Educación

Nuestros niños y niñas , no están aburridos…

El aburrimiento es privilegio de los ricos ...

Los niños y niñas se encuentran angustiados y no aburridos -dice Rosario- el aburrimiento es privilegio de ricos, acá nuestros niños y niñas tienen miedo, del virus, del hambre , de las peleas de sus padres, de que los echen a la calle o que los abusen, acá nuestros niños no tienen miedo de perder clases, tienen miedo que sus padres lleguen violentos otra vez y los golpeen a ellos o a sus madres, nuestros niños y niñas tienen hambre, tienen frío, tienen pena.

 

Nuestros niños y niñas han sido abandonados por el Estado, mientras estos se preocupan de la economía, de arrendar espacios que aún permanecen cerrados a pesar de estar habilitados, miles de familia en Chile están sin trabajo, sin ingresos, sin comida y sufriendo algún tipo de violencia.

Es el caso de María  tiene 8 años ( su nombre ha sido cambiado para proteger su identidad) su madre se encuentra sin trabajo, ambas arriendan una húmeda y oscura habitación en Recoleta, su madre se encuentra con COVID-19 sin trabajo y con la pequeña a su cargo, no tienen para comer ni familiares cercanos , no han podido retirar la canasta que el colegio a separado para ellas por tener JUNAEB , no tienen internet ni menos un equipo en donde descargar sus tareas.

Las apoderadas del curso se han organizado para ayudarlas en lo posible, mañana saben cual es el diagnostico y si es necesario internarse ¿con quién quedará la niña profesora? Se escucha decir a una de las madres…

Rosario por su parte lleva cuatro años de docencia, cuatro años de penas y alegrías y es que el oficio docente no es fácil, menos cuando se decide trabajar con las poblaciones más vulnerables de Santiago de Chile, en donde debes ser madre, psicóloga y asistente social y no es que nos atribuyamos esos roles -comenta Rosario- es que muchas mujeres, niños y niñas en este país muchas veces no tienen con quien hablar, con quien desahogar las penas.

Muchas veces la voluntad de hacer las cosas bien como madres están -comenta Rosario- pero es todo tan difícil cuando estás sola o estás siendo violentada, o en una casa que te dicen a cada rato que te debes ir o muchas veces arrendado piezas en donde las condiciones de espacio, higiene, salud y seguridad no dan para el cuidado de los niños y niñas que ahí viven mientras sus madres o guardadoras trabajan.

Rosario pregunta, ¿Cómo es posible que el estado no se de cuenta de todo lo que deja atrás al avanzar con el modelo capital, cómo somos capaces de vivir en un país católico en donde la iglesia no se pronuncia, sino es para hacer polémica por encontrarse comulgando a los vecinos de las Condes en plena cuarentena? Qué pecados deben están expiando para salir en sus autos y quejarse por hacer la fila hasta el párroco, que con el mismo guante da la ostia a sus feligreses, los mismos que ajenos al dolor humano siguen tratando de ganar un lugar en el cielo.

Los niños y niñas se encuentran angustiados y no aburridos -dice Rosario- el aburrimiento es privilegio de ricos, acá nuestros niños y niñas tienen miedo, del virus, del hambre , de las peleas de sus padres, de que los echen a la calle o que los abusen, acá nuestros niños no tienen miedo de perder clases, tienen miedo que sus padres lleguen violentos otra vez y los golpeen a ellos o a sus madres, nuestros niños y niñas tienen hambre, tienen frío, tienen pena.

Nosotras las docentes también sentimos todos esos miedos, seguimos trabajando y comunicándonos con los y las apoderadas, seguimos sumando angustias mientras una Evelyn Matthei propone que se nos baje el sueldo para apaliar la crisis, la señora Matthei que se vanagloria que hizo clases de matemáticas una vez en Pudahuel, la señora Matthei que despidió a todos sus trabajadores  en Providencia y cerró bibliotecas.

La mujer , la madre  , la hija Matthei aquella que sabiendo el sueldo que recibimos los profesores quiere descontar una parte para apaliar la crisis, la señora que potenció las AFP en dictadura, la que fue ministra del trabajo de Sebastián Piñera el año 2011 para renunciar el 2013,  para ser la primera mujer en ser candidata a la presidencia de  República de la derecha chilena,  ella que tiene un sueldo, la que tiene comida, la que tiene una casa asegurada, la misma que no es capaz de increpar a la cámara de diputados y senadores que ganan millonarios sueldos por literalmente “hacer nada” o nada de lo que realmente importa, nuestros niños y niñas, la salud y la educación, la prioridad de una nación -señala-

Evelyn Matthei anunció ayer 27 de abril que donaría el 30% de su sueldo por las perdidas que ha sufrido el municipio, despidiendo así a más de 200 empleados, recordemos también que la alcaldesa tiene un sueldo (supuesto mínimo) de $5.233.330 pesos mensuales a lo que si descontamos el 30% tendría (por un par de meses y no permanente)  un sueldo promedio de $3.663.333 pesos.

Lo que claramente junto a otros ingresos que tiene la alcaldesa, no se condice ni afecta su economía a diferencia de un profesor que en promedio gana $680.000 líquidos ( en el mejor de los casos y con 40 horas de trabajo semanales)  en que su sueldo se vería de tal manera afectado que solo ganaría $476.000 , estamos hablando de un sueldo similar al sueldo mínimo, con profesionales de 5 años universitarios en un país capitalista y no comunista, es decir la alcaldesa seguiría ganando 7 veces más que los docentes, por no hacer ni la mitad del trabajo.

Nosotros los y las docentes comenta Rosario, tenemos miedo por nuestros niños y niñas, por  que quieren que vuelvan a las escuelas, porque es más fácil buscar el rol asistencialista en las escuelas que hacerse cargo como Estado. Total, los niños y niñas no representan riesgo vital- decía el abogado y Ministro de Educación Raúl Figueroa – cuando proponía volver el 27 de abril un “simbólico día del carabinero” sin siquiera pensar en que podían ser portadores del virus a sus hogares en donde viven ancianos o personas con otras enfermedades de riesgo.

Nuestros niños y niñas tienen miedo y nosotros muchas veces no podemos ayudar, pero otras veces sacamos de nuestros bolsillos para una colación o un cuaderno, uniformes, zapatos o simplemente recibir en tiempos fuera del horario a alguna mamá que está afectada por alguna situación, en que la justicia ni el Estado la ayuda o la escucha.

Nosotros tenemos miedo de las consecuencias más que del virus, lo que traerá para la salud mental de un país, que ya venía mal hace rato en cuanto a las diferencias sociales y económicas, nosotras padecemos y nos damos cuenta de todo lo que pasa en este injusto sistema.

Nosotros seguimos ahí para nuestros niños y niñas-dice Rosario- para sus madres, abuelas y cuidadoras. Nosotros nos damos cuenta de cómo nos quieren hacer ver y de lo que nos quieren responsabilizar, pero ahí estamos firmes -comenta Rosario- porque somos madres, abuelas e hijas, por que salimos muchas de nosotros de la pobreza para educar en la pobreza, por que no tenemos miedo y lo mejor de todo es que aún tenemos voz, para que nadie desvalore el más lindo de los oficios, ese que tampoco lleva capa de super heroína , más que un desgastado delantal azul, esas que somos anónimas , que padecemos y sufrimos las mismas injusticias , por que cada día en nuestro rol incluso fuera de la pandemia , también arriesgamos nuestras vidas.

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WARMI

Cronista narrativa no ficción.

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