Trump enfría la sintonía con Xi Jinping tras rechazar el plan iraní para reabrir Ormuz
La reciente visita del presidente chino, Xi Jinping, a Estados Unidos ha estado marcada por la creciente tensión en Oriente Medio y el rechazo del presidente estadounidense, Donald Trump, a la propuesta iraní para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz. Esta decisión ha dejado en evidencia la fragilidad de los acuerdos alcanzados en la cumbre sino-estadounidense y ha incrementado el temor en Pekín ante una posible escalada de la crisis energética global.
Un escenario internacional marcado por la incertidumbre
La negativa de Trump a considerar la hoja de ruta presentada por Teherán para poner fin a la guerra en el Golfo Pérsico y reabrir el paso de Ormuz en siete días ha generado inquietud no solo en China, sino en todo el panorama internacional. El bloqueo de este estrecho, por donde circulaba anteriormente una quinta parte del petróleo y gas mundiales, ha reducido drásticamente el tráfico marítimo y amenaza con prolongar la crisis energética hasta 2027, con posibles consecuencias devastadoras para la economía mundial.
A pesar de que China ha logrado atenuar el impacto inmediato gracias a sus vastas reservas de hidrocarburos y una política de diversificación energética, la volatilidad en la región ha desestabilizado su estrategia de crecimiento y ha puesto en duda la fiabilidad de Estados Unidos como socio estratégico.
Fracaso en las negociaciones y tensiones en la ONU
Durante su intervención en la Asamblea General de la ONU, Trump desestimó la propuesta iraní, que incluía la reapertura de Ormuz, el inicio de nuevas conversaciones sobre el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones estadounidenses sobre el petróleo de Irán, así como un armisticio que abarcaría también el conflicto en Líbano. La respuesta de Trump fue tajante: “Hicieron una propuesta, pero la rechacé”, afirmó desde la Casa Blanca, defendiendo que Estados Unidos mantiene el “control total” sobre Ormuz, a pesar de los datos que apuntan a una drástica reducción del flujo energético.
Este rechazo contrasta con declaraciones previas de la administración estadounidense, que calificaban de “positivas y constructivas” las conversaciones indirectas mantenidas con representantes iraníes en los pasillos de la ONU. No obstante, la falta de avances evidentes y las continuas amenazas de Trump, incluida la advertencia de “aniquilación” a Irán, han socavado cualquier expectativa de acercamiento.
Impacto en la relación entre China y Estados Unidos
El desencuentro en torno a la crisis iraní ha empañado los resultados de la cumbre entre Xi y Trump en Washington. A pesar del ambiente protocolario y ciertos avances menores, como la creación del Consejo de Comercio China-EEUU y el Consejo de Inversión bilateral, el balance final ha sido modesto.
- China se comprometió a importar diez millones de toneladas de carbón estadounidense en 2027 y una cantidad similar en 2028.
- Se acordó una reducción bilateral de aranceles valorada en 30.000 millones de dólares, abarcando productos agrícolas, madereros, alimentos marinos y algunos bienes industriales y de consumo.
- La tregua arancelaria se amplía hasta enero de 2027, pero persisten restricciones en sectores estratégicos como las “tierras raras”.
En cuanto a la cooperación tecnológica, se anunció el inicio de un diálogo sobre Inteligencia Artificial, aunque sin compromisos concretos, reflejando la desconfianza mutua y la competencia por el liderazgo global en este sector.
Cuestiones geopolíticas sin resolver
Otros temas clave, como el control de armamento con Rusia y la venta de armas estadounidenses a Taiwán, quedaron sin avances sustanciales. Pekín sigue considerando la situación de Taiwán un asunto de máxima prioridad, mientras que la administración Trump mantiene su compromiso con la defensa de la isla, aunque sin hacer de ello un punto central en la reunión.
Por otra parte, Trump instó a China a aumentar su oferta de productos derivados del petróleo para aliviar la crisis energética, una petición paradójica dado que Estados Unidos es parte del conflicto que ha originado el desabastecimiento.
El dilema energético de China
China se enfrenta a un desafío considerable debido a su alta dependencia de las importaciones de crudo: más del 70% del petróleo consumido en el país proviene del exterior. Antes de la guerra, Irán suministraba alrededor del 12% de esas importaciones, mientras que el resto del Golfo Pérsico aportaba un 42%. Si la guerra se intensifica o se prolonga, el impacto sobre el crecimiento económico chino podría ser significativo.
- China cuenta con reservas estratégicas estimadas en casi 1.400 millones de barriles de petróleo.
- El consumo de crudo representa solo una quinta parte del mix energético nacional, pero la dependencia de las importaciones sigue siendo crítica.
- La posible extensión del conflicto a Yemen y el cierre del estrecho de Bab al Mandeb incrementarían aún más el riesgo para el suministro energético de China.
Ante este escenario, Pekín ha intensificado sus contactos diplomáticos con Teherán, buscando una salida negociada que permita la reapertura de Ormuz y la estabilización del mercado energético global.
Perspectivas y próximos encuentros
Está previsto que Xi Jinping y Donald Trump se reúnan nuevamente en noviembre en Shenzen, durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), y posteriormente en diciembre en la cumbre del G20 en Miami. El desenlace de la crisis iraní será determinante para el clima de estos encuentros y para la evolución de las relaciones entre las dos principales potencias mundiales.
En resumen, la negativa de Trump a aceptar la vía diplomática propuesta por Irán ha frustrado las expectativas chinas de una pronta resolución de la crisis energética y ha evidenciado las profundas diferencias estratégicas entre Washington y Pekín, en un contexto internacional cada vez más volátil e incierto.
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