Regreso a clases en Gaza: estudiantes enfrentan ruinas y carencias tras años de asedio

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El regreso a clases en Gaza: un desafío marcado por la destrucción y la escasez

A tan solo un día del inicio del nuevo ciclo escolar en la Franja de Gaza, tanto las autoridades educativas como las familias palestinas se enfrentan a una realidad devastadora: la mayoría de las escuelas han sido dañadas o destruidas tras tres años de asedio y ataques continuos por parte de Israel. Este contexto ha obligado a reimaginar la educación en medio de la emergencia humanitaria.

Infraestructura escolar devastada

Según datos del Ministerio de Educación palestino, cerca del 85% de los centros educativos en Gaza han sufrido daños de diversa consideración. Incluso en la Gobernación Central —una de las áreas menos afectadas—, 13 de los 30 colegios existentes han quedado completamente destruidos. Así lo explica Mohamed Hamdán, director de Educación de la Gobernación de Deir al Balah, quien subraya la magnitud de la crisis: “Solo en nuestra área, la mitad de los centros han desaparecido”.

Ante la falta de edificios escolares, este año las clases se desarrollarán en tiendas de campaña improvisadas. Las altas temperaturas dentro de estas carpas han obligado a retrasar el inicio del curso, fijándolo para el sábado, en un intento por mitigar el impacto en alumnos y docentes.

Cuarto ciclo escolar bajo conflicto

El curso que comienza representa el cuarto año consecutivo marcado por la ofensiva militar iniciada en octubre de 2023. A pesar de los anuncios de alto el fuego, los ataques continúan cobrándose víctimas a diario, incluyendo a menores. Según el Ministerio de Sanidad gazatí, al menos 21.289 niños y adolescentes han perdido la vida y otros 44.500 han resultado heridos en los últimos tres años.

Aulas improvisadas y retos de aprendizaje

En el campamento de refugiados de Nuseirat, los estudiantes ensayan cómo será la experiencia educativa en estas nuevas condiciones: sentados en colchonetas, sin mesas ni sillas, y compartiendo un espacio limitado. Ali Yihad al Durra, profesor de matemáticas, detalla los desafíos: “Estamos implementando un programa que combina educación y actividades lúdicas para paliar el déficit formativo causado por la guerra. Sin embargo, estas carpas no están adaptadas para el estudio”.

El docente lamenta la falta de escuelas móviles, que habrían facilitado el proceso: “Estas tiendas no ofrecen ni el espacio mínimo para que los alumnos se sienten cómodamente”.

Testimonios de una infancia interrumpida

Las propias estudiantes describen el drástico cambio respecto a la educación previa al conflicto. Razán al Nayi, desplazada de la ciudad de Gaza, señala: “Estos tres años han sido muy duros; no hemos podido asistir a clases de manera regular y hemos tenido que desplazarnos constantemente. Ahora estudiamos en tiendas sin mobiliario adecuado”.

Por su parte, Haya Tafesh, alumna de último curso de secundaria, pone de manifiesto el impacto académico: “Llevamos tres años sin recibir una educación adecuada y no entiendo nada de lo que se imparte. Mi sueño era ser periodista, pero no podré cumplirlo porque no he asistido a clase en todo este tiempo”.

El peso económico de volver a la escuela

A la crisis educativa se suma una grave situación económica. En los mercados de Jan Yunis, los precios del material escolar se han disparado y muchas familias ven imposible afrontar los gastos. Ahmed Ashraf al Qarnawi, comerciante y padre de tres hijos, relata: “Antes de la guerra, una mochila costaba 10 séqueles (aproximadamente 2,80 euros); ahora llega a 80 séqueles (22,70 euros). Las libretas también han multiplicado su precio por diez”.

Maysa Abu Taha, madre de dos niños que inician el primer curso y preescolar, resume la angustia generalizada: “Los precios son inalcanzables y los gastos no dejan de aumentar. Vestir y equipar a más de un hijo resulta prácticamente imposible en las condiciones actuales”.

Un futuro incierto

El inicio del curso escolar en Gaza se produce en un contexto de emergencia sostenida, donde la educación se convierte en un acto de resistencia y esperanza. Sin embargo, la falta de infraestructuras, el déficit de métodos y recursos adecuados, y la crisis económica dejan a toda una generación en riesgo de perder su derecho fundamental a aprender y a soñar con un futuro mejor.

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