Presos saharauis de Gdeim Izik: 16 años entre torturas, hostigamiento y olvido

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16 años de silencio, torturas y hostigamiento: la situación de los presos saharauis de Gdeim Izik

El 16º aniversario del desalojo del campamento de Gdeim Izik, en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, vuelve a poner en el foco internacional la dura realidad de los 19 activistas saharauis condenados tras aquellas protestas. Desde entonces, estos presos han sido sometidos a largos años de encarcelamiento bajo denuncias de torturas, hostigamiento y un silencio institucional que afecta tanto a ellos como a sus familias.

Antecedentes: el campamento de Gdeim Izik y la represión

En noviembre de 2010, cientos de saharauis organizaron una acampada en Gdeim Izik para protestar contra la falta de oportunidades y el trato discriminatorio por parte de las autoridades marroquíes en los territorios ocupados. La respuesta de Rabat fue contundente: desalojo violento, represión policial y detenciones arbitrarias. Como resultado, 19 personas fueron condenadas a penas que van desde los 15 años hasta la cadena perpetua, en un proceso judicial plagado de irregularidades.

Denuncias de torturas y huelgas de hambre

Las denuncias por torturas físicas y psicológicas a los presos del grupo de Gdeim Izik se han sucedido durante más de una década. Organizaciones como la ONU, Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado el uso sistemático de malos tratos y la obtención de confesiones bajo coacción. Incluso tras la repetición del juicio en 2017 en tribunales civiles, las condenas se mantuvieron y las condiciones carcelarias no mejoraron.

Ante esta situación, nueve de los condenados iniciaron una huelga de hambre el 23 de septiembre de 2026 en protesta por los abusos y la indiferencia internacional. A mediados de octubre, cinco de ellos continuaban sin alimentarse: Hassan Dah, Sidi Abdallah Abbahah, Mohamed Bachir Boutenguiza, Ahmed Sbaai y Hussein Zaoui. La salud de algunos, como Hassan Dah, se ha deteriorado gravemente, lo que ha obligado a suspender la protesta por motivos médicos y ha derivado en denuncias de torturas adicionales durante los traslados carcelarios.

El silencio y el hostigamiento a las familias

El sufrimiento no afecta solo a los presos, sino que se extiende a sus familiares. Muchos de ellos, como Fatma Zaoui, hija de Hussein Zaoui, denuncian la falta de información sobre el paradero y estado de sus seres queridos, llegando a pasar semanas sin noticias. El estigma de tener un familiar encarcelado se traduce en dificultades para acceder a empleo, educación y una vida digna, especialmente en los territorios ocupados.

Las protestas organizadas por los familiares en búsqueda de información suelen ser reprimidas por las fuerzas de seguridad marroquíes, con detenciones y violencia contra quienes exigen transparencia. Además, las autoridades aplican una política de dispersión penitenciaria, trasladando a los presos a cárceles lejanas de sus lugares de origen y dificultando las visitas, lo que profundiza el aislamiento y el sufrimiento de las familias.

Críticas internacionales y la respuesta de Marruecos

Diversos organismos internacionales han señalado que el proceso judicial contra el grupo de Gdeim Izik no respetó las garantías mínimas, considerando sus detenciones como arbitrarias y exigiendo su liberación inmediata. En 2023, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias ratificó que los 19 saharauis no tuvieron acceso a un juicio justo ni a defensa legal adecuada.

Sin embargo, las autoridades marroquíes han ignorado estos pronunciamientos y bloqueado el acceso de organismos como el Comité de la ONU contra la Tortura y la Cruz Roja Internacional a sus cárceles, agravando la situación de indefensión de los presos y sus allegados.

Casos emblemáticos: Naama Asfari y el patrón de represión

El caso de Naama Asfari, destacado activista saharaui condenado a 30 años de prisión, ilustra el patrón de represión y la sistemática violación de derechos fundamentales. Tras más de cuarenta días en huelga de hambre para denunciar torturas, Asfari fue víctima de desaparición forzada, según denunció su familia, que durante semanas no tuvo noticias sobre su paradero.

Esta estrategia de silenciamiento y hostigamiento, tanto hacia los presos como a sus familias, se ha convertido en una constante en la gestión de las autoridades marroquíes respecto a los saharauis que cuestionan el statu quo en el Sáhara Occidental.

Impacto social y llamamientos internacionales

El entorno familiar de los presos saharauis sufre un seguimiento constante por parte de las fuerzas de seguridad. El impacto social es profundo: adultos marginados laboralmente y niños obligados a abandonar la escuela por el acoso derivado de la situación de sus padres. El aislamiento informativo y la falta de atención mediática agravan la desesperación de las familias.

Ante este panorama, los familiares de los presos de Gdeim Izik han solicitado públicamente la intervención de la comunidad internacional, instando a abogados, observadores internacionales y medios de comunicación a romper el muro de silencio impuesto por Rabat y a visitar a los presos políticos para constatar su situación.

Conclusiones

  • Tras 16 años, los presos de Gdeim Izik continúan encarcelados en condiciones denunciadas por organismos internacionales como violatorias de los derechos humanos.
  • La represión, el silencio y el hostigamiento se extienden también a sus familias, quienes sufren marginación y persecución.
  • Las demandas de liberación y respeto a los derechos fundamentales siguen sin ser atendidas por Marruecos, a pesar de los reiterados llamamientos de la ONU y organizaciones humanitarias.

La situación de los presos saharauis de Gdeim Izik constituye un desafío urgente para la defensa de los derechos humanos en el Magreb y un recordatorio de la importancia de la vigilancia internacional y el compromiso con la justicia.

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