Diálogo entre Irán y EE.UU. sigue estancado mientras crece la tensión militar en el Golfo Pérsico

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Irán y Estados Unidos mantienen el diálogo, pero persiste la tensión militar en el Golfo Pérsico

Las negociaciones entre Irán y Estados Unidos para resolver las disputas sobre el programa nuclear iraní continúan sin avances significativos, mientras la tensión militar en el Golfo Pérsico sigue en aumento. La última ronda celebrada en Ginebra concluyó con un vago consenso para seguir dialogando, aunque la desconfianza entre ambas naciones y la presión de Israel mantienen el riesgo de un conflicto abierto en la región.

Negociaciones marcadas por la desconfianza

La reunión en Ginebra contó con la participación del ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, y el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, junto a Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump. Además, integraron ambos equipos especialistas en economía, en un intento por encontrar puntos de cooperación y reducir la amenaza de escalada militar.

Sin embargo, los avances fueron mínimos. Araqchí reconoció la existencia de un «acuerdo general sobre una serie de principios directores», pero advirtió que esto no implica la inminente firma de un acuerdo. Remarcó que, si bien las negociaciones abren una «nueva ventana de oportunidad», Irán está preparado para responder a cualquier amenaza, lanzando una advertencia directa a Israel y a las bases estadounidenses en países vecinos.

Antecedentes y exigencias contrapuestas

Esta fue la segunda ronda de negociaciones tras el encuentro celebrado el 6 de febrero en Omán. Los contactos se reanudaron después de la breve guerra de doce días entre Irán e Israel, apoyado por Estados Unidos, que interrumpió el diálogo bilateral. Washington y Tel Aviv exigen la suspensión del programa nuclear iraní, acusando a Teherán de buscar el desarrollo de armas atómicas, algo que Irán niega asegurando que su programa tiene fines civiles.

Irán también ha dejado claro que no renunciará a su programa de misiles balísticos, cuyo alcance de hasta 2.000 kilómetros preocupa especialmente a Israel, que reclama limitarlo a 300 kilómetros. La presión israelí ha estado presente en todo el proceso, aunque la administración estadounidense ha apostado por mantener la vía diplomática frente a las demandas más belicistas del gobierno de Benjamin Netanyahu.

Escalada retórica y maniobras militares

La desconfianza se evidenció desde el inicio de la reunión. Mientras las delegaciones negociaban en Ginebra, el líder supremo iraní, Alí Jameneí, acusaba al presidente Trump de intentar someter a Irán prohibiéndole el enriquecimiento de uranio y limitar su capacidad militar. Jameneí advirtió que reducir el alcance de sus misiles dejaría al país vulnerable ante sus enemigos.

En paralelo, Irán ordenó el cierre parcial del estratégico estrecho de Ormuz tras realizar maniobras militares de la Guardia Revolucionaria, una clara advertencia sobre las consecuencias de un conflicto. Por este paso circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial, lo que subraya la importancia geopolítica de la región.

  • Las maniobras militares buscaban demostrar la capacidad de reacción rápida de Irán.
  • Estados Unidos mantiene una importante presencia naval en la zona, incluyendo el portaaviones USS Abraham Lincoln y el USS Gerald Ford.

El presidente Trump fue explícito al advertir sobre el uso de la fuerza militar si las negociaciones fracasan, recordando la reciente llegada del portaaviones Gerald Ford como muestra de poderío estadounidense.

Complejidad del diálogo y riesgos de escalada

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, reconoció la complejidad de las conversaciones y la ausencia de confianza mutua, aunque insistió en la necesidad de seguir negociando. Por su parte, desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio subrayó las dificultades para alcanzar un acuerdo, argumentando que el régimen iraní toma decisiones basadas en criterios religiosos y no geopolíticos, y reiteró el deseo estadounidense de un cambio de régimen en Teherán.

El ambiente de desconfianza se agrava por el hecho de que las negociaciones se desarrollan en un contexto de máxima tensión militar. Trump recordó que Estados Unidos ya ha recurrido a la acción militar, como el ataque a instalaciones nucleares iraníes en junio pasado, y no descartó nuevas operaciones si no se avanza en el diálogo.

Preparativos militares y consecuencias regionales

Fuentes del Pentágono citadas por agencias internacionales aseguran que Estados Unidos está listo para lanzar una operación militar sostenida contra Irán si las negociaciones fracasan. Aunque la diplomacia sigue siendo la prioridad oficial, el despliegue del portaaviones Gerald Ford en la región evidencia el alto riesgo de un enfrentamiento armado.

Un eventual ataque estadounidense podría superar en alcance y destrucción a la operación “Martillo de Medianoche” de junio pasado, cuando se bombardearon las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahan. En aquella ocasión, la respuesta iraní fue limitada, pero expertos advierten que esta vez Teherán podría responder con toda su capacidad militar, involucrando a sus aliados regionales y extendiendo el conflicto a países como Arabia Saudí, Jordania, Catar o Emiratos Árabes Unidos.

  • Estados Unidos carece actualmente del apoyo internacional para una invasión terrestre a gran escala como la realizada en Irak en 2003.
  • Washington podría optar por ataques aéreos y de misiles para intentar desmantelar el régimen iraní.
  • Una ofensiva de este tipo podría desencadenar una guerra regional, con la participación de las milicias aliadas de Irán y la respuesta de Israel.

Negociación o conflicto: una decisión crucial

La alternativa a unas negociaciones lentas y llenas de obstáculos sería una escalada militar de consecuencias imprevisibles. Tanto Estados Unidos como Irán parecen conscientes del elevado precio de un conflicto abierto, pero las posturas siguen alejadas y la presencia militar en la región no hace sino aumentar la tensión.

En este contexto, la comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos, consciente de que cualquier error de cálculo podría desencadenar una crisis de gran magnitud en Oriente Medio, con impacto global en la seguridad y los mercados energéticos.

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