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Ausencia de educación financiera, ganancia de inescrupulosos.

Las estafas piramidales han asediado a miles de chilenos por generaciones y últimamente hemos visto testigos de varios casos mediáticos de este tipo. Sin embargo, podemos decir que esos episodios están lejos de terminar. ¿La razón? Nuestra falta de conocimientos respecto de cómo invertir, lo que nos lleva a hacernos asesorar y confiar en quienes aparentan manejar a la perfección lo que ignoramos.

He ahí la necesidad de poseer conocimientos financieros cotidianos, a modo de comprender cómo usar estos instrumentos y actuar coherentemente en beneficio de la mejor opción. Surge entonces la siguiente pregunta, ¿quiénes son los culpables de que dichos fraudes ocurran, y en qué grado es nuestra responsabilidad?

Mirémoslo desde otro punto de vista. Como peatones sabemos que sólo se tiene que cruzar una calle cuando el semáforo nos indica luz verde y aun así no todos respetan la indicación.

De lo anterior se desprenden dos aspectos fundamentales. Por una parte, existe la necesidad tanto de padres como colegios de transmitir diferentes aspectos económicos y financieros a las próximas generaciones desde temprana edad. Pero además es clave que las personas actúen de un modo coherente, centradas en los valores y sin tomar decisiones impulsivas al momento de optar en qué invertir y cómo hacerlo, siendo su propio fiscalizador y a su vez el principal beneficiario.

Si bien existen diferentes entidades reguladoras de la industria financiera, como por ejemplo la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras y el SERNAC, no es menos cierto que por más regulación que exista, seguirán ocurriendo episodios financieramente perjudiciales para la población si cada persona no reconoce ni se hace cargo de su grado de responsabilidad en los hechos, o toma acciones para prevenirlas o corregirlas.

Las razones para que algunas entidades incurran en malas prácticas financieras son de diversa índole. Una de ellas son las “ganancias” que se obtienen al llevar a cabo una mala práctica, versus los costos asociados a su castigo.

Por otro lado, una población desinformada de sus derechos, deberes y conocimientos mínimos de discernimiento financiero, facilitará el actuar de estas organizaciones inescrupulosas. Una población desinformada y poco involucrada, aumentará su riesgo de ser víctima en actos de este tipo.

La responsabilidad no se delega y es labor de todos brindar más y mejores medios a la población para promover hábitos financieros saludables desde temprana edad.

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