Marruecos acude a las urnas bajo un sistema que asegura el control de Mohamed VI

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Marruecos vota para que (casi) nada cambie: así funciona el sistema electoral donde siempre gana Mohamed VI

El próximo miércoles 23 de septiembre, Marruecos celebra unas nuevas elecciones legislativas. Sin embargo, en el reino alauí, el resultado de las urnas tiene un impacto limitado sobre el poder real, que permanece concentrado en el Palacio Real y bajo la figura de Mohamed VI. El proceso electoral, marcado por una baja participación y una regulación restrictiva, garantiza la continuidad del sistema y la supremacía del monarca.

Un sistema electoral con límites estrictos

En Marruecos, solo pueden participar en las elecciones aquellos partidos que no cuestionen tres pilares fundamentales: la monarquía, la integridad territorial del país (especialmente en relación con el Sáhara Occidental) y el islam. Así lo establece la Constitución marroquí, especialmente en su artículo 7, que prohíbe la creación de partidos sobre bases religiosas, étnicas o regionales, y veta a cualquier fuerza política que ponga en duda la unidad nacional o el régimen monárquico.

Este marco legal excluye a partidos rifeños, saharauis, fuerzas republicanas o islamistas que desafíen el papel del rey como máxima autoridad religiosa. Ejemplos concretos de esta política son la prohibición del Partido Democrático Amazigh Marroquí en 2007 y la disolución de Al Badil al Hadari en 2008. Movimientos relevantes como Al Adl wal Ihsan, el principal grupo islamista, están prohibidos pero tolerados; otros, como la Vía Democrática de izquierda marxista, optan por el boicot al proceso electoral.

Baja participación y un proceso poco inclusivo

El desinterés de la población por las elecciones es palpable. Aunque Interior estima que unos 28 millones de marroquíes tienen edad para votar, la inscripción en el censo electoral no es automática. En 2021, solo 15,8 millones estaban inscritos y la participación fue del 50,35% de los inscritos, lo que equivale a poco más de un tercio del total de ciudadanos en edad de votar. Esta falta de entusiasmo refleja la limitada capacidad de cambio real que ofrecen los comicios.

Una competencia limitada y controlada

En los comicios de este año participan 28 partidos, presentando 1.850 listas y 7.288 candidatos para disputar los 395 escaños de la Cámara de Representantes. El sistema electoral divide los escaños entre 92 circunscripciones locales (305 diputados) y 12 regionales (90 diputados). Los votantes deben elegir tanto su representación local como regional.

Sin embargo, la relevancia de estos resultados es relativa: el jefe de Gobierno es elegido entre los vencedores, pero las grandes decisiones nacionales —política exterior, seguridad, asuntos religiosos y las líneas estratégicas del Estado— permanecen bajo control directo del monarca, no del Parlamento.

El poder del rey según la Constitución

La Constitución marroquí otorga al rey un papel central y multisectorial. Mohamed VI es, simultáneamente:

  • Comendador de los Creyentes y presidente del Consejo Superior de Ulemas (máxima instancia religiosa).
  • Jefe del Estado y “árbitro supremo” entre instituciones.
  • Jefe supremo de las Fuerzas Armadas Reales.
  • Presidente del Consejo de Ministros y responsable de nombrar embajadores, gobernadores, responsables de seguridad y directivos de empresas públicas estratégicas.
  • Con facultad para disolver el Parlamento y proclamar el estado de excepción.

Además, el rey tiene la potestad de emitir decretos reales (dahires) sin necesidad de refrendo gubernamental y se reserva el nombramiento de los ministros de Interior, Exteriores y Asuntos Religiosos, conocidos como “ministerios de soberanía”, que responden directamente al Palacio Real.

Los ministerios de soberanía: poder inamovible

Los titulares de los ministerios clave no suelen cambiar, independientemente del resultado electoral. Abdelouafi Laftit dirige Interior desde 2017; Nasser Bourita, Exteriores desde el mismo año, liderando la estrategia internacional sobre el Sáhara; y Ahmed Toufiq, responsable de Asuntos Islámicos desde 2002, controla la red de mezquitas y los sermones oficiales. Estos ministerios garantizan la continuidad de las políticas esenciales del régimen.

Partidos y coaliciones: diferencias más históricas que ideológicas

Los principales partidos que compiten en estas elecciones forman parte de la coalición saliente y, en gran medida, sus diferencias responden a trayectorias históricas más que a propuestas programáticas. El Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI), de tendencia liberal y cercano al Palacio, ganó en 2021 y es liderado actualmente por Mohamed Chouki. El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado por un amigo íntimo de Mohamed VI, se posiciona como contrapeso modernizador y ha incorporado figuras de peso como Fouzi Lekjaa. El histórico Istiqlal, nacionalista y conservador, completa el trío gobernante.

En la oposición, se destaca el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de corte islamista moderado y defensor de la monarquía, y la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), socialdemócrata y aliada del PSOE español.

El caso Akhannouch y la protesta social

Aziz Akhannouch, jefe de Gobierno saliente y una de las mayores fortunas del país, no participa en estas elecciones tras un mandato marcado por acusaciones de conflicto de intereses y movilizaciones sociales. En 2025, protestas juveniles lideradas por GenZ 212 pusieron en evidencia el malestar social por la sanidad y la educación, y la respuesta policial dejó víctimas mortales. Akhannouch dimitió de la presidencia del RNI y no buscará la reelección.

Un ejemplo del poder limitado del Gobierno se vivió en 2020, cuando el entonces jefe de Gobierno del PJD, Saadeddine El Othmani, firmó la normalización de relaciones con Israel, una medida decidida por el rey pese a la tradicional postura propalestina del partido. La disciplina institucional prima sobre las convicciones personales o partidistas.

Mohamed VI, una figura cada vez más discreta

En este contexto, Mohamed VI sigue siendo el verdadero eje del sistema político marroquí, aunque en los últimos tiempos se ha dejado ver menos en público. En julio cumplió 27 años en el trono y ha delegado funciones en su hijo, el príncipe heredero Mulay Hasán. Las últimas apariciones públicas del monarca han mostrado signos de desgaste físico, mientras los preparativos para una eventual sucesión avanzan discretamente.

Conclusión

Las elecciones legislativas en Marruecos se desarrollan bajo un sistema cuidadosamente diseñado para preservar la estabilidad del régimen y el control del monarca. Los partidos políticos aceptados participan en una competencia con resultados previsibles, mientras las grandes decisiones y los ministerios clave permanecen bajo la autoridad de Mohamed VI. El sistema electoral, lejos de abrir la puerta a transformaciones profundas, refuerza el statu quo en un país donde el rey es, sin discusión, el principal actor político, religioso y militar.

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