Sámi, palestinos y saharauis: tres pueblos, una lucha común contra el despojo

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Tres pueblos, un mismo expolio: las luchas Sami, Palestina y Saharaui confluyen en el desierto

El festival internacional de cine FiSáhara, celebrado la última semana de abril en el campamento de refugiados saharauis de Ausserd, Argelia, reunió a activistas de tres pueblos marcados profundamente por la colonización: los samis del norte de Europa, los palestinos y los saharauis. Bajo el lema «Caminando a nuestra tierra», el evento puso en común las experiencias de despojo, represión y resistencia que comparten estas comunidades, pese a la distancia geográfica y las diferencias culturales.

Lenguas distintas, historias paralelas

Cada pueblo tiene un término propio para describir el trauma de la pérdida: los samis lo llaman ealáhusa massin (pérdida de las formas de vida), los palestinos hablan de la nakba (el desastre) y los saharauis recuerdan la al-masīra l-kaḥla (la marcha negra). Estos conceptos, aunque expresados en idiomas diferentes, reflejan un patrón común: la colonización de territorios ricos en recursos naturales, la consiguiente represión y homogeneización cultural, y el desplazamiento forzado de la población originaria.

Johannes Vang, cineasta y activista sami, participó en la XIX edición del FiSáhara para presentar el documental La canción Sami de supervivencia, dirigido por Iara Lee. La película narra la lucha de los pueblos indígenas del norte de Europa por conservar sus tradiciones, enfrentándose a siglos de políticas estatales de asimilación impulsadas por Noruega, Suecia, Rusia y Finlandia.

Perspectivas contrapuestas sobre la historia

Mientras que para los países colonizadores ciertos hechos históricos son motivo de orgullo nacional, para los pueblos sometidos representan capítulos de profundo sufrimiento. Por ejemplo, la instauración de la educación universal en el norte de Europa, considerada un hito progresista, supuso para los samis la pérdida de su lengua y cultura, al verse forzados a acudir a escuelas donde su idioma estaba prohibido.

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Similares contradicciones se encuentran en Oriente Próximo y el norte de África. En Israel, la fundación del Estado en 1948 es celebrada como un logro histórico, mientras que para los palestinos marca el inicio de la nakba y el éxodo de cientos de miles de personas. En el caso saharaui, Marruecos conmemora la «marcha verde» de 1975, que derivó en el desplazamiento masivo de saharauis hacia los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia.

El control de los recursos como forma de dominación

Una estrategia recurrente para limitar la autonomía de los pueblos indígenas consiste en restringir su acceso a los recursos naturales, base de su identidad y supervivencia.

  • Samis: En Suecia, las políticas estatales de pesca no hacen distinción entre las prácticas ancestrales samis y las de otros pescadores a pequeña escala, permitiendo la entrada masiva de turistas y dificultando la subsistencia tradicional. Además, proyectos como la planta hidroeléctrica en el río Alta y la minería continúan avanzando pese a la oposición de los samis, ya que su parlamento no tiene poder de veto efectivo.
  • Palestinos: Desde 2007, Israel ha limitado severamente la pesca frente a la Franja de Gaza, argumentando motivos de seguridad. Estas restricciones han afectado tanto la alimentación como la economía palestina. Durante el conflicto de 2023, incluso se prohibió el acceso al mar bajo amenaza de muerte. Además, la explotación de yacimientos de gas marinos y acuíferos en Cisjordania sigue fuera del alcance palestino.
  • Saharauis: La ocupación marroquí del Sáhara Occidental ha permitido a Rabat explotar los ricos caladeros pesqueros de la región. Aunque en 2021 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea anuló los acuerdos comerciales que permitían esta explotación, en la práctica Marruecos continúa beneficiándose de estos recursos mediante una política de hechos consumados.

Resistencias y reivindicación de derechos

Pese a las adversidades compartidas, los tres pueblos mantienen vivas sus luchas en defensa de sus derechos y territorios. El FiSáhara se ha consolidado como un espacio para el encuentro y la denuncia internacional, visibilizando las consecuencias del colonialismo y la importancia de preservar las identidades y formas de vida indígenas.

La historia de los samis, palestinos y saharauis, aunque separada por miles de kilómetros, revela un mismo desafío: el derecho a existir y desarrollarse en sus tierras frente a intereses externos. Sus voces, unidas en el desierto argelino, reclaman justicia y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

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