Activistas de la Flotilla Global Sumud acusan a Israel de torturas tras ser interceptados en alta mar

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Activistas de la Flotilla Global Sumud denuncian torturas tras ser interceptados por Israel

Varios activistas participantes en la Flotilla Global Sumud han denunciado haber sido víctimas de violencia extrema y malos tratos por parte de las autoridades israelíes tras la interceptación de sus barcos en aguas internacionales. Las declaraciones, recogidas en Estambul tras su liberación, describen una serie de abusos físicos y psicológicos que, según los testimonios, pueden calificarse de tortura.

Relatos de violencia sistemática y condiciones inhumanas

Carolina Eltit, ciudadana chilena de origen palestino, viajaba a bordo del «Bianca Ita», uno de los primeros barcos interceptados al oeste de Chipre. Según su testimonio, al ser trasladados a Israel en lo que los activistas ya denominan «buques prisión», comenzaron los abusos: «Apenas subimos a bordo, nos pasaban por un pasillo donde nos golpeaban a todos, a mujeres y a hombres. Mucha sangre, costillas rotas, narices rotas. A mí me tomaron entre dos y un hombre me empezó a golpear fuerte en la boca del estómago. Perdí la conciencia», relató Eltit.

Dario Depalma, activista italiano que viajaba en el «Don Juan», vivió una experiencia similar. Relata que, pese a no mostrar resistencia durante el abordaje por parte de un comando militar israelí, fue sometido a descargas eléctricas con un táser y, posteriormente, obligado junto a otros activistas a dormir en condiciones extremas: «Nos quitaban toda prenda de abrigo y nos obligaban a dormir en el suelo de un contenedor mojado continuamente con agua para aumentar el frío», explicó.

Falta de atención médica y privaciones básicas

Los testimonios coinciden en señalar la ausencia total de atención médica durante el cautiverio. «No nos dieron nunca una medicina. Ni un parche. Los heridos dormían con todos en el suelo y no podíamos tratarlos. Intentábamos cortar la sangre con nuestras poleras; cuando nos tiraban agua de mar, recogíamos esa agua con las poleras para curar las heridas», recuerda Eltit.

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  • Acceso limitado al agua potable: solo una botella de medio litro para dos personas al día.
  • Alimentación insuficiente: únicamente pan distribuido entre los detenidos.
  • Condiciones de higiene precarias: cuatro días sin papel higiénico para 180 personas y solo dos baños químicos disponibles.

Además, los detenidos fueron sometidos a exposiciones prolongadas a calor extremo y privación de sueño, al ser cambiados de celda constantemente durante su estancia en prisión en territorio israelí.

Uso de violencia letal y trato degradante

Algunos de los relatos más graves incluyen el uso de balines de goma y otro tipo de munición no letal que causaron fracturas y heridas severas a los activistas. En uno de los buques, según Eltit, se registraron incluso disparos que provocaron lesiones graves, además del uso reiterado de bombas de sonido.

La situación se agravó tras la llegada al puerto de Ashdod, donde, según los testimonios, continuaron los golpes y palizas. «Volvieron a golpear a todos, nuevamente me tomaron entre dos, corrieron conmigo en el aire, me tiraron al suelo y ahí me fracturaron dos costillas a patadas. Luego nos recogían nuevamente, nos tenían boca abajo tres horas y después nuevamente nos golpearon», relató la activista chilena.

Impunidad y objetivo de intimidación

Durante el cautiverio, los activistas afirman que fueron grabados por el ministro Itamar Ben Gvir mientras se encontraban inmovilizados en el suelo, esposados. Dario Depalma recuerda cómo un compañero fue golpeado en la cabeza hasta sangrar tras gritar «Palestina libre», y él mismo recibió una patada en la nariz.

Las declaraciones coinciden en que la violencia parecía diseñada para infundir miedo y disuadir futuros intentos de romper el bloqueo a Gaza. «Fueron cinco días de tortura extrema: fracturas de nariz, fracturas expuestas, rodillas… y ni un parche, nada. Entiendo que este nivel de violencia es para provocar terror, para que la gente no vuelva a intentarlo», reflexiona Eltit.

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Para los activistas, la experiencia también pone en evidencia lo que consideran la impunidad de las autoridades israelíes frente a la comunidad internacional. «Obviamente no quieren que haya otra flotilla. Pero también demostraron que el nivel de impunidad que tiene hoy en día el sionismo: pueden hacer lo que ellos quieran», concluyó Eltit.

Balance y contexto

En total, 430 activistas fueron trasladados a Estambul tras su liberación, en vuelos charter organizados por el Gobierno de Turquía. Las denuncias de torturas y malos tratos han generado preocupación en organismos de derechos humanos y reabren el debate sobre el trato a los activistas internacionales que buscan romper el bloqueo sobre Gaza.

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