nacional.
  • Integración variable según el país de destino y la estructura social.
  • Creación de enclaves comunitarios que funcionaban como “ciudades dentro de ciudades”.
  • Desafíos y resistencias ante la diversidad cultural y el mestizaje.

El autor propone una reflexión crítica sobre la actitud de la sociedad gallega y española ante la migración, instando a aprender de la memoria colectiva y a evitar repetir los errores del pasado.

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La pedagogía del arraigo y la memoria

Lezcano sugiere que el reconocimiento de la historia migratoria gallega puede servir como base para una pedagogía ciudadana que valore tanto el arraigo como el cosmopolitismo. Propone la creación de espacios —físicos o virtuales— donde los descendientes de emigrantes puedan compartir y conocer sus raíces, facilitando la integración y el entendimiento mutuo.

Esta visión invita a superar el tópico de la “morriña” y el desarraigo, poniendo en valor el papel de la diáspora gallega en la transformación de sociedades a ambos lados del Atlántico y la riqueza que aportan las migraciones, tanto para los países de origen como para los de destino.

Conclusión: una lección para el presente

El país invisible de Arturo Lezcano no es sólo un recordatorio de la dureza y la capacidad de superación de los gallegos emigrados, sino también una invitación a repensar la gestión de las migraciones en la actualidad. La experiencia gallega demuestra que la integración, la solidaridad y la memoria compartida son claves para construir sociedades abiertas y cohesionadas.

A través de la historia de su propio pueblo, Lezcano llama a no repetir los errores del pasado y a acoger a los nuevos migrantes con la misma dignidad y respeto que los gallegos reclamaron en su día. Porque, como él mismo señala, en la memoria de la diáspora se encuentran las claves para afrontar los desafíos del futuro.

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