La derecha israelí acusa a partidos árabes de fraude y dinero catarí para cuestionar su legitimidad tras las elecciones

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La derecha israelí utiliza acusaciones de fraude y dinero catarí para deslegitimar a los partidos árabes tras las elecciones

Las recientes elecciones generales en Israel, celebradas el 27 de octubre, han situado a los partidos árabes como actores fundamentales para la formación de un nuevo gobierno. A pesar de este protagonismo, los partidos sionistas continúan negándose a pactar con ellos, en medio de una campaña de desinformación y acusaciones sobre supuesto fraude electoral y financiación extranjera por parte de Qatar.

Acusaciones sin pruebas y reacción institucional

El primer ministro en funciones, Benjamín Netanyahu, ha intensificado en los últimos días sus denuncias contra los partidos árabes, acusándolos de fraude electoral durante la jornada de votación y en los instantes posteriores al recuento de votos. Estas acusaciones, sin respaldo de pruebas, coincidieron con una movilización histórica de votantes árabes en los colegios electorales.

La controversia se avivó el 29 de octubre, cuando medios locales informaron sobre la petición del presidente del Comité Central Electoral (CEC), el juez Noam Sohlberg, al jefe del Shin Bet, David Zini, para investigar posibles injerencias extranjeras en el proceso, especialmente en relación con la financiación de «agentes hostiles». Aunque Sohlberg no mencionó explícitamente a los partidos árabes ni afirmó la veracidad de las sospechas, la filtración reforzó el discurso de Netanyahu, quien atribuyó la alta participación árabe a supuestos sobornos pagados por Qatar.

Tanto el CEC como la policía israelí y el propio Shin Bet emitieron comunicados negando la existencia de pruebas que apuntasen a un fraude electoral sistemático. Aun así, estas aclaraciones no lograron frenar la difusión de la teoría que busca deslegitimar los resultados obtenidos por Ra’am y la Lista Conjunta, los dos principales partidos árabes.

El papel de la extrema derecha y la polarización política

A la campaña de desinformación se han sumado líderes de la extrema derecha como Itamar Ben-Gvir y Bazalel Smotrich, quienes han solicitado medidas represivas como la detención o el interrogatorio de dirigentes árabes sospechosos. Mientras tanto, la investigación oficial sobre las supuestas injerencias extranjeras tiene un plazo de una semana para arrojar conclusiones, aunque el clima de sospecha ya ha sido alimentado lo suficiente para poner en duda la legitimidad del voto árabe.

Netanyahu utiliza este contexto para presionar a la oposición, intentando impedir que se establezcan acuerdos con los partidos árabes. Además de proteger su posición política, el primer ministro busca evitar que se investiguen posibles responsabilidades sobre los fallos de seguridad registrados el 7 de octubre.

Resistencia de la oposición y contexto electoral

La mayoría de los partidos de la oposición no ha caído en la trampa de la deslegitimación, aunque sí han mostrado su apoyo a una investigación seria sobre las acusaciones. Gadi Eisenkot, líder de Yashar! y aspirante al gobierno, ha denunciado que Netanyahu orquesta una campaña para desacreditar los resultados y retrasar la formación de un nuevo Parlamento. Yair Lapid y Yair Golán, dirigentes de otras formaciones opositoras, han manifestado opiniones similares.

La participación ciudadana en los comicios fue excepcionalmente alta, con un 77,7% del censo acudiendo a votar. En las localidades árabes, la afluencia también fue significativa, pese a reportes de obstáculos como cortes eléctricos, infraestructuras deficientes e interrogatorios a votantes, según el Centro legal para los derechos de las minorías árabes en Israel (Adalah).

  • La Lista Conjunta obtuvo 11 escaños.
  • Ra’am logró 8 escaños.
  • Juntas, suman 19 diputados, constituyéndose como el tercer bloque más grande de la Knéset.

Fragmentación parlamentaria y el papel decisivo de los partidos árabes

El Parlamento israelí se encuentra dividido en tres grandes bloques. El primero, liderado por Netanyahu y compuesto por partidos ultraortodoxos y la extrema derecha, suma 53 escaños, lejos de la mayoría absoluta de 61. El segundo, conformado por partidos de centro y derecha sionista, alcanza 48 escaños. En este escenario, los partidos árabes poseen la llave para la formación de gobierno.

Sin embargo, ni el oficialismo ni la mayor parte de la oposición parecen dispuestos a pactar con los partidos árabes, lo que abre la puerta a dos opciones: un gobierno de unidad nacional entre oficialismo y oposición o una repetición de las elecciones. Los sectores progresistas consideran que las denuncias de fraude buscan justificar una exclusión deliberada de la representación árabe en las instituciones.

Historial de exclusión y discriminación política

La deslegitimación de los partidos árabes tiene antecedentes en la política israelí. La extrema derecha ha solicitado reiteradamente su inhabilitación ante el Comité Central Electoral. Según datos del Instituto de Democracia de Israel, desde 1965 se han presentado 30 denuncias para vetar partidos, 18 de ellas contra formaciones árabes. El CEC ha aceptado el 94,4% de estas solicitudes frente al 58,3% dirigidas a partidos judíos.

No obstante, es el Tribunal Supremo quien tiene la última palabra. Mientras que en el caso de partidos judíos la mitad de los vetos han sido confirmados, en el caso de partidos árabes solo se ha aprobado una vez, en 1965. Recientemente, el CEC intentó vetar la participación de Ra’am y la Lista Conjunta, así como del líder de Balad, Sami Abu Shehadeh, por supuestos apoyos al 7 de octubre, aunque finalmente el Supremo revocó estas decisiones.

Desde Adalah destacan que el proceso electoral estuvo marcado por intentos de excluir a los ciudadanos palestinos de la representación política, y recuerdan que desde el mismo día de las votaciones se promovía en redes sociales la idea de que «los árabes nos están robando las elecciones».

Qatar: aliado complejo y acusaciones de financiación

Qatar se ha convertido en un punto clave de la polémica. Desde 2007, el emirato ha financiado ayuda humanitaria y salarios en la Franja de Gaza para evitar el colapso del enclave bajo el bloqueo israelí, con el conocimiento y, en ocasiones, supervisión del propio gobierno israelí. Sin embargo, tras los ataques del 7 de octubre, surgieron dudas sobre si parte de estos fondos terminaron en manos de Hamás.

Investigaciones periodísticas revelaron que Netanyahu había sido advertido en varias ocasiones por la inteligencia israelí y egipcia sobre el riesgo de que el dinero catarí llegara al brazo armado de Hamás, lo que pone en cuestión la narrativa oficial. A pesar de ello, Netanyahu niega haber tenido conocimiento de estas alertas, aunque utiliza el argumento de la financiación catarí para reforzar su discurso.

Naftali Bennett, líder de Beyachad, ha pedido declarar a Qatar «Estado enemigo», aunque Israel evita hacerlo formalmente debido a la alianza estratégica entre Washington y Doha. Estados Unidos considera esencial mantener relaciones estables con Qatar por sus intereses en Oriente Medio, lo que condiciona la postura oficial israelí.

Conclusión

Las acusaciones de fraude electoral y la supuesta injerencia de Qatar sirven como herramienta política para deslegitimar el avance de los partidos árabes en la Knéset. Mientras el sistema político israelí se enfrenta a un escenario de fragmentación y bloqueos, la presión sobre estos partidos y sus votantes aumenta, poniendo en evidencia la persistencia de obstáculos estructurales para la plena integración de la minoría palestina en la vida pública del país.

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