El debate sobre la seguridad en las calles: ¿Debe la izquierda apropiarse de este tema?
En los últimos meses, se ha intensificado en España la discusión sobre la seguridad ciudadana, un tema tradicionalmente asociado a la agenda de la derecha. Sin embargo, voces destacadas de la izquierda han comenzado a reclamar su espacio en este debate, argumentando la necesidad de ofrecer alternativas y no dejar el terreno libre a formaciones como el Partido Popular (PP) o Vox.
- El debate sobre la seguridad en las calles: ¿Debe la izquierda apropiarse de este tema?
- Recuperar la bandera de la seguridad desde la izquierda
- ¿Es la seguridad una preocupación real en España?
- Diferentes modelos de seguridad: represión frente a construcción comunitaria
- La seguridad como indicador de desigualdad
- La comunidad como respuesta a la inseguridad
- Priorizar la prevención frente al castigo
- ¿Un nuevo marco para la seguridad desde la izquierda?
- Conclusión
Recuperar la bandera de la seguridad desde la izquierda
Durante un acto celebrado en febrero en la Sala Galileo de Madrid, Emilio Delgado, diputado de Más Madrid, hizo hincapié en la dificultad que tiene la izquierda para abordar la cuestión de la seguridad. “Nos cuesta mucho hablar de seguridad; hay barrios en los que los niños no pueden bajar a la calle porque hay problemas”, afirmó, generando controversia incluso dentro de su propio espacio político.
En conversación con Público, Delgado reconoció que su postura levantó críticas inmediatas, pero insistió en que evitar estos temas es un error estratégico. Según él, no abordar la seguridad desde la izquierda supone renunciar a conectar con parte del electorado y ceder un terreno clave a la ultraderecha.
¿Es la seguridad una preocupación real en España?
La pregunta de fondo es si existe, efectivamente, un problema de seguridad en España o si, por el contrario, se trata de una percepción alimentada por ciertos sectores. Miguel Urbán, ex eurodiputado y referente de Anticapitalistas, sostiene que los datos no avalan la idea de un aumento de la criminalidad. Los informes del Ministerio del Interior muestran una tendencia estable, aunque sí se observan repuntes en delitos específicos como los sexuales.
No obstante, Urbán y otros dirigentes reconocen que hay barrios donde la percepción de inseguridad es mayor, generalmente asociada a contextos de desigualdad y abandono institucional, más que a una realidad objetiva de criminalidad creciente.
Diferentes modelos de seguridad: represión frente a construcción comunitaria
Las posturas dentro de la izquierda difieren sobre cómo abordar la seguridad. Enrique Santiago, dirigente de Izquierda Unida (IU) y del Partido Comunista de España (PCE), defiende un modelo de “seguridad humana” basado en la garantía de derechos y la erradicación de las causas de malestar social, en contraposición al modelo punitivo basado en la represión y la limitación de libertades, que asocia a las propuestas de la derecha.
Por su parte, Gerardo Pisarello, destacado miembro de los Comuns, subraya la importancia de no trivializar el impacto de delitos como hurtos o agresiones en los barrios populares, pero advierte contra la “amplificación arbitraria” que realiza la derecha y rechaza las respuestas meramente represivas.
La seguridad como indicador de desigualdad
Delgado insiste en que la inseguridad en las calles es, en muchos casos, un síntoma de desigualdad social. “Ellos lo circunscriben a inmigración y Policía; yo creo que la inmigración no tiene nada que ver. Lo que hay que mirar es la renta”, explica, argumentando que la solución debe pasar por abordar las raíces socioeconómicas del problema.
En esta línea, Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid en la Asamblea, relaciona la sensación de inseguridad con fenómenos como la proliferación de pisos turísticos y el cierre de comercios tradicionales, que debilitan el tejido comunitario y generan una percepción de abandono institucional en determinados barrios.
La comunidad como respuesta a la inseguridad
Tanto Urbán como Bergerot apuestan por fortalecer los lazos vecinales como vía para combatir la sensación de inseguridad. La gentrificación, la especulación inmobiliaria y la pérdida de referentes comunitarios son factores que, según argumentan, dificultan la creación de redes de apoyo y confianza en los barrios.
“Lo que te da seguridad no es más policía, sino conocer a tu vecino, poder confiar en él. Que tu hijo pierda el abrigo en el parque y otro padre lo recoja porque sabe que es suyo y te lo lleve a casa. Eso es seguridad”, resume Urbán.
Priorizar la prevención frente al castigo
Existe consenso entre las distintas voces consultadas en que la prevención y la justicia social deben primar sobre las políticas punitivas. Pisarello enfatiza la necesidad de demostrar, con datos, que un modelo integral basado en la prevención es más eficaz y humanista que las propuestas de la ultraderecha.
- Creación de empleo como motor de seguridad en los barrios.
- Reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana para incluir sanciones restaurativas y proporcionales a la capacidad económica del infractor.
- Rechazo a leyes de endurecimiento punitivo como la de multirreincidencia.
Un ejemplo práctico lo aporta Pisarello, recordando su experiencia como teniente de alcalde en Barcelona, donde se impulsó la integración de vendedores ambulantes migrantes en cooperativas legales, transformando un problema de seguridad en una oportunidad de inclusión económica y social.
¿Un nuevo marco para la seguridad desde la izquierda?
El debate está abierto. Mientras Delgado defiende la necesidad de que la izquierda no renuncie a liderar temas como la seguridad, otros dirigentes advierten del riesgo de asumir el marco discursivo de la derecha, partiendo de la premisa de que existe un problema estructural de inseguridad en España.
Lo que sí parece claro es que, para la mayoría de las voces progresistas, la respuesta debe centrarse en la prevención, la justicia social y la reconstrucción del tejido comunitario, y no en el aumento de la represión o la criminalización de sectores vulnerables.
Conclusión
La seguridad ciudadana emerge como un terreno de disputa política en el que la izquierda busca posicionarse con propuestas propias, alejadas de los enfoques punitivos y excluyentes de la ultraderecha. El reto consiste en construir un discurso que aúne la garantía de derechos, la cohesión social y la prevención, evitando caer en marcos que solo profundizan la división y el miedo en la sociedad.
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