Siete socialistas irrumpen en el Congreso y reconfiguran la izquierda en EE UU

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Los siete socialistas que llegan al Congreso sacuden la izquierda estadounidense y desafían al establishment demócrata

En un giro político impensable hace apenas una década, los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés) han logrado colocar a siete representantes en la próxima Cámara de Representantes de Estados Unidos. Este avance, con cinco nuevos escaños y la reelección de otros dos, marca un hito para la organización y sitúa a la izquierda progresista como un actor de creciente influencia dentro del Partido Demócrata. El reto, sin embargo, será mantener el impulso y determinar si pueden superar sus límites electorales de cara a la carrera presidencial de 2028.

Un ascenso ligado a la derrota de Trump

La contundente derrota de Donald Trump en las urnas ha sido interpretada también como una victoria para los DSA, corriente progresista que ha ido ganando relevancia en los últimos años. Los siete representantes que ocuparán escaños en el Congreso han centrado sus campañas en la defensa de un Estado del bienestar, aún lejano en la realidad estadounidense, y en la crítica a la política exterior de Washington, especialmente en lo referente a la ayuda militar a Israel. Su llegada agita el debate interno en un Partido Demócrata que, a pesar de la victoria, todavía debe definir su estrategia y candidatos para 2028.

Las figuras y el perfil del nuevo bloque socialista

Nombres como Alexandria Ocasio-Cortez, el veterano senador Bernie Sanders o el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, han personificado el giro a la izquierda dentro del partido. Han sido señalados por Trump como “comunistas”, aunque sus propuestas se asemejan más a la socialdemocracia europea. En un país donde el capitalismo es hegemónico, sus ideas representan una auténtica novedad. El grupo de siete representantes estará formado por Darializa Avila Chevalier y Claire Valdez (Nueva York), Melat Kiros (Colorado), Donavan McKinney (Míchigan), Chris Rabb (Pensilvania), y las ya conocidas Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib.

DSA: una organización, no un partido

A diferencia de las formaciones políticas tradicionales, los DSA funcionan como una organización de afiliados con secciones locales independientes. Respaldan a candidatos que se presentan bajo las siglas demócratas, aprovechando el sistema de primarias abierto, en el que los votantes eligen directamente a sus representantes. Esta estrategia ha permitido a la organización avanzar desde dentro, en lugar de fundar un partido propio, una opción que en el sistema estadounidense suele condenar a la irrelevancia.

Un programa de inspiración europea

Aunque los DSA se declaran anticapitalistas, su programa actual, titulado “Workers Deserve More” (“Los trabajadores merecen más”), propone medidas como sanidad pública universal (Medicare for All), control de alquileres, vivienda social, universidad gratuita, reducción de la jornada laboral a 32 horas sin pérdida de salario, fortalecimiento sindical e impuestos a las grandes fortunas. Estas propuestas, comunes en la socialdemocracia de Europa, son vistas en Estados Unidos como radicales, especialmente por su postura sobre la abolición del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), el fin de la ayuda militar a Israel y el rechazo a donaciones de empresas y lobbies proisraelíes.

De la marginalidad al crecimiento exponencial

Fundada en 1982 por Michael Harrington como “el ala izquierda de lo posible”, la organización permaneció durante décadas en los márgenes. En 2015 contaba con apenas 6.000 afiliados, pero tras la campaña de Bernie Sanders en 2016, la elección de Ocasio-Cortez y la irrupción de Mamdani, la cifra superó los 100.000 miembros. Este crecimiento se reflejó en las primarias demócratas, donde nuevos liderazgos socialistas desbancaron a candidatos del establishment, impulsando también un relevo generacional en una política estadounidense que tiende a la gerontocracia.

El caso de Míchigan y la expansión del ideario socialista

En Míchigan se produjo una de las victorias más simbólicas. Abdul El-Sayed, aunque no es miembro de DSA ni recibió su apoyo formal, basó su campaña en la sanidad universal y el fin de la ayuda militar a Israel, logrando la candidatura al Senado y luego la victoria frente a su rival republicano, a pesar de una fuerte campaña en su contra financiada principalmente por grupos proisraelíes. Su triunfo es muestra de cómo parte del programa de los DSA empieza a permear en otros sectores del Partido Demócrata.

El foco en los temas económicos y sociales

El éxito de los socialistas ha estado anclado en problemáticas cotidianas como la vivienda, los salarios, la sanidad y los cuidados infantiles. Campañas como la de Janeese Lewis George en Washington DC han demostrado que este discurso puede movilizar a los votantes jóvenes y urbanos, sobre todo en distritos firmemente demócratas.

Limitaciones geográficas y electorales

No obstante, el avance de los DSA encuentra límites claros. Según un estudio de la Brookings Institution, la mayoría de sus candidatos y victorias se concentran en estados progresistas como Nueva York y California. En distritos realmente disputados, su presencia es minoritaria y el apoyo de la organización nacional, aún más reducido. El perfil de su electorado sigue siendo principalmente joven, blanco y con estudios universitarios, más que la base obrera tradicional que reivindican.

  • De los 282 candidatos apoyados localmente por DSA, solo 29 contaron con respaldo nacional.
  • En distritos con menos de diez puntos de ventaja demócrata, apenas diez lograron la nominación.
  • En distritos disputados, solo uno de cinco aspirantes socialistas ganó la nominación.

Una influencia creciente pero no decisiva

Los siete escaños conquistados corresponden a distritos donde la victoria demócrata es poco menos que segura. En territorios más conservadores, como Florida, el discurso socialista aún no consigue imponerse, aunque la competitividad de Angie Nixon frente a la senadora republicana Ashley Moody indica que existe potencial de crecimiento.

Paradójicamente, la amplia mayoría demócrata en la Cámara reduce el peso decisivo del bloque socialista en las votaciones. Su capacidad de influencia será mayor en la agenda interna y en presionar por cambios, más que en alterar los equilibrios parlamentarios.

Perspectivas de futuro y el desafío de 2028

A pesar de señales claras de institucionalización —la alcaldía de Nueva York, otra posible en Washington y un grupo parlamentario triplicado—, el socialismo estadounidense aún no logra convertirse en corriente dominante. Los posibles candidatos presidenciales para 2028 provienen, en su mayoría, del ala centrista del partido. Alexandra Ocasio-Cortez, la figura socialista mejor situada en encuestas, aún no ha definido si dará el salto a la carrera presidencial.

En resumen, el espectacular crecimiento de DSA en la última década ha transformado el panorama político de la izquierda estadounidense, aunque su fortaleza sigue estando limitada a zonas urbanas, jóvenes y sólidamente demócratas. La gran incógnita es si podrán ampliar su base y condicionar la agenda del Partido Demócrata en un ciclo electoral cada vez más incierto. Las primarias presidenciales de 2028 serán la próxima gran prueba de fuego para el movimiento.

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