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LA CLASE TRABAJADORA Y LOS COLETAZOS DE LA CRISIS SANITARIA

Día a día se afianza un modelo que condena al hambre o la muerte

La calidad de Estado subsidiario, elemento fundamental para el desarrollo del neoliberalismo, considerado este en su génesis como un movimiento de actualización del liberalismo, que aparece después de la Primera Guerra Mundial y que limita la intervención del Estado en asuntos jurídicos y económicos, es algo necesario para la sobrevivencia de este sistema económico que rige en Chile, país considerado como la cuna de este movimiento político/económico o bien donde la ideología económica de Milton Friedman dejó de ser un experimento de laboratorio y la dictadura cívico militar abrió las puertas al desarrollo de la praxis de este sistema que considera una amplia liberalización de la economía y el libre comercio en general, además de la drástica reducción del gasto público y la intervención del rol económico del Estado en favor del sector privado.

Una vez planteado lo anterior es menester observar lo que ocurre con el desarrollo de la pandemia COVID 19 en América Latina y en especial en los países bajo el gobierno de los tecnócratas que adscriben abiertamente al sistema económico ya mencionado; la forma de atacar el avance de este virus se regula de acuerdo al mercado, no hay una toma de decisiones en la línea de lo que la población espera, al contrario, las resoluciones consideran el cómo reaccionan los empresarios y su posición en el mercado, el sube y baja de la bolsa de valores, la afectación a sus ganancias, en suma, el cuánto pierdo y cuánto gano con esta situación.

En el caso de Chile, país que se vio enfrentado al avance del virus bajo una circunstancia especial (1) , el actuar del gobierno es un particular reflejo de lo planteado y se permiten opiniones del calibre de lo expresado por José Manuel Silva, socio y director de Inversiones de LarrainVial Asset Management, la principal administradora de fondos y corredora de bolsa del país, quien en una entrevista expresó “No podemos seguir parando la economía, debemos tomar riesgos, y eso significa que va a morir gente”. El gobierno, fiel a su estilo, ha enviado al parlamento una serie de proyectos de ley que contravienen lo socialmente esperado, pero que dan apoyo al actuar desmedido y desconsiderado de los empresarios; una muestra de esto es la ley de protección al empleo, que en su génesis supuestamente estaba destinado a lo que su nombre lo dice “protección del empleo”, pero que en su letra chica ya mostraba sus garras afiladas en contra de los trabajadores y en beneficio de los empleadores, para lo que ya se habían concretado los decretos que allanaban ese camino (ver artículos publicados por EPI el 25 de marzo de 2020 y 27 de marzo de 2020).

Esta ley de protección al empleo ha provocado que muchos trabajadores y trabajadoras fueran laboralmente desvinculados por el avance de la pandemia, evento que fue catalogado como “fuerza mayor”. Aunque desde la promesa del gobierno esta normativa, en su espíritu, habría estado dirigida a proteger a las pequeñas y medianas empresas (PYMES), hoy vemos que vergonzosamente grandes empresas, transnacionales incluidas, algunas de ellas bajo el argumento de evitar la quiebra, obligan a sus “colaboradores” a hacer uso de su seguro de cesantía o aplican unilateralmente la baja de sueldos. Casos de muestra en uno u otro aspecto hay por montones: Cencosud (tiendas Paris, Johnson, Eurofashion), MultiTiendas Ripley, La Polar, H&M; Mc Donald’s y el canal de televisión Mega también forman parte del listado de empresas que se acogieron a este espaldarazo legal dado por el gobierno, lista que estamos seguros se irá acrecentando.

Sumado a esto el ejecutivo, paradojalmente encabezado por el Ministerio del Trabajo, presenta un proyecto de ley que pretende suspender las negociaciones colectivas en el período que transcurra esta crisis sanitaria, es decir, el mundo laboral totalmente desprotegido, toda la cancha a favor de los empleadores.

Algunos han olvidado el adagio que reza que QUIEN SIEMBRA VIENTOS COSECHA TEMPESTADES

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(1) Una revuelta popular empezada el 18 de octubre de 2019 y que el gobierno no podía detener con la represión que ocasionó decenas de muertos, centenares de mutilaciones oculares, miles de prisioneros (ni hablar de la cantidad de casos de torturas, que incluyen hasta el abuso sexual y que no fue posible cuantificar, tanto por la rapidez con que las cifras crecían, como por la llegada de la pandemia).

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