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¿TELETÓN, UN SHOW REPETIDO?

El uso y abuso de la discapacidad para mover millones

Para empezar hay que ser honestos hay que decir que la Teletón funciona los 365 días del año y lo mismo la cuenta 24.500-03 del Banco Chile, lo que empezó anoche tres de abril fue el show televisivo. Lejos estamos del año 1978, en pleno período de dictadura, cuando Mario Kreutzberger (Don Francisco) importó la idea del show televisivo Teletón[1]. La propuesta, dirigida a satisfacer ciertas necesidades de niños y niñas con discapacidad, no está exenta de críticas, pero estas radican en el show televisivo y la campaña que se gesta alrededor de este, que hace ver a los pacientes como sujetos de caridad por sobre el ser sujetos de derechos.

El manoseado show televisivo, que en esta versión fue pospuesto a raíz del estallido social chileno, está bastante alejado de fomentar en forma real la inclusión las personas con discapacidad –cosa que el SENADIS (Servicio Nacional de la Discapacidad) lleva intentando hacer desde su creación-, porque este festival los muestra como sujetos de caridad, abusando del sentimiento de pena, los muestra como una parte aislada de nuestra sociedad y que se les debe realizar una cruzada solidaria por tener un problema de salud que les impediría llevar una forma de vivir que es considerada como la “normal“.

Así las cosas, el festival de codazos que se dan las “estrellas” locales por aparecer al lado del promotor del show, no acerca el espectáculo ni siquiera a un bingo o una completada de aquellas con que el pueblo muchas veces reúne fondos para costear tratamientos médicos u otras necesidades, con aquella solidaridad característica de los pobres de dinero, pero no de alma ni de corazón.

El show Teletón tiene adeptos y detractores, pero cómo no habría de tener seguidores si las “27 horas de amor” son el momento culmine de una campaña de sensibilidad en cadena nacional permanente, del abuso de la imagen de niños y niñas, de una “lastima” manipulada mediáticamente, cosas que calan hondo en la sensibilidad humana, más aún frente a un tema del que nadie escapa, todos conocemos a alguien que requiere un tratamiento del tipo ofrecido por la fundación.

Párrafo aparte merecen los detractores, quienes tienen una batería de argumentos que se ubican en el plano de lo racional; que la Fundación Teletón no es el blanco de la crítica, es la justificación más recurrente, entonces asoman argumentos tales como los beneficios que logran las empresas que participan en lo que sus mentores han dado en denominar como una “cruzada”.

Es cosa de ver en las redes argumentos y contraargumentos de todo tipo, desde los más banales a los más racionales; pero hoy, abril de 2020, en medio de una pandemia y una crisis social, saltan otras cosas a la palestra: si bien es cierto la “cruzada” fue suspendida a raíz del estallido social de octubre de 2019 y se fijó esta como la fecha a realizar, nadie pensó lo que vendría desde oriente, ni todo lo que esta enfermedad traería, menos aún que el comportamiento de los empresarios chilenos –en este caso- , avalados por la legislación vigente, deviniera en una suma de despidos que hundirían todavía más a la clase trabajadora, esta vez bajo el concepto de “fuerza mayor” .

Las preguntas vienen por sí solas: ¿fue el mejor momento para hacer el show? ¿ya no será hora de que el Estado se comience a ser cargo de verdad de estos temas?

Insistimos, no más sujetos de caridad, sino que sujetos de Derechos; la cuenta está abierta todo el año y los impuestos que las empresas dejan de pagar por sus “donaciones” podrían ser derivados hacia la salud pública, que en estos días sigue siendo cuestionada.

[1] Concepto que deviene de Telemaratón, que a su vez proviene de la unión de Televisión y Maratón, y  que se realizó por primera vez en Nueva York en 1949 y fue retomada por Jerry Lewis, quien realizó este evento entre los años entre los años 1966 y 2010, con el fin de ayudar a la rehabilitación de las personas con distrofia muscular. Este último sería quien habría cedido, sin fines de lucro, la idea a Mario Kreutzbeger y luego  esta idea se expandiría al resto de América Latina. El único lugar del mundo no se realiza este tipo de eventos es en el continente africano.

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