Opinión

¿Es el comunismo un estado primitivo?

El Estado que no respeta a sus individuos ...

Por:  Soraya Jacob

 

Durante tanto tiempo se trató de levantar “por las buenas” la discusión sobre cual debía ser el rol del Estado en temas sociales elementales, como: la salud y la educación.

Tantas mesas de trabajo, proyectos de ley, promesas incumplidas… supongo que no era solo un problema nuestro, seguramente nos pasaba a todos los que vivimos en países neoliberales donde solapadamente los gobiernos comenzaron a convertir la política en negocio y a armar un discurso que poco a poco fue normalizando un concepto de Estado subsidiario completamente exagerado.

A principios de este mes, antes de que llegara LA PANDEMIA a Chile, leía en un diario de circulación nacional (La Tercera, 6 de marzo) que en una publicación definían el Estado subsidiario como aquel “asociado al respeto por el individuo y la autonomía de los grupos no estatales, quienes tienen una preferencia para desarrollar actividades que no estén exclusivamente reservadas para el estado (como ocurre con la Defensa Nacional)”.

Y desde que llegó LA PANDEMIA, me pregunto qué tan lejos ha llegado la deformación del discurso y del lenguaje, que somos capaces de hacernos ideas de las cosas solo en base a lo que se dicen de ellas, y no en base a nuestras experiencias. ¿La gente creerá realmente que, como vivimos en un Estado Subsidiario, el Estado nos respeta como individuos? ¿O se atreverá a mirar a su alrededor y ver que el Estado lo ha dejado completamente solo?

¿Qué significa Estado Subsidiario? Confiemos siempre en que las mejores verdades son aquellas que vienen en los envases más simples. El Estado Subsidiario no es más que un modelo, una forma, no un fondo. Es un estándar de toma de decisiones que decide adoptar un Estado, en la cual las decisiones siempre tenderán a que las soluciones las realicen los privados.

Pero eso no es un dogma, el estado Subsidiario no se erige sobre un culto, no es una religión, tampoco una obligación. El Estado Subsidiario es sólo una directriz que se adopta para optar por distintas alternativas frente a una misma situación, que permite NO acudir al privado cuando el privado NO tenga intereses en resolver adecuadamente los asuntos.

Yo creo que hay intereses que son muy bien atendidos por los intereses privados, sobre todos aquellos que potencian la manifestación y el desarrollo de nuestras diferencias. Pero hay otros que indudablemente no serán bien atendidos. Por ejemplo, a nadie se le ocurriría privatizar Correos de Chile.

¿Qué interés tendría el privado en gastar $20.000 pesos para hacerle llegar a la familia Casanova, que vive en Palena, una carta enviada por la Tesorería General de la Republica, que contiene un detalle de la deuda que mantiene por el no pago de su impuesto territorial? ¿Qué interés tendría el privado en contratar un equipo de médicos y científicos, levantar un laboratorio de última tecnología, para que desarrollen una cura para una enfermedad que mata a 100 personas en el mundo al año?

Yo creo que hay intereses que por su naturaleza no serán bien atendidos por los privados. Un muy buen ejemplo de eso es LA SALUD. Los intereses privados se miden por su capacidad de generar lucro, y existe un criterio humano poderoso que me repite constantemente que es INMORAL lucrar con la salud de la gente. No sé.

No necesito una ley que me lo diga, no necesito que el país se junte 5 veces, y se gasten 25 mil horas de estudio para que un grupo a puertas cerradas decidan que la nueva Constitución Política de la Republica establecerá que LUCRAR con la salud de la gente es MALO, luego de imprimirlo en su tercera pagina 32 millones de veces. No necesito que nadie me convenza de que está malo. Incluso, nadie me podría convencer de que lucrar con la salud de la gente es bueno.

Hay un sentido de la moral que tenemos los humanos y que nos permite comprender cuestiones básicas sobre el bien y el mal. Nadie diría que “LUCRAR CON LA SALUD DE LA GENTE” va en la balanza del bien.
Entonces, vuelvo a la deformación del discurso y su eventual tremendo-poder. ¿Es posible que lo deformen tanto que seamos capaces de “bypasear” nuestros propios entendimientos más primitivos? ¿Se pueden normalizar cuestiones aberrantes o tan sólo injustas, sólo a través de un discurso, pero sin fundamento práctico?

Cabe hacernos estas y tantas otras preguntas, que a pesar que nos han quitado las “garantías y los derechos”, han despertado la inquietud y necesidad de cuestionarnos el rol del Estado, nuestra libertad  y decisión en lo que se jacta de ser un país en democracia, en el que nos seguiremos preguntando y buscando respuestas en la legitima necesidad del ser hombres y mujeres en igualdad de derechos y libertad de expresión .

 

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WARMI

Cronista narrativa no ficción.

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