Europa reorienta su ayuda al desarrollo: menos fondos y mayor énfasis en los intereses económicos
La próxima propuesta presupuestaria de la Comisión Europea marca un giro significativo en la política de cooperación internacional del bloque. Mientras aumentan las partidas para defensa, competitividad y agricultura, la ayuda al desarrollo se ve relegada, tanto en términos de financiación como de enfoque estratégico.
Reducción de fondos y cambio de prioridades
Según los primeros documentos presentados en Bruselas, la Comisión Europea ha planteado una reducción de los recursos destinados a cooperación internacional. La ayuda al desarrollo, junto con la ayuda humanitaria y el apoyo a países candidatos a la adhesión, ha quedado englobada en una única rúbrica denominada “Europa Global”. Inicialmente, se preveían 200.000 millones de euros para el periodo 2028-2034, pero una nueva propuesta de la presidencia irlandesa de la UE ya contempla un recorte del 17% antes incluso de que los jefes de Estado y de Gobierno inicien las negociaciones formales.
Paralelamente, la Comisión promueve un cambio de paradigma: priorizar la financiación de inversiones que respondan a los intereses económicos y de seguridad de la Unión Europea, en detrimento de los objetivos tradicionales de reducción de la pobreza y apoyo al desarrollo sostenible.
Críticas desde el Parlamento Europeo
Barry Andrews, presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo, ha calificado el recorte como «cortoplacista y desproporcionado». Andrews advierte que este repliegue debilita la posición internacional de Europa y abre espacio para la influencia de potencias rivales. “Este repliegue abre la puerta a nuestros competidores y no tiene sentido si la UE aspira a un papel geopolítico relevante”, señaló.
La reducción de la ayuda europea coincide con el desmantelamiento de la cooperación exterior estadounidense, tras la cancelación de más del 80% de los programas de USAID en 2025 bajo la administración Trump. Para la eurodiputada Ana Miranda, esta coyuntura ofrecía una oportunidad estratégica para que la UE reforzara su presencia internacional, pero el nuevo enfoque dificulta ese objetivo. “China ya está ocupando ese espacio con inversiones en ayuda humanitaria y desarrollo en numerosas regiones”, explica Miranda.
Global Gateway y el giro hacia las inversiones estratégicas
El cambio en la orientación de la política europea se aceleró con el lanzamiento del programa Global Gateway en 2021, diseñado como respuesta a la Nueva Ruta de la Seda china. El proyecto busca fortalecer la influencia europea mediante inversiones en infraestructuras clave como transporte y energía en terceros países.
Sin embargo, para sectores críticos del Parlamento Europeo, este modelo aleja a la UE de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, apostando por alianzas centradas en la explotación de materias primas estratégicas o la externalización de fronteras. Ejemplos recientes incluyen el acuerdo con Chile para asegurar el suministro de litio y cobre, así como el corredor ferroviario de Lobito en África Central, fundamental para la exportación de minerales esenciales para la industria europea.
Implicaciones para los países socios y la lucha contra la pobreza
El nuevo modelo prioriza la atracción de inversión privada mediante el uso de recursos públicos, con el objetivo de multiplicar el impacto financiero. Sin embargo, existen ámbitos como la salud, la educación o el acceso al agua donde la rentabilidad es limitada y el sector privado muestra escaso interés. En consecuencia, existe el riesgo de que los intereses comerciales europeos prevalezcan sobre las necesidades reales de las comunidades locales.
“Grandes multinacionales podrían monopolizar los proyectos de desarrollo, relegando a las ONG y las prioridades de los propios países beneficiarios”, advierte Miranda. Además, el reglamento de Europa Global contempla la suspensión de fondos a estados que no cooperen en la readmisión de migrantes expulsados de la UE, una medida criticada por Andrews por no responder a una lógica de reciprocidad ni de interés mutuo.
Concentración de la ayuda y regiones olvidadas
En la actualidad, una parte significativa de la cooperación europea se concentra en Ucrania, desplazando recursos que antes se destinaban a regiones como el Sahel, el Cuerno de África o los Grandes Lagos. Esta reorientación ya tiene consecuencias visibles: “Vemos más niñas fuera de la escuela, un aumento de matrimonios precoces y más casos de VIH, porque no estamos invirtiendo como antes en estos programas”, lamenta Andrews.
Una batalla presupuestaria por definir
La negociación presupuestaria en el seno de la UE enfrenta a dos bloques: los llamados “países frugales” (Alemania, Países Bajos, Suecia), que abogan por la contención del gasto y el refuerzo de la seguridad y la industria, y los “amigos de la cohesión” (España, Portugal, Italia), que defienden la agricultura y las partidas tradicionales. En este contexto, la cooperación al desarrollo queda como la opción más sencilla para aplicar recortes.
No obstante, el Parlamento Europeo aún debe aprobar los presupuestos y la Comisión de Desarrollo ya ha anunciado que dará la batalla para evitar que las regiones más vulnerables del planeta paguen el precio de los ajustes. El temor principal es que los recortes no hayan tocado fondo y que, durante las negociaciones, se exijan nuevos sacrificios que agraven las desigualdades globales.
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