Medio siglo de lucha: la República Saharaui cumple 50 años en el exilio

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Cincuenta años de la República Saharaui: medio siglo de resistencia y exilio

El 26 de febrero de 2026 marca el quincuagésimo aniversario de la fundación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), un Estado proclamado en el exilio tras la retirada española del Sáhara Occidental. Medio siglo después, el pueblo saharaui continúa luchando por su derecho a la autodeterminación en un contexto internacional marcado por tensiones diplomáticas y acuerdos que han condicionado su futuro.

El Sáhara Occidental: de provincia española a territorio en disputa

En la década de los sesenta, el Sáhara Occidental era conocido como la provincia 53 de España. Para muchos saharauis, como Zahra Ramdán, aquellos años estuvieron marcados por la convivencia pacífica entre la población local y los colonos españoles. Sin embargo, la calma fue solo un preludio a la crisis que se avecinaba.

En 1963, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el Sáhara Occidental como «territorio pendiente de descolonización» y reconoció su derecho a la autodeterminación. España asumió ese compromiso, pero las aspiraciones de Marruecos y Mauritania sobre el territorio, rico en recursos, complicaron el proceso.

A la muerte de Franco, el régimen español buscaba desprenderse del Sáhara. El rey Hassan II de Marruecos impulsó la Marcha Verde, movilizando a miles de ciudadanos hacia el sur para reclamar el territorio. Para los saharauis, fue el inicio de la ocupación marroquí, que forzó el éxodo de miles de personas hacia Argelia y la creación de los primeros campamentos de refugiados.

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El nacimiento de la RASD y la diáspora saharaui

El 26 de febrero de 1976, tras la salida del último soldado español, Marruecos consolidó su presencia en el Sáhara Occidental. Al día siguiente, el Frente Polisario –movimiento de liberación saharaui– anunció la creación de la República Árabe Saharaui Democrática, estableciendo un gobierno en el exilio.

Según Zahra Ramdán, la proclamación de la RASD supuso una esperanza para quienes se sintieron abandonados tras la retirada española. Para ella y muchos compatriotas, fue la respuesta a la necesidad de libertad e independencia. Sin embargo, la represión marroquí obligó a numerosos saharauis a huir y buscar refugio en Argelia.

Durante sus primeros años, la RASD logró establecer lazos diplomáticos con varios países africanos y latinoamericanos. Actualmente, cuenta con 22 embajadas en diferentes regiones, además de consulados y delegaciones. Aunque 70 países han reconocido oficialmente a la RASD, 22 de ellos terminaron retirando su reconocimiento tras las presiones de Marruecos.

Relaciones internacionales y cooperación

Algunos países, como Cuba, han mantenido una cooperación activa con la RASD, especialmente en el ámbito educativo. Desde 1980, jóvenes saharauis han tenido la oportunidad de estudiar en la isla caribeña gracias a acuerdos bilaterales. Esta colaboración ha contribuido a la formación de generaciones de profesionales saharauis.

El reconocimiento internacional y el reto diplomático

La mayor victoria diplomática del Frente Polisario llegó en 1982, cuando la Unión Africana reconoció a la RASD y la admitió como miembro. En protesta, Marruecos abandonó la organización, regresando solo en 2017. Durante ese periodo, la RASD consolidó su papel como representante legítimo del pueblo saharaui ante la comunidad internacional.

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En 1991, bajo la mediación de la ONU y la Unión Africana, el Frente Polisario y Marruecos firmaron un alto el fuego y acordaron la celebración de un referéndum de autodeterminación. Sin embargo, el proceso quedó estancado, y Rabat nunca renunció a su objetivo de integrar completamente el Sáhara Occidental bajo su soberanía.

El giro de la política estadounidense y la presión sobre el conflicto

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2017 supuso un cambio significativo. En 2020, Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel, en el marco de los Acuerdos de Abraham. Este reconocimiento, sin valor jurídico definitivo, respondía también a intereses económicos, como el acceso a los recursos de fosfato y los ricos bancos pesqueros de la región.

No obstante, la falta de inversiones directas y la transición política estadounidense dejaron el asunto en un limbo. Con el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025, la política exterior estadounidense ha favorecido los hechos consumados, reforzando la posición marroquí y debilitando la esperanza de una solución basada en el derecho internacional.

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Europa y el papel de España

Marruecos ha utilizado la diplomacia de presión sobre Europa, y especialmente sobre España. Entre 2021 y 2022, el uso del flujo migratorio y el espionaje digital sirvieron como herramientas de chantaje. El gobierno español, liderado por Pedro Sánchez, terminó reconociendo en 2022 la viabilidad del plan de autonomía presentado por Rabat, un giro que provocó desilusión y malestar en la comunidad saharaui.

La vida en los campamentos y la identidad saharaui

Hoy, la RASD gestiona los campamentos de refugiados en Argelia como si fueran las instituciones de un Estado. Existen más de una veintena de ministerios y una organización territorial que mantiene vivos los nombres de las ciudades ocupadas. La administración en el exilio refuerza el sentido de pertenencia y la memoria de las generaciones nacidas lejos de su tierra.

Para Jalil Mohamed Abdelaziz, nacido en el campamento «27 de febrero», el principal logro de la RASD ha sido la consolidación de una identidad nacional saharaui que resiste a la desaparición, a pesar de la ocupación y el exilio. «Marruecos podrá intentar borrar la RASD, pero su existencia permanece en la conciencia del pueblo saharaui», afirma.

Tecber Taleb, joven periodista saharaui, insiste en que la lucha por la autodeterminación sigue viva: «No nos conformaremos con la autonomía; nuestro lema es: Toda la patria o el martirio».

Perspectivas de futuro y esperanza

A pesar de medio siglo de incertidumbre y resistencia, la aspiración saharaui a un Estado independiente y próspero persiste. La comunidad internacional, especialmente la ONU, sigue llamada a mediar en busca de una solución pacífica y justa. Mientras tanto, la RASD continúa su labor institucional en el exilio, con la esperanza de trasladar algún día sus estructuras y su pueblo a su territorio original.

  • Cincuenta años después, el Sáhara Occidental sigue siendo un ejemplo de persistencia en la lucha por la autodeterminación.
  • La República Saharaui ha reforzado su identidad nacional y mantiene sus reivindicaciones en el escenario internacional.
  • El conflicto continúa marcado por intereses geopolíticos y económicos, y la solución definitiva depende de la voluntad política de los actores implicados.

El futuro del Sáhara Occidental permanece incierto, pero la resistencia y la esperanza del pueblo saharaui siguen siendo el motor de su causa, en la espera de que los próximos cincuenta años traigan consigo justicia y dignidad en su propia tierra.

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