La arqueología como herramienta de desplazamiento: el caso de Silwan, Sebastia y otros enclaves palestinos
La región de la Palestina histórica se caracteriza por su enorme riqueza arqueológica. Desde hace décadas, la gestión y conservación de estos yacimientos se han convertido en un argumento recurrente utilizado por el Estado de Israel para justificar la expropiación de tierras y el desplazamiento forzoso de comunidades palestinas cercanas a estos lugares patrimoniales.
- La arqueología como herramienta de desplazamiento: el caso de Silwan, Sebastia y otros enclaves palestinos
- El uso político de la arqueología: antecedentes y estrategias
- Legislación y control sobre el patrimonio arqueológico
- Arqueología y desplazamiento: casos emblemáticos
- Jirbet Suseya: expulsión bajo la excusa de la conservación
- Silwan: la arqueología al servicio del turismo y el desalojo
- Sebastia: conflicto por el control y la narrativa
- Conclusiones: una estrategia de borrado cultural y apropiación territorial
El uso político de la arqueología: antecedentes y estrategias
No es la primera vez que la arqueología se convierte en un instrumento de políticas identitarias y de apropiación cultural. Tras la Primera Guerra Mundial, Turquía incorporó territorios tradicionalmente armenios, como la ciudad medieval de Ani, reinterpretando su legado para adaptarlo al relato nacionalista turco y diluir su identidad armenia. Dinámicas similares se han repetido en diversos contextos, poniendo en peligro expresiones culturales de comunidades que se ven sometidas a fuerzas ocupantes.
En el caso palestino, la destrucción o apropiación de patrimonio cultural no busca solo la eliminación física de una población, sino la erradicación de aquello que les confiere identidad y cohesión social. Este fenómeno se intensificó tras la creación del Estado de Israel en 1948, cuando milicias sionistas expulsaron a la población indígena, renombraron localidades palestinas con nombres hebreos y se apropiaron de yacimientos arqueológicos.
Legislación y control sobre el patrimonio arqueológico
La consolidación del control israelí sobre los yacimientos arqueológicos palestinos se apoya en la reinterpretación de dos leyes de la época de la ocupación jordana en Cisjordania:
- Ley jordana número 2 de 1953: Permite la expropiación de tierras privadas para proyectos de utilidad pública.
- Ley jordana de antigüedades de 1966: Establece que la propiedad del suelo no implica la propiedad de restos arqueológicos y permite la intervención en tierras privadas para labores de estudio y conservación.
Órdenes militares israelíes posteriores transfirieron estas competencias a la administración militar. En Jerusalén, sin embargo, se aplica la ley de antigüedades israelí de 1978, que declara propiedad del Estado todos los bienes arqueológicos encontrados en territorios bajo control israelí, una extensión considerada ilegal según resoluciones de la ONU.
Actualmente, la Knéset debate extender esta legislación a Cisjordania, lo que supondría una nueva ampliación del control israelí sobre el patrimonio palestino.
Arqueología y desplazamiento: casos emblemáticos
Jirbet Suseya: expulsión bajo la excusa de la conservación
Jirbet Suseya, situada al sur de Hebrón, fue desalojada en 1986 bajo el pretexto de proteger una antigua sinagoga del siglo V. Las autoridades israelíes declararon el lugar como «sitio arqueológico», lo que resultó en la expulsión de la población palestina y la posterior ocupación por colonos israelíes. A pesar de dictámenes internos que reconocen la propiedad palestina de las tierras, la narrativa oficial insiste en el carácter judío del yacimiento.
Silwan: la arqueología al servicio del turismo y el desalojo
En el barrio palestino de Silwan, en Jerusalén Este, la riqueza arqueológica fue utilizada para declarar la zona como Parque Nacional de las Murallas de Jerusalén en 1974. El yacimiento, conocido como «Ciudad de David», centra su relato exclusivamente en la historia judía, ignorando otros periodos y culturas presentes en el lugar. Desde los años 2000, Israel ha intensificado las excavaciones y los desalojos de habitantes palestinos para desarrollar proyectos turísticos, como el parque «El Jardín del Rey». Solo en 2024, 24 viviendas palestinas y un centro comunitario fueron demolidos en Silwan, exponiendo a más de 1.500 personas al riesgo de desplazamiento forzoso.
Sebastia: conflicto por el control y la narrativa
El yacimiento de Sebastia, en la Gobernación de Nablus, es otro escenario de disputa. Excavado inicialmente por arqueólogos de la Universidad de Harvard a principios del siglo XX, en él se encuentran restos de diversas culturas, incluyendo helenística, bizantina, islámica, cruzada y hebrea. Sin embargo, la narrativa sionista ha priorizado el pasado hebreo y rebautizado la región como Samaria.
El conflicto sobre la administración del yacimiento se agudizó tras los Acuerdos de Oslo II, que dividieron Cisjordania en tres áreas con distintos grados de control palestino e israelí. Sebastia quedó dividida entre el área B (bajo control civil palestino y de seguridad israelí) y el área C (control total de Israel), dificultando el desarrollo de la comunidad local.
- En 2012, Palestina incluyó Sebastia en la Lista de Iniciativa de Patrimonio Mundial de la Unesco.
- En 2023, Israel aprobó un proyecto de casi 9 millones de dólares para explotar y preservar el yacimiento, argumentando la protección del patrimonio judío y la prevención de su «apropiación ilegal» por la Autoridad Nacional Palestina.
- Entre 2024 y 2026, se expropiaron más de 2 km² de tierras agrícolas, afectando a cientos de familias palestinas.
Conclusiones: una estrategia de borrado cultural y apropiación territorial
Expertos y responsables culturales palestinos, como Amer Shomali y Manar Idrisi, han denunciado que estas estrategias constituyen una forma de «genocidio cultural», que busca dividir al pueblo palestino y destruir su identidad. La simplificación de la diversidad histórica del territorio y la priorización del relato nacionalista israelí sirven, además, de justificación para nuevas expropiaciones y desplazamientos.
La experiencia en Jirbet Suseya, Silwan y Sebastia, entre otros enclaves, revela un patrón que combina la apropiación cultural mediante la arqueología con la expansión colonial y el desplazamiento forzoso de comunidades palestinas. Las recientes expropiaciones en Cisjordania apuntan a que esta política está lejos de concluir, poniendo en riesgo tanto el patrimonio histórico como la subsistencia de miles de familias palestinas.
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