Mundial de Fútbol 2026: Estados Unidos, FIFA y las alertas sobre sportswashing
El próximo mes de junio, el Mundial masculino de fútbol volverá a captar la atención mundial, con Estados Unidos, México y Canadá como países anfitriones. Sin embargo, la edición de 2026 se presenta envuelta en una compleja tensión geopolítica y social que trasciende lo meramente deportivo. Diversas organizaciones internacionales advierten que el torneo podría ser utilizado como una herramienta de blanqueo de imagen —o sportswashing— por parte del gobierno estadounidense, aprovechando el gran escaparate mediático que supone el evento.
Preocupaciones por el uso político del Mundial
Human Rights Watch (HRW) ha señalado en su último informe que el Mundial 2026 corre el riesgo de convertirse en un instrumento para mejorar la reputación internacional de Estados Unidos, especialmente en un contexto marcado por su participación en conflictos internacionales y políticas migratorias restrictivas. El analista internacional Jon Salvador apunta que, en un año electoral clave para el país norteamericano, el torneo podría servir para desplazar de la agenda mediática temas controvertidos como el apoyo al conflicto en Gaza o la guerra contra Irán.
“La organización de grandes eventos deportivos ha sido utilizada históricamente para lavar la imagen de gobiernos o para desviar la atención de crisis internacionales”, explica Salvador. Como ejemplos recientes cita la construcción de estadios en Qatar con mano de obra en condiciones precarias, los desalojos en Brasil para preparar las ciudades sede o el Mundial de Rusia tras la anexión de Crimea.
Compromisos y críticas a la FIFA
Tras las críticas recibidas en anteriores ediciones, la FIFA prometió que el Mundial de 2026 sería el primero en aplicar una estrategia de derechos humanos alineada con los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos. Sin embargo, organizaciones como HRW consideran que estas promesas no se están materializando y advierten sobre la falta de medidas efectivas.
La relación entre la FIFA y el expresidente Donald Trump ha generado especial controversia. En diciembre pasado, la federación otorgó a Trump el primer “Premio de la Paz” de la organización, un reconocimiento por su supuesta contribución a la paz mundial. Este gesto ha sido duramente criticado por entidades como Amnistía Internacional, que recuerdan las acciones militares y políticas restrictivas impulsadas por su administración, así como la falta de transparencia sobre cómo se decidió el galardón.
El Mundial como herramienta de proyección política
Expertos sostienen que la celebración del Mundial en Estados Unidos podría ser utilizada como una potente herramienta de propaganda interna. La mayoría de las sedes estadounidenses están gobernadas por alcaldes demócratas, lo que, según Salvador, podría facilitar a Trump presionar para que los gobiernos locales adopten posturas favorables a sus intereses. Además, la FIFA ha mostrado disposición para colaborar con la administración estadounidense, lo que refuerza las preocupaciones sobre la instrumentalización política del evento.
Esta estrategia de vincular grandes torneos futbolísticos al éxito político no se limita al Mundial masculino. El calendario incluye también el Mundial de Clubes de 2025, así como torneos femeninos de clubes y selecciones en 2028 y 2031, todos ellos en suelo estadounidense, aumentando la visibilidad internacional del país como epicentro del fútbol.
Restricciones migratorias y desafíos para aficionados
Aunque el torneo contará con tres países coanfitriones, la mayor parte de los partidos —incluidas la semifinal y la final— tendrán lugar en Estados Unidos. Esto ocurre en un contexto de endurecimiento de las políticas migratorias. HRW ha advertido sobre el riesgo de controles y discriminación a aficionados percibidos como migrantes, especialmente en los estadios y zonas de aficionados, en el marco de un refuerzo de la seguridad y restricciones de viaje.
- Estados Unidos ha impuesto restricciones de visado a ciudadanos de 39 países, incluidos cuatro con selecciones clasificadas para el torneo.
- Muchos seguidores de equipos como Costa de Marfil, Haití, Irán y Senegal podrían tener dificultades para acceder al país, más allá de conseguir una entrada.
- Las autoridades estadounidenses revisarán las redes sociales de los solicitantes de visado o asilo en busca de posibles signos de “antiamericanismo”.
Carlos de las Heras, portavoz de Amnistía Internacional, señala que estas restricciones contradicen la esencia de un evento que se promociona como global y universal. Además, durante la Copa Mundial de Clubes 2025 en Los Ángeles, se registraron redadas en barrios latinos y casos de deportaciones incluso de personas con derecho a solicitar asilo, lo que refuerza los temores sobre el trato a los migrantes durante el Mundial.
Propuestas y medidas de mitigación
Ante esta situación, HRW ha solicitado a la FIFA y a las autoridades estadounidenses el establecimiento de una “tregua de ICE” —un compromiso público de no realizar operativos migratorios en los alrededores de los partidos— y la implementación de un visado especial “FIFA Pass” para facilitar la entrada de aficionados con entradas. Sin embargo, Amnistía Internacional advierte sobre la falta de claridad y transparencia en la aplicación de estas medidas, lo que genera incertidumbre sobre su efectividad real.
Desafíos en Canadá y México
Las preocupaciones sobre derechos humanos no se limitan a Estados Unidos. En Canadá, organizaciones han alertado sobre posibles desalojos de personas sin hogar en las proximidades de los estadios y el endurecimiento de la legislación sobre asilo. El acuerdo bilateral con Estados Unidos permite a Canadá devolver solicitantes de asilo al vecino del sur, donde pueden enfrentar discriminación y detención arbitraria.
En México, la situación está marcada por la violencia generalizada, altas tasas de homicidios y riesgos para periodistas, defensores de derechos humanos y personas migrantes. Además, la reciente aprobación de leyes que otorgan amplios poderes de vigilancia a las autoridades ha generado preocupación por la protección de la privacidad y la libertad de prensa. El país acumula más de 130.000 personas desaparecidas desde 1952, y las organizaciones reclaman una mayor acción estatal para prevenir y sancionar estos crímenes.
FIFA, en el centro de la polémica
Hasta el momento, la FIFA no ha respondido a las solicitudes de información sobre las medidas concretas que adoptará para garantizar el respeto a los derechos humanos durante el torneo. Organizaciones internacionales continúan pidiendo transparencia y garantías efectivas, mientras crece la preocupación por la posible utilización del Mundial como herramienta de legitimación política y económica.
El Mundial 2026, lejos de ser solo un evento deportivo, se perfila como un escenario donde se entrecruzan intereses políticos, económicos y sociales de alcance global. El reto para los países anfitriones y la FIFA será demostrar que el fútbol puede ser verdaderamente un espacio de inclusión y respeto a los derechos humanos, más allá del espectáculo y la imagen internacional.
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