Opinión

EL MITO DE OCCIDENTE

Coronavirus e ideología (Tercera parte)

Por Diego León:  Teatrista,Escritor y Profesor

Nuestras primeras formas de relacionarnos entre comunidades como raza humana quizá tuvieron que ver con ritos utilizados para dar explicación al mundo, en donde tuvimos que aprender a leer nuestras gestualidades corporales y sonoras “pre-expresivas” hasta que apareció la convención de éstas y las pinturas rupestres, grafemas, símbolos, jeroglíficos, letras, palabras y así.

El rito del diario vivir en nuestra sociedad se sólidamente en occidente mediante acuerdos que lentamente fueron ideologizados por quienes mantenían el control, bien nos contaron cuando éramos chicos que el escriba estaba un escalafón más abajo que los reyes o faraones, porque era quien podía llevar las cuentas y escribir la historia de tal o cual periodo de tiempo protagonizado por una figura o divina o bien cercana a los dioses, o de la casta de los “primeros hombres”. El rito se compone de una serie de acciones rituales que terminan conformando la narración del mito al cual se quiere invocar.

¿Cuál es nuestro mito entonces en el cual descansan nuestras relaciones y bajo qué mito nos estamos relacionando en estos momentos?
Condenados al confinamiento, ya sea por cuarentenas impuestas o por iniciativa propia de no seguir transportando el virus -que es lo políticamente correcto según todas las pantallas o imágenes a las que tenemos acceso-, existe una tendencia clara al individualismo, como si la decadencia del sistema neoliberal que ya comenzaba a hacer aguas en distintos lugares de occidente exhalara un último suspiro violento o tratara de llevarnos con él al fondo del abismo para crear un orden  mundial nuevo basado en lo mismo que nos llevó a tal fin: el seguir creyendo, mitificando o ritualizando al “individuo” como el único responsable del devenir y que éste debe estar en constante competencia con su entorno, teniendo la libertad de manifestar su descontento pero sólo de formas constitucionales, pidiendo permiso a una intendencia para marchar o pudiendo hacer hashtags furiosos desde el confinamiento en sus hogares, no diré comodidad, no podemos llamar comodidad a la formas de organizar actualmente las ciudades, menos en Santiago de Chile.

Es molesto, dominante y desafiante (a nuestra cognición o inteligencia) el que nos achaquen esta crisis sanitaria como una responsabilidad individual cuando el agravante de todo ha sido una falla sistémica enorme, sobre todo tomando en cuenta que es un virus que jamás se podría haber metido de forma natural no humana a nuestro territorio rodeado de barreras naturales tan enormes como un mar, una cordillera, un desierto y un territorio antártico: EL OCÉANO PACÍFICO, LA CORDILLERA MÁS LARGA DEL PLANETA, EL DESIERTO MÁS SECO DEL MUNDO Y UNO DE LOS DOS POLOS CONGELADOS QUE TIENE LA TIERRA (desearía tener mayúsculas más grandes). No pretendo escribir desde el resentimiento, pero hace rato eso de conocer el mundo antes que el mismo espacio que habitas pasó de ser anhelo a ser el negocio perfecto, mediante el cual ahora, para rematar, nos transmiten un virus.

continuará ….

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WARMI

Cronista narrativa no ficción.

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