Israel ordena a familias palestinas demoler sus casas en masivo desalojo en Jerusalén Este

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Desalojos masivos en Al Bustan: Israel obliga a familias palestinas de Jerusalén Este a demoler sus propios hogares

La tensión en Jerusalén Este se intensifica ante la inminente demolición de 15 viviendas palestinas en el barrio de Silwan, concretamente en el distrito de Al Bustan. Este enclave, hogar de aproximadamente 1.500 personas, en su mayoría menores, se enfrenta a una de las mayores campañas de desalojo y demolición por parte de las autoridades israelíes en los últimos años.

Un futuro incierto para los habitantes de Al Bustan

El anuncio llegó a los residentes el pasado 1 de febrero: pronto deberán abandonar sus casas, que serán demolidas para dar paso al proyecto Gan Hamelech, conocido como el Jardín del Rey David. Este parque y su estacionamiento se levantarán sobre la zona donde, según la tradición bíblica, estuvo el palacio del rey David. Sin embargo, para comenzar las obras, es necesario desalojar a las 115 familias que actualmente habitan la zona.

Fakhri Abu Diab, presidente del comité de defensa de Silwan, advierte que la demolición podría ejecutarse antes del inicio del Ramadán, el 17 de febrero. Abu Diab, cuya vivienda fue destruida hace dos años, relata el impacto emocional y económico que sufren los residentes: “No solo destruyen nuestras casas. Destruyen nuestros recuerdos, nuestra historia, nuestra vida y nuestro futuro, matando nuestros sueños”.

Demoliciones y endeudamiento: una doble condena

Desde 1967, tras la ocupación de Jerusalén Este en la Guerra de los Seis Días, Israel ha intensificado la demolición de viviendas palestinas, especialmente desde el inicio del conflicto en Gaza en octubre de 2023. Solo en Al Bustan se han demolido 37 hogares desde esa fecha, y el pasado diciembre, la destrucción de un edificio de cuatro plantas dejó a un centenar de personas sin techo.

Las familias enfrentan un dilema: si no derriban ellas mismas sus casas, deben asumir los costes de la demolición ejecutada por las autoridades, incluyendo maquinaria, salarios y hasta la comida de los operarios y la policía. Abu Diab, por ejemplo, paga mensualmente una deuda de 54.000 euros, acumulada tras la demolición de su hogar. “En el recibo figuraban incluso los sándwiches que comieron los operarios y la policía ese día”, denuncia.

  • El coste de la demolición recae sobre los propietarios.
  • En caso de impago, las autoridades pueden confiscar cuentas bancarias o imponer penas de prisión.
  • No existen compensaciones económicas ni alternativas habitacionales por parte del gobierno israelí.

La resistencia de los vecinos

Algunos residentes, como Abu Mahmoud Abassi, de 73 años, optan por demoler sus propias casas junto a familiares y vecinos para evitar deudas aún mayores. Tras cuatro décadas en su vivienda, solo quedarán los limoneros y naranjos que él mismo plantó. “Nos han abandonado”, lamenta, aludiendo tanto a la comunidad internacional como a los países musulmanes.

No todas las familias cuentan con redes de apoyo. Mientras algunos desalojados pueden alojarse temporalmente con parientes, otros quedan completamente desamparados. El monto a pagar varía según el tamaño de la vivienda y si existen antecedentes de demoliciones previas, lo que agrava la situación de quienes son víctimas reiteradas de esta política.

Permisos denegados y desigualdad urbanística

La imposibilidad de obtener permisos de construcción es una constante para las familias palestinas en Jerusalén Este. Mustafa Az, otro residente de Silwan, relata cómo la ampliación de la casa familiar, construida en el año 2000 para acoger a tres generaciones, fue demolida sin previo aviso bajo el argumento de ilegalidad urbanística. “Muchos de los asentamientos de colonos judíos cercanos reciben permisos fácilmente”, denuncia Az, mientras que a los palestinos se les niega sistemáticamente la posibilidad de legalizar sus viviendas.

Un proceso de desposesión progresiva

El avance de los asentamientos y la demolición de viviendas palestinas en Jerusalén Este se traducen en una pérdida paulatina del tejido social y cultural de la comunidad. La presencia de la bandera israelí en los asentamientos vecinos es un recordatorio constante del desplazamiento que sufren los habitantes originarios de la zona.

La situación en Al Bustan refleja una problemática más amplia que afecta a numerosos distritos de Jerusalén Este, donde las familias palestinas luchan por conservar sus hogares y su identidad frente a políticas que consideran discriminatorias y contrarias al derecho internacional. En palabras de Abu Diab: “Nos están dejando sin nada”.

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